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| 9/4/1995 12:00:00 AM

EL TIRANO

La nieta del pintor Pablo Picasso escribe un libro para vengarse de su famoso abuelo.

MARINA PIcasso tiene 45 años. Es sólo un año menor que su tía, Paloma Picasso, la más famosa de los hijos del pintor y quien tuvo que luchar en los tribunales para conseguir el apellido. Marina, en cambio, lo obtuvo por derecho propio de su padre Paulo Picasso, hijo mayor del creador del cubismo y el único al que quiso.
Pero más que un privilegio, Marina considera su apellido una maldición. Ella siempte ha odiado a su abuelo y acaba de publicar un libro, titulado "Les enfants du bout du monde", en el cual describe sin piedad a Pablo Picasso y lo culpa del suicidio de dos de sus mujeres -la segunda, Marie-Terese Walter, quien se ahorcó y la cuarta y última, Jacqueline Roque, que se disparó un tiro en la cabeza- y del de su hermano Pablito, quien se envenenó en 1973, cuatro días después de la muerte del pintor. Para ella, más que un abuelo, Picasso fue un ególatra, cruel y tirano. "El movía los hilos de todos los que lo rodeaban como si fueran marionetas -escribe-. Fue un hombre que destruyó todo lo que le rodeaba".
También lo culpa de la desdichada vida de su padre, Paulo, hijo del pintor y su primera esposa, la bailarina rusa Olga Khoklova, el mimado, a quien le hizo innumerables retratos, como la famosa serie Arlequín. Al final de la Segunda Guerra Mundial, Paulo Picasso se casó con una francesa, Emilienne, pero la unión no duró mucho ya que el pintor nunca la aceptó. A los ojos de Marina, su padre fue una víctima de la tiranía de Picasso. "Siempre tuvo miedo de que lo que hiciera pudiera no gustarle y siempre dependió financieramente de mi abuelo. Esto lo hizo sentirse humillado, y considerarse a si mismo como el hijo fracasado de un genio", escribe.
A pesar de ser los nietos favoritos del famoso pintor, Marina y sus hermanos vivieron la infancia prácticamente en la miseria. "Mi padre nunca pudo satisfacer nuestras necesidades. Ni siquiera las suyas. Mi hermano y yo nos fuimos a vivir con nuestra madre. Teníamos poco contacto con mi abuelo y siempre vivimos al límite de la miseria.
Cuando mi madre intentó reclamar una pensión alimenticia decente, se enfureció y no quiso volver a vernos". Siendo muy joven Marina tuvo que empezar a trabajar. Su sueño, estudiar medicina, se había frustrado cuando quiso entrar a la facultad.
"Mi abuelo me mandó decir con su secretario que eso saldría muy caro".
Con la muerte del pintor, en 1973, y la de su padre, dos años después, Marina heredó una colosal fortuna. Tenía 22 años. La desaparición de tres generaciones de su familia en apenas dos años fue un golpe que Marina tardó muchos años en superar. Pero ello no calmó el odio de los Picasso. El rencor no sólo marcó siempre la relación con sus padres sino también con sus tíos, Paloma y Claude -hijos de Francoise Gilot- y a Maya -hija de Marie Therese Walter-, quienes habían obtenido el derecho a llevar el apellido luego de largos procesos. Al morir el pintor, los herederos se enfrentaron en los tribunales durante cinco años antes de llegar a un acuerdo.
Convertirse en una mujer multimillonaria fue para Marina Picasso un nuevo trauma. "Supongo que hacerse rico de la noche a la mañana es el sueño de mucha gente. Para mí, eso coincidió con muchas desgracias.. ¡No podía ni ver los cuadros de Picasso!". Tuvo que pasar varios años en sicoanálisis antes de poder admirar la obra de su abuelo. Hoy, Marina Picasso vive en Ginebra con sus cinco hijos, de los cuales tres son adoptados. La mayor parte de sus millones los ha destinado a fundar orfanatos "para darles a otros el amor y el cuidado del que carecí en mi infancia", dice. Y ahora escribió el libro como una forma de acabar de exorcizar todos sus demonios.
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