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| 11/12/2011 12:00:00 AM

El último ‘round’

Joe Frazier, el primer hombre en vencer al legendario Muhammad Ali, falleció a los 67 años. Toda su vida luchó por salir de la sombra del rey del boxeo.

"¿No sabes que yo soy Dios?", le preguntó Muhammad Ali a Joe Frazier, alias Smokin' Joe, mientras le lanzaba una ráfaga de puños durante la que fue llamada 'la pelea del siglo XX'. Frazier, quien resistía como una roca sus ataques e intentaba acercarse para clavarle uno de sus ganchos mortales, le respondió con desparpajo: "Bueno, Dios, vas a recibir una paliza esta noche". Era el 8 de marzo de 1971 y el Madison Square Garden vibraba ante la pelea inédita de dos campeones invictos de peso pesado.

En el asalto 15, cuando habían trascurrido apenas 26 segundos, Frazier le conectó a Ali en la mandíbula el mejor izquierdazo de toda la historia de ese deporte y lo dejó tendido en la lona. Smokin' Joe acababa de convertirse en leyenda: había derrotado por primera vez a Ali, el rey del boxeo, quien buscaba recuperar el título mundial que el gobierno le había arrebatado por negarse a prestar el servicio militar en Vietnam. Ese día Frazier se graduó como su eterno enemigo.

Después del épico encuentro, ambos contendores terminaron en el hospital, pero Frazier cambió para siempre. Probó la gloria, aunque también le llovieron feroces críticas. Tuvo que soportar toda clase de insultos de Ali, que fuera del cuadrilátero continuó propinándole golpes certeros al catalogarlo de "negro servil" y "gorila". En la guerra mediática que Ali ideó hábilmente para promover sus combates, creó un mito en el que él era el héroe musulmán, defensor de los derechos civiles, que se enfrentaba en el ring al peor de los villanos: un Frazier que se arrodillaba ante los blancos y el gobierno, ignorante y torpe al hablar, más animal que humano.

Frazier nunca perdonó a Ali por haberlo estigmatizado y, a pesar de que públicamente manifestó que admiraba al "más grande de todos los tiempos", en sus declaraciones se asomaba su rencor. "Todo lo que quería era que Ali me ofreciera disculpas", dijo en una entrevista. Pero tales palabras nunca llegaron y los insultos contra Frazier empeoraron durante las otras dos peleas que protagonizaron: una nuevamente en Nueva York y otra en Filipinas.

Frazier había ganado una medalla de oro olímpica, lo que lo llevó a las grandes ligas del boxeo profesional y a obtener en 1970 el título mundial de peso pesado que luego Ali intentó arrebatarle. Sin embargo, George Foreman, otra gloria del pugilismo, lo derrotó y se quedó con el cinturón dorado tres años más tarde.

En 1974, ya sin su título pero decidido a demostrar que su victoria no había sido un golpe de suerte, Frazier aceptó darle la revancha a Ali. El resultado no fue favorable y el campeón de campeones le ganó por decisión en 12 asaltos. Frazier volvió a intentar derrotarlo en 1975, cuando pelearon por tercera y última vez. De este combate, conocido como la 'Manila Thrilla', considerado por algunos expertos como el mejor de la historia, Ali diría más tarde: "Es lo más cerca que he estado de la muerte". No era para menos, pues tras 14 agotadoras rondas en las que ninguno de los dos pugilistas cedió un centímetro, con un Ali que apenas podía pararse de su banco y un Frazier deseoso de continuar pero casi ciego por la hinchazón de sus ojos, el técnico del retador tiró la toalla y le dio la victoria a Ali.

Frazier nunca se perdonó haber perdido de esa manera y jamás pudo recuperarse del fracaso. Solo peleó dos veces más, con un nocaut y un empate vergonzoso como resultado. Fue el acto final de una carrera de 37 peleas en la que había ganado 32, empatado una y perdido cuatro. No tuvo más remedio que colgar los guantes.

Tras retirarse, montó un grupo de música llamado The Knockouts y se dedicó a apoyar nuevos talentos en el boxeo. También intentó que alguno de sus ocho hijos siguiera sus pasos de campeón y casi lo logra con Marvis, quien cayó ante el brutal Mike Tyson en 1986. Jacquie, otra de sus hijas, alcanzó a obtener el campeonato mundial femenino, pero paradójicamente fue derrotada por Laila, la hija de Ali.

Con el tiempo, las finanzas de Smokin' Joe se fueron a pique y por malas inversiones su fortuna se esfumó. El excampeón mundial terminó viviendo en el segundo piso de un modesto gimnasio que administraba en Filadelfia. Para obtener ingresos extras se dedicó a autografiar, por 50 dólares cada firma, guantes en el Salón de la Fama del Boxeo Internacional.

En octubre pasado, los médicos le diagnosticaron un cáncer de hígado y lo obligaron a recluirse en un hogar para enfermos terminales. El 7 de noviembre de 2011 falleció rodeado de su familia, de seguidores y de las nuevas glorias del boxeo que le expresaron sus condolencias por Twitter e, incluso, han ofrecido pagar su sepelio.

Según dijo a SEMANA Estewil Quesada, experto nacional en boxeo, "no se le hizo justicia en vida a un pugilista que tenía todo para brillar y a quien se le debe en gran parte la época dorada de la categoría de los pesos pesados". Tal vez ahora con su muerte, Frazier pueda tener de nuevo sus 15 minutos de fama y ocupe el lugar que se merece en la historia. Hasta el mismo Ali reconoce que ambos necesitaron el uno del otro para convertirse en leyendas: "Si Dios me llama a una guerra santa, quiero que Joe Frazier luche a mi lado".
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