Martes, 17 de enero de 2017

| 2008/04/12 00:00

El último héroe

La muerte de Charlton Heston evoca la nostalgia de la era de oro de Hollywood, de la cual fue uno de sus símbolos.

Heston ganó el Oscar por su actuación en ‘Ben-Hur’. Solía decir que tenía un rostro de otro siglo, para explicar por qué había representado tantos personajes históricos

Sin duda alguna una de las imágenes más memorables de la historia del cine es la de Charlton Heston como Judah Ben-Hur en su carroza tirada por caballos blancos. Realizar la escena de la carrera de cuadrigas hace 50 años no fue una cosa sencilla y se necesitaron cinco semanas y 15.000 extras que llenaran un set de 70.000 metros cuadrados para que tan sólo durara 12 minutos. La película recibió 11 premios Oscar, incluido el de mejor actor para Heston, quien con este papel sumó uno más a su colección de héroes. Aunque perteneció a una época en que en la gran pantalla abundaba ese tipo de personajes, ninguna otra estrella hizo tantos papeles grandilocuentes como él. "He interpretado a tres presidentes, a tres santos y dos genios, si eso no provoca un problema de ego, nada más lo hará", dijo alguna vez.

Con su muerte se cierra el telón de la era dorada de Hollywood, la de las grandes leyendas que protagonizaron los clásicos de finales de la década de los 30 hasta principios de los 60. Fue bautizada así por tratarse de los mejores años del cine, pues en ausencia de la televisión, era el mayor entretenimiento, al punto de que las cifras de taquilla de entonces no han sido superadas por las de mega producciones actuales. En ese tiempo los estudios lo controlaban todo, desde la producción hasta la distribución de los filmes. Cada uno tenía su 'establo' de actores que firmaban contratos de exclusividad con un sueldo fijo y estaban obligados a rodar las películas que su empleador dispusiera. Como para una cinta los estudios designaban un guionista, un director y un actor de los suyos, estas eran producidas en serie en dos meses, con la eficiencia de una fábrica de carros. Y era tal la competencia por tener a los mejores, que el eslogan de la Metro Goldwyn Mayer era "Tenemos más estrellas que el cielo". Gracias a ese sistema la realización no solía superar el millón de dólares, a excepción de Ben-Hur, que rompió todos los parámetros.

Hoy hay productores como Jerry Bruckheimer que se llevan todo el crédito, directores como Steven Spielberg que tienen la última palabra y actores como Tom Cruise que en Misión Imposible I se quedó con una tajada de 70 millones de dólares por la combinación de salario más participación en utilidades. El costo promedio de un filme es de 100 millones de dólares y todo el proceso puede tardar dos años.

"Las películas de héroes respondían a la necesidad que tenían millones de personas de olvidar los problemas causados por la guerra y el desempleo", explica el crítico de cine Alberto Duque. Esos grandes personajes de historias en las que la frontera entre buenos y malos estaba más marcada, representaban los valores de una Norteamérica idealizada. Charlton Heston apareció como la encarnación del héroe de poema épico. Cecil B. DeMille tuvo buen ojo cuando le vio cierto parecido con el Moisés de Miguel Ángel. Y el actor los representaría a los dos: al hombre que dividió en dos las aguas del mar Rojo en Los 10 mandamientos (1956), y al artista italiano en La agonía y el éxtasis (1965). Por su atlético 1,90 de estatura fue perfecto para luchar contra los árabes en España convertido en El Cid, contra primates en El planeta de los simios y para apagar la rebelión de los bóxers en 55 días en Pekín.

