Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2004/08/15 00:00

El testamento de Oriana

En su nuevo libro la periodista italiana Oriana Fallaci confiesa estar muriendo de cáncer y lamenta la creciente influencia del mundo árabe.

Esta es la única imagen reciente que se conoce de Oriana Fallaci. Desde que se retiró del periodismo vive recluida en su apartamento de Nueva York y evita las fotos y las apariciones públicas.

Después de entrevistar a los más influyentes líderes mundiales, a Oriana Fallaci sólo le quedaba un personaje por acorralar a preguntas: ella misma. El cáncer que padece desde hace 11 años la obligó a adelantar esta última tarea, y el resultado fue un libro de 126 páginas, Oriana Fallaci entrevista a Oriana Fallaci, que se publicó hace unos días con el diario milanés Corriere della Sera. El volumen se agotó en menos de cuatro horas y ya se prepara una reedición.

"¿Por qué acepté concederme una entrevista? Porque la muerte está a mis espaldas. Los médicos ya emitieron su sentencia: 'Señora, usted no puede mejorarse, usted no se mejorará". Así explica la periodista en las primeras líneas del escrito lo que la motivó a romper su propósito de nunca conceder entrevistas. A sus 74 años 'la Fallaci', como es conocida en Italia, atribuye su mala salud a que después del atentado contra las Torres Gemelas decidió dejar de cuidarse y suspender su tratamiento oncológico para así poder dedicar todo su tiempo a escribir y traducir sus obras, pues no le queda "mucho tiempo por vivir, pero sí muchas cosas por contar".

Oriana ya ha adelantado parte de ese trabajo con sus dos obras más recientes, La rabia y el orgullo, lanzado dos meses después del 11 de septiembre, y La fuerza de la razón, aparecido a los pocos días de los atentados en Madrid, en los que advierte sobre la penetración musulmana en Occidente y llama a combatir la invasión. Su postura radical le valió críticas y hasta problemas legales en algunos países europeos que la acusaron de incitar el odio racial, pero la controvertida periodista retoma el tema. "Occidente, Europa e Italia están más enfermos que yo", sostiene en su más reciente publicación, y asegura que prefiere utilizar la palabra "Eurabia" para referirse al Viejo Continente.

Las voces de protesta no se han hecho esperar. "Estamos muy preocupados. Fallaci y otros como ella están usando su popularidad para instigar odios. Ella les está diciendo a miles de personas que hay que echar a los árabes de Europa", se quejó ante los medios Luciano Scagliotti, cabeza del brazo italiano de la Red Europea contra el Racismo.

Pero la polémica no es nueva para Fallaci. De hecho fue su constante compañera cuando recorrió el mundo entrevistando a los personajes más poderosos y la hizo tan famosa como ellos. Sus agresivas técnicas de entrevistadora y su confeso desprecio por la objetividad produjeron piezas de periodismo que, décadas después, se siguen estudiando.

Empezó su carrera a los 16 años, cuando fue contratada para trabajar en un periódico. A los 21, a pesar de haber estudiado medicina en la Universidad de Florencia, ya escribía para la revista Europeo, una de las más prestigiosas de Italia. Sus primeros artículos fueron sobre las grandes estrellas del Hollywood de la época, pero su evidente habilidad para sacarles respuestas a sus entrevistados hizo que pronto le asignaran figuras políticas de talla mundial. Su estilo le valió ser considerada "la más grande entrevistadora política de los tiempos modernos".

Una de las más recordadas tuvo lugar en 1972. El entrevistado era el secretario de Estado de Estados Unidos Henry Kissinger. "Hablemos de la guerra: usted no es pacifista, ¿verdad?", le espetó Fallaci a quien era uno de los hombres más poderosos del mundo en esa época. Años después el propio Kissinger recordaría el encuentro con Fallaci como "la más desastrosa conversación que he tenido con un periodista".

En otra famosa entrevista, esta vez con

Yasser Arafat, Fallaci logró que el líder palestino le dijera: "¡No! ¡No queremos la paz! Queremos la guerra, la victoria. La paz para nosotros significa la destrucción de Israel y no otra cosa. Lo que ustedes llaman paz es paz para Israel y los imperialistas. Para nosotros es injusticia y vergüenza. Lucharemos hasta la victoria". Sobra decir que la periodista y el entrevistado nunca volvieron a hablar.

Con el ayatollah

Jomeini las cosas tampoco fueron fáciles. Tuvo que usar el tradicional chador para poder presentarse ante el líder religioso y estuvo en peligro de ser fusilada por estar en una habitación cerrada con un hombre que no era su esposo. Estas y otras entrevistas con líderes mundiales hacen parte del libro Entrevista con la historia, traducido a varios idiomas.

Pero quizá la más importante entrevista para Fallaci fue la que le hizo en 1973 al líder de la resistencia griega Alexandros Panagoulis, que había salido de la cárcel sólo dos días antes. Panagoulis había intentado asesinar al dictador Georgios

Papadopoulos en 1967. El encuentro entra la periodista y el revolucionario terminó en romance y durante tres años fueron amantes. La relación sólo acabó cuando

Panagoulis fue emboscado y asesinado por sus enemigos políticos en 1976. Fue el gran amor de la Fallaci y su única relación públicamente reconocida. En homenaje a su amante Oriana escribió la novela Un hombre, que ella considera su mejor trabajo literario.

Aunque Oriana ya está retirada del periodismo, sus palabras siguen levantando ampolla. Su autoentrevista, considerada su testamento y despedida, va camino de convertirse en un best seller. Ella se muestra sorprendida por el éxito de su obra. "Estoy contenta porque hablo de la soledad de los italianos y al hacerlo hablo también de mi propia soledad", dijo Fallaci al Corriere della Sera con motivo de la inminente reedición del libro. "Hoy me siento infinitamente menos sola".

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.