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| 9/11/2010 12:00:00 AM

El supersemental

Con más de 60 hijos de diferentes nacionalidades, el holandés Ed Houben es el donante de esperma más famoso del mundo. Lo hace gratis y por vocación.

Ed Houben no está ni cerca de ser el hombre más atractivo de Holanda. Y él lo sabe. De hecho, bromea con su aspecto de cuarentón 'repuestico' que muchos comparan con un muñeco de peluche. Por eso todavía se sorprende de haber sido escogido por decenas de mujeres solteras, parejas de lesbianas y esposos infértiles de diferentes rincones del planeta para ser el padre biológico de sus niños. Houben ya tiene 63 hijos y una reputación que defender: es considerado el donante de semen más prolífico de Europa y uno de los mayores del mundo. Y él, a diferencia de muchos de sus colegas, pone la cara.

Pero si no es por la pinta, ¿por qué es tan deseado? "Nunca pregunto por qué me escogen", dijo a SEMANA Houben, quien trabaja como guía turístico en Maastrich, el pueblo holandés donde se firmó el tratado constitutivo de la Unión Europea. Pasados los años, la localidad, de 120.000 habitantes, tiene hoy a Houben como su atracción principal. "Supongo que tiene que ver con ser honesto con las personas que quieren hacer algo bueno: traer una nueva vida al mundo; una vida que ellos puedan amar y ayudar a crecer para que devuelva el favor y ame a otros", dice.

Quienes lo conocen aseguran que es un hombre simpático, ingenioso y, sobre todo, muy comprometido con su causa. Una periodista del diario inglés The Guardian publicó, cuando lo visitó en el apartamento "modesto" y "limpio" donde presta sus servicios, que tenía exceso de trabajo: tres chicas, dos suizas y una alemana, esperaban ser inseminadas antes de cuatro días.

Houben no cobra ni un centavo. Y no solo porque en su país es ilegal vender esperma, sino porque lo ve como una vocación, una manera de ayudar a los demás. El holandés cuenta que vivió hace mucho tiempo el dolor de una pareja amiga que duró 10 años sin poder tener un bebé. En ese momento se preguntó qué haría si le pidieran que los ayudara. Pero nunca lo hicieron, y la pregunta quedó en el aire.

Todo cambió en 2002, cuando se enteró de que su país atravesaba por una crisis de donantes (bajó de unos 900 a principios de los años 90, a 200 una década después), y que los heterosexuales tenían prioridad a la hora de acceder a los bancos de semen. Entonces donó su esperma a los hospitales hasta los límites permitidos en su país, y más adelante se ofreció en una red para parejas de lesbianas que querían tener hijos. Su debut fue todo un éxito.

El primer paso para contactar a Houben es enviarle un mensaje a su página de Internet. Cuando siente buena energía con la persona o pareja que lo busca, planea una cita. Su única condición es que la madre no fume, beba poco y no sufra de obesidad. Durante el primer encuentro muestra sus certificados de sanidad y cuenta que toma aceite de pescado y ácido fólico para la fertilidad. Parte de la garantía.

Al principio viajaba fuera del país para atender las necesidades de las extranjeras, pero el trabajo en la oficina de turismo de su ciudad lo tiene tan ocupado últimamente que ahora pide que sean ellas las que lo visiten. Durante años, el proceso no incluyó relaciones sexuales, hasta que una pareja que quería una "inseminación natural" se lo pidió. Él aceptó sin saber que el marido presenciaría todo el proceso. "Durante dos horas no pude estar cómodo con él ahí -acepta-. Hasta que me di cuenta de que solo quería estar presente en la creación de su hijo. Después, lo hicimos en cinco minutos, y fui muy feliz de que quedara embarazada en el primer intento".

Los hijos de Houben tienen entre 2 meses y 7 años, y viven en Australia, Israel, Alemania, Canadá, Luxemburgo, Italia, Bélgica, Chipre, Holanda... Él espera poder reunirse con todos algún día. Por ahora los invita una vez al año a su casa, donde hace tres meses estuvo con 20 de ellos. Dice que a su novia no le importa lo que hace, al menos por el momento. "Planeamos tener un hijo. Vamos a ver a dónde nos lleva todo esto".
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