Uno de los actores más admirados por Heston fue Gary Cooper, el hombre silencioso y enigmático, antecesor de Clint Eastwood en ese estilo. Es el valiente sheriff que no sólo se enfrentó a los malos sino a todo un pueblo en Solo ante el peligro (High Noon), protagonizada junto a Grace Kelly. Como no asistió a la ceremonia de los Oscar de 1952, un amigo con quien compartía la pasión por los westerns recibió la estatuilla en su nombre. Se trataba de John Wayne, quien se convirtió en el vaquero por excelencia con cintas como La diligencia, Río Bravo y La conquista del Oeste. "Él vivió su vida para reflejar los ideales del país", dijo de Wayne el actor James Stewart, otro de los 'buenos' de la época.

Este último representó al ciudadano ejemplar en filmes como El señor Smith va a Washington (1939), donde interpreta a un parlamentario tartamudo, ingenuo y ético. Con su figura desgarbada y su simpatía, su heroicidad era más bien la de un tipo común y corriente que se salía del estereotipo del superhombre invencible. La Segunda Guerra Mundial, en la cual participó como muchos de sus colegas, y se convirtió en un héroe en la realidad, produjo un cambio en su carrera. Stewart empezó a encarnar personajes más complejos en películas oscuras como La ventana indiscreta y Vértigo, de Hitchcock. En 1950, con Winchester 73, fue el primer actor que se rebeló contra el sistema de estudios y pidió un porcentaje de las ganancias.

Su mejor amigo, Henry Fonda, fue igualmente complejo. Su mirada honesta no pudo encajar mejor en su papel de desplazado que luchó contra el sistema en Las uvas de la Ira (1940). "Yo no soy realmente Henry Fonda, nadie podría tener tanta integridad", dijo respecto a ser encasillado como 'bueno'. Aun así, tuvo un papel de despiadado asesino como en Érase una vez en el oeste.

Quizá quien mejor encarnó al hombre de principios fue Gregory Peck. Al igual que Heston, tenía una cara bíblica que le sirvió para hacer personajes históricos. Pero su papel más inolvidable es el de Atticus Finch, el abogado honesto en busca de justicia de Matar un ruiseñor, escogido como el mejor héroe en la historia del cine por encima de Indiana Jones y James Bond. Era tan buen 'bueno' que sus actuaciones de villano nunca tuvieron el mismo éxito, pues el público no quería verlo de malo. "Hacer el papel de bueno es un reto mayor porque es más difícil volverlo interesante", aseguró.

Con su pelo engominado, su delgado bigote y su sonrisa pícara, Clark Gable se convirtió en el sex symbol de la época y en el 'Rey' de Hollywood: el ícono del macho viril y encantador. La actitud indiferente con que le dice a Scarlett O'Hara en Lo que el viento se llevó (1939), "Francamente, querida, me importa un bledo" convirtió esta frase en la más recordada del cine.

Cary Grant y Burt Lancaster también son leyendas de la época. El primero fue una especie de héroe en chiste, protagonista de comedias de guerra de sexos como Historias de Filadelfia (1940). Por su parte, Lancaster, un trapecista de circo que se transformó en galán de Hollywood, se inmortalizó con su apasionado, escandaloso en su momento, beso a Deborah Kerr, en la playa en De aquí a la eternidad (1953).

También hizo historia Humphrey Bogart, pero no como el bueno clásico sino como el primer antihéroe del cine: el tipo descreído y cínico capaz de esconder su nobleza, características notables en Casablanca (1942) y El halcón maltés (1941). En la misma categoría se encuentra Robert Mitchum, protagonista de cintas de cine negro como Retorno al pasado (1947), quien representaba al hombre rudo y seductor cuya imagen de rebelde se vio fortalecida por su vida desordenada. Ambos son considerados precursores de un estilo que se impuso a mediados de los 50 con Marlon Brando, Paul Newman y James Dean.

De toda esa época gloriosa del séptimo arte, llena de estrellas rutilantes, sólo queda Kirk Douglas, el héroe de Espartaco, quien hoy tiene 91 años y está seriamente impedido por un derrame que sufrió hace más de una década. También las películas que protagonizaron y los recuerdos de quienes las disfrutaron en los años de una juventud cada vez más lejana.

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