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| 1/5/1987 12:00:00 AM

EL ULTIMO SEDUCTOR

A los 82 años, después de haber filmado 75 películas y contraído cinco veces matrimonio, muere el actor Cary Grant

Le preguntaban cuál había sido el momento más emocionante de su larga carrera (un Oscar honorífico, más de 75 películas, algunas excelentes y otras vergonzosas como él mismo admitía), se quedaba pensando y respondía con una sonrisa, la típica sonrisa que esgrimía en los momentos de peligro, ante una mujer hermosa o un enemigo armado: "Quizás el momento en que Sophia Loren se me acerca por detrás y me respira en la nuca. Sentí un corrientazo y todos en el estudio lo compartieron". Después se ponía serio y corregía: "No el momento más emocionante fue cuando besé por primera vez a Grace Kelly". Pero después, incorregible con su humor inglés, daba otra explicación: "Mentira, uno de los momentos más emocionantes los viví mientras una avioneta de fumigación me perseguía en medio de un sembrado, venía muy bajo, no alcancé a detectar su presencia antes que atacara y de repente apareció, amenazante y tuve que arrojarme al suelo".
Tenía 82 años al morir la semana pasada y, lo mismo que Gary Cooper y James Stewart, nunca interpretó un personaje malvado en el cine. Su físico, su manera de hablar y caminar, la forma de mover las manos que tanto encantaba a Mae West, la sonrisa pícara que descubría la pasión secreta de las mujeres, lo obligaban y obligaban a productores, directores y guionistas a encargarle personajes valientes, altivos, seductores, arrojados, cínicos pero jamás perversos o peligrosos para la sociedad. Ni siquiera en "Para atrapar al ladrón", donde interpreta un delincuente retirado cuyas hazañas están siendo imitadas torpemente por una muchacha que quiere vengarse porque está celosa, el espectador puede sentirlo como malo. Al contrario, seduce a Grace Kelly y colabora con la policía.
Por eso se había retirado desde hacía veinte años. No encontraba personajes que se acomodaran a su forma de mirar la vida. Se sentía cansado y en el fondo, asqueado con la oleada de violencia y erotismo que dominan actualmente el cine de Hollywood. Preferia trabajar en presentaciones personales. Se iba a ciudades pequeñas, como Davenport, entre las plantaciones de Iowa, dictaba una charla, hablaba con el público y luego se divertía mirando trozos de sus películas favoritas.
Cuando los de Hollywood necesitaban un hombre alto, elegante, de maneras firmes pero seductoras con las mujeres, especialmente las ajenas, pensaban en él. Nadie ha podido olvidar su personaje de "Charada" al lado de Audrey Hepburn, o su romance con Sophia Loren en House Boat, o sus peripecias dirigido por Hitchcock en "Para atrapar al ladrón", "Intriga internacional" y "Venus rubia", una de sus primeras películas, al lado de una mujer perfecta como Marlene Dietrich, o con Katherine Hepburn en The Philadelphia Story. El director norteamericano Stanley Donen, con quien hizo varias películas, afirmaba que Grant tenía un sentido innato del humor, un humor sutil que comenzaba con un simple gesto de las cejas y se iba prolongando por su cuerpo largo, hasta desembocar en una contagiosa carcajada.
Sabía que en el cine contemporáneo no cabían esos personajes románticos, esos caballeros incapaces de robarle un beso o una caricia a una mujer. Como toda la pasión que desplegaba en sus películas tenia también que canalizarla en la vida real, se casó cinco veces: con la actriz Virginia Cherril, en 1934, se divorciaron trece meses más tarde y en el juicio ella le dijo al juez que él la golpeaba e insultaba soezmente todas las noches.
Grant, caballeroso, se quedó callado. En 1942 se casó con Barbara Hutton, la heredera de los millones provenientes de la cadena de almacenes populares Woolworth, y se divorciaron tres años después. En 1949 se casó con otra actriz, Betsy Drake, con quien permaneció siete años. Después se casaría a los 61 años con una actriz 31 años más joven, Dyan Cannon, una rubia que no ha tenido mucha fortuna en el cine, aparte de un personaje escandaloso en una película inicial de Paul Mazurski, "Bob y Carol, Ted y Alice". Sólo vivieron 17 meses pero tuvieron una hija, Jennifer, la única descendiente del actor. Fue uno de los juicios más escandalosos porque la mujer acusó al marido de utilizar LSD. Según ella, bajo los efectos de la droga se portaba de una forma irracional, violenta y hostil. El juez, impresionado más por las declaraciones de la actriz que por la imagen que Grant provocaba en la pantalla, determinó que la niña se quedara con la madre. En 1981, ya cansado de todo, conoció en Londres a una empleada de relaciones públicas de un hotel y se casaron, aunque ella era 47 años más joven.
Este actor que se burlaba cuando los críticos hablaban de él como una estrella, producto del sistema de Hollywood ("lo único que hago es interpretar los personajes que están en el guión, personajes que no fueron inventados por mí"), había nacido en Bristol, Inglaterra, hijo de un hombre que trabajaba como planchador en una fábrica de ropa y una mujer, hija a su vez de un carpintero naval, quien lo educó pegado a sus faldas y le inculcó los sueños de riqueza que lo sostendrían en los momentos más difíciles. Interna en una clínica mental, la madre fue separada del pequeño durante más de veinte años. A los catorce años se unió a una compañía de acróbatas y al llegar a Nueva York se abrió por su cuenta. En 1927 logró pequeños papeles en operetas y cortos. En 1931 se marchó a California y su estatura más sus maneras tímidas llamaron la atención. Lo demás, pertenese ya a la leyenda.
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