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| 11/26/1990 12:00:00 AM

EL ULTIMO ROMANTICO

Muere Louis Althusser, ideólogo de la lucha de los sesenta.

Para la generaciòn que entregò la mejor parte de su vida a la lucha revolucionaria durante la década de los 60 y principios de los 70 y que hoy ve con cierta nostalgia còmo se derrumban los muros de la ideologìa que los inspiraba, la muerte de Louis Althusser da un puntillazo final a su romanticismo.

Fue el último gran filòsofo marxista y se convirtiò en el hombre que necesitaba la juventud europea de ese momento, cuando se debatìa en el rompecabezas postestalinista, ávida de una lectura que justificara la nueva ola revolucionaria. Para los estudiosos de las teorìas libertarias y para los convencidos de las dictaduras del proletariado habìa sido uno de los pocos pensadores que se fommò en serio el "carácter científico" del marxismo.

Althusser privilegiaba el elemento polìtico de cualquier intento filosòfico. Sus libros "Para Marx", "Leer el capital", "Lenin y la filòsofia" y "Respuesta a John Lewis", se convirtieron en el martillo con que los althuseristas golpeaban implacablemente en la cabeza de los que con cierto desdén calificaban de marxistas retòricos o litúrgicos o que se habìan corrompido con el posibilismo democrático.

Muchos de quienes pretendìan interpretarlo e incluso algunos de sus opositores trataron de encontrar pemanentemente un pasado religioso y mìstico en el pensador argelofrancés. Buscaron en esa parafemalia de categorìas un recubrimiento doctrinal en el que se reflejaba una lucha a toda costa resolver una situaciòn que sòlo a punta de fe religiosa se podrìa lograr: dar existencia y consistencia teòrica a la filosofìa marxista.

Sus juicios respecto a los filòsofos fueron siempre extremadamente críticos. En algùn momento llegò a definirlos como "moscas en continuo aleteo", intelectuales sin práctica y otra serie de calificativos que lo llevaban a afirmar que su discurso no era más que la negaciòn de sus carencias. Para él, lo que el marxismo habìa introducido en la filosofía no era más que una práctica de la filosofìa. No se trataba de una nueva filosofía de la praxis, sino una práctica nueva de la filosofìa.

Marcò una época, generò una escuela de pensamiento y sedujo a intelectuales de la talla de Nikos Poulantzas y Marta Hamecker, pero sobre todo luchò de una forma marxista para no ser un marxista ortodoxo. Era un consagrado.lector de Freud y de Nietsche y con aires de generosidad los incorporò a su pensamiento. Se caracterizó por ser tan poco dogmático que llegó a publicar una especie de autocrítica en la que calificò algunos de sus propios trabajos como "teoricistas".

Althusser nació el 16 de octubre de 1918 en una localidad de Argelia ocupada por Francia. En 1939 ingresó en la prestigiosa Escuela Normal Superior de París donde realizò sus estudios y su carrera de filosofía. Filòsofo por oficio y político por pasiòn, como él mismo se definía, se incorporò al partido comunista frances en 1948, pasò cinco años en un campo de prisiones en la Alemania nazi y después, en los años 60, comenzaron a aparecer sus obras.

Su vida se vio empañada por un episodio que lo llevò a las primeras páginas de los periòdicos. El 16 de noviembre de 1980 fue descubierto el cadáver de su esposa Hélene, en el apartamento en donde vivían en la Escuela Normal Superior de París. Desde el primer momento, el filòsofo confesò haberla asesinado. Fue internado en un hospital siquiátrico y el juez, que archivò el caso, dictaminò que Hélene había sido estrangulada y que la mente de Althusser no pertenecía a este mundo.

En ese momento comenzaron a aparecer las voces de los especialistas que hablaban que el pensador marxista venía sufriendo graves desequilibrios desde su cautiverio en la Alemania nazi y que en varias ocasiones había tenido que ser internado por "sicosis manìacodepresiva". Ese pareciò ser el peor castigo para su propuesta teòrica: dejarlo sin lectores.
No era posible que alguien pretendiera leer con algún asomo de sensatez a un asesino.

Althusser desapareció desde entonces y la mayor parte de su tiempo la pasò en hospitales siquiátricos. En algunas ocasiones se le vio en el exterior y casi siempre con alguna nota burlona. En una de ellas se le encontrò en Roma tratando de pedir una audiencia al Papa y en otra, haciendo compras extravagantes en Londres.

Cuando le llegò el fulminante paro cardìaco el pasado lunes 22 de octubre, muy pocos sabìan que se encontraba recluido en el centro geriátrico de La Verrière, en la regiòn de Yvelina.
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