Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2007/05/19 00:00

El tercer sexo

Susan Stanton es la transgénero más famosa de Estados Unidos. Después de perder su empleo por someterse a un cambio de género, se dedica a luchar por los derechos de su comunidad.

Susan Stanton en la primera foto que se dejó tomar por los medios

La semana pasada Susan Stanton recorrió los pasillos del Capitolio Nacional, en Washington, con tacones altos, muchas carpetas en las manos y una gran sonrisa en la cara. Además de hacer lobby a favor de los derechos de la comunidad transgénero de Estados Unidos, su alegría se debía a que a partir del 15 de mayo asumió su identidad femenina por completo, las 24 horas del día, todos los días. Ya no sería Steve, el ex gerente municipal de la ciudad de Largo, Florida, que debía esconder su ropa de mujer y usar camisas holgadas para que no se notaran los pechos que le crecían gracias al tratamiento hormonal.

A los 7 años, Steve Stanton preguntó a su madre cuál habría sido su nombre si hubiese nacido niña. Ella, sin titubear, le dijo: "Te habrías llamado Susan". Su duda se debía al bienestar que lo invadía cada vez que usaba los zapatos rosados de su hermana para ir a comprar dulces. Sentía además que eso que le colgaba entre las piernas era un error, un apéndice que no pertenecía a su cuerpo. Aun así, siempre lo mantuvo en secreto. Se casó en 1990, tuvo un hijo y estudió administración pública. Durante 14 años desempeñó exitosamente un cargo importante.

La primera en enterarse, hace dos años, de su deseo de dejar de ser un hombre fue Donna Stanton, su esposa. A ella le contó por medio de una carta de más de ocho páginas en donde le explicaba por qué toda su vida se había sentido atrapado en un cuerpo que no le pertenecía. Casi de inmediato inició un tratamiento médico y sicológico, y comenzó a descubrir a Susan, a quien escondió durante más de 40 años. Se hizo electrólisis en la cara para desaparecer el vello facial, aprendió a vestirse, peinarse y maquillarse, a manejar su cuerpo y a suavizar su voz. Pronto se someterá a la cirugía de cambio de sexo. Donna había compartido su cama con Steve durante 15 años, pero no estaba dispuesta a hacerlo con Susan. Aun así, siguieron casados y mantienen una sólida amistad, aunque su esposo tuviera que trastearse al cuarto de huéspedes.

Steve Stanton pensaba que su sobresaliente trabajo en el distrito sería razón suficiente para poder conservar su empleo una vez completado el cambio. Pero para su sorpresa, la prensa se enteró de su secreto antes de que él pudiera contárselo a todos sus compañeros de trabajo, a su hijo y a su padre. El periódico St.Petersburg Times publicó su historia y la ciudad colapsó. Aquel proceso que Steve deseaba llevar a cabo con calma y delicadeza explotó y como consecuencia, la junta municipal decidió despedirlo de su trabajo en marzo, bajo el argumento de que haber escondido la verdad lo convertía en una persona poco confiable para ocupar un cargo de tanta responsabilidad. El rechazo y la discriminación provinieron también de la mayoría de los habitantes de la pequeña ciudad, conservadora y religiosa. "Si Jesús estuviera acá, les puedo garantizar que terminaría su contrato", sentenció el influyente pastor bautista Ron Saunders.

Al igual que Susan, millones de personas en el mundo viven día a día lo que la medicina clasifica como "desorden de identidad de género". La comunidad Lgbt (Lesbianas, gays, bisexuales y transgénero) ha luchado en todo el mundo para que las personas puedan hacer la transformación de hombre a mujer, o viceversa, y puedan mantener sus empleos, sus amistades y su estilo de vida. Es más, en países como Alemania y Holanda, el seguro social cubre la operación de cambio de género, al igual que los tratamientos hormonales y sicológicos. Aunque la comunidad gay ha avanzado mucho en su lucha contra la discriminación, los transgénero aún están en la mitad del camino. Muchos tienen más dificultad en aceptar que alguien cambie su fisonomía y se presente como otra nueva persona. Los sentimientos de engaño y mentira llevan al rechazo. La Biblia dice: "La mujer no llevará vestidos de hombre, ni el hombre llevará vestidos de mujer, pues quien obra así es detestable para el señor tu Dios" (Deuteronomio 22:5) y muchos, además del pastor, siguen creyendo hasta el día de hoy que ser transgénero o transexual (ver recuadro) es una perversión, por eso a muchos la sociedad los excluye.

El desconocimiento y la ignorancia llevan a la gente a confundir y unir la orientación sexual de una persona -que indica hacia quién se siente atraída sexualmente- con la identidad de género -el sexo y el rol social con el cual cada quien se identifica-. "La orientación sexual no va de la mano con la identidad de género. El hecho de que alguien se sienta mujer no implica que se sienta atraída por los hombres. La persona transgénero desea reasignar su sexo biológico, pero esto no significa que por ello deje de ser la persona que por esencia es", explicó a SEMANA Miguel Rueda, sicólogo clínico.

Como dijo Susan en una entrevista a la emisora Creative Loafing, de Tampa, "lo que yo estoy haciendo no es pretender, no es disfrazarse, es expresar quién realmente soy, es presentarme ante los demás con una imagen honesta". Ella se ha convertido en una verdadera heroína dentro de su comunidad y es una de la seis finalistas para el cargo de gerente municipal de la ciudad de Sarasota. La comisión local de esa ciudad escogió su hoja de vida basándose en sus habilidades y no en su género. Pero su caso ha recordado al mundo que el transgenerismo es una realidad y que no significa ser prostituta, enfermo sexual o un monstruo. Lo único que desea esta comunidad es que sus miembros puedan vivir en paz y tener las mismas oportunidades de cualquier otra persona.

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