Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1990/08/13 00:00

EL VENGADOR DEL FUTURO

Un millonario que perdió 16 años de su vida por culpa de la droga, se convierte en mecenas de los adictos.

EL VENGADOR DEL FUTURO


Todas las tardes, religiosamente, Simón Mekler, el subgerente de planta de Protabaco, atraviesa la ciudad en su moderno automóvil para cumplir una cita que desde hace un tiempo se ha convertido en una rutina diaria. En una casa al norte de Bogotá, un grupo de drogadictos lo espera.

Nadie podría imaginar que este hombre corpulento y dinámico, con pinta de ejecutivo joven, pasó los mejores años de su vida sumido en la droga. Pero mucho menos podría creer que ahora, con un hogar feliz y un alto cargo en la empresa familiar, haya decidido dedicar gran parte de su tiempo y de su dinero a ayudar a otros jóvenes que están viviendo esa misma pesadilla. Sin embargo, Simón Mekler es un hombre que no conoce los términos medios. En la misma forma que la droga lo llevó a tocar fondo y a perder gran parte de su juventud y su fortuna, ahora su obsesión es ayudar a otras personas a alejarse de la droga.

Hijo de una familia de ascendencia polaca, con una vida acomodada y sin mayores conflictos personales, Simón Mekler llegó a la droga por simple curiosidad. Era la época de los hippies y fumar marihuana era parte de esa rebeldía, así como llevar prendas militares, pintar florecitas en las paredes y escribir graffiti de haga el amor y no la guerra. "Me sentí atraído por simple deseo de experimentar sensaciones nuevas. Además, estaba convencido de que podría dejarla en cualquier momento. Nunca imaginé que me volvería adicto. Sin embargo, después de la primera experiencia, eso se convirtió en una obsesión. Hoy sé que ese es un síntoma claro de que una persona es susceptible de caer en la adicción".

Aún conserva de esa época de rebeldía el pelo largo, que lleva en cola de caballo, pero muy pocos recuerdos agradables. De las experiencias esporádicas con la marihuana, pasó a probar el LSD y posteriormente al basuco y la cocaína. Al principio, la mesada familiar le alcanzaba para comprar la droga, poco tiempo después estaba empeñando todos los discos para conseguirla y finalmente dilapidó en ella la herencia que recibió de su padre. El cuenta:
"Cuando mi familia comenzó a notar mis cambios de comportamiento, y empecé a tener mala fama entre las amistades, me fui de la casa. Durante algunos años milité en el Moir y me dediqué a hacer política en la costa. Entonces cambié la droga por el alcohol. Eso es algo muy frecuente cuando uno tiene una adicción. Es posible dejar una sustancia, pero se sustituye por otra. Después de haber perdido a mi novia y mis amigos por culpa del trago, decidí regresar a Bogotá. En medio de la depresión, volví a probar la cocaína. Entonces la obsesión por consumirla fue mucho más fuerte que antes. Era como si quisiera recuperar el tiempo en que la había dejado. Conocí el basuco y empecé un proceso de decadencia total. Me fuí a vivir a La Calera, sólo, donde 'metia' hasta caer sin sentido. Muchas veces amanecí en el carro, en un potrero, sin saber cómo había llegado ahí. Durante cuatro años viví prácticamente encerrado en un baño, sufriendo delirio de persecución y viendo fantasmas, asomado a una ventana con una escopeta a mi lado. Siempre fuí un consumidor solitario. Solamente salía para comprar droga o buscar compañías que no hicieran preguntas. Un día mi familia y mis amigos me sacaron de ahí, para internarme en un centro en los Estados Unidos. Accedí sin mucho convencimiento. No quería rendirme, pero estaba lleno de deudas y pensé que de pronto podía arreglar las cosas o disminuir el consumo. Durante el mes que estuve en tratamiento de desintoxicación tuve tiempo para revisar toda mi vida. Entonces aprendí a expresar mis sentimientos, a confiar en otras personas y escuché por primera vez que yo no era un "degenerado", lo que me quitó un gran peso de encima. Después de 16 años, había logrado pasar un mes sin consumir cocaína".

De eso hace tres años. Sin embargo, cuando Simón Mekler regresó de los Estados Unidos sabía que había encontrado el camino de salida, pero también que ese es un trayecto que no se puede recorrer solo y que su verdadera lucha contra la adicción apenas había comenzado. "La adicción es una enfermedad que no tiene cura. Así como los diabéticos pueden vivir normalmente si siguen una dieta, en la drogadicción, si uno logra vivir sin consumir droga puede llevar una vida normal. Pero es una batalla que uno debe librar diariamente y necesita un grupo de apoyo para lograrlo". Por eso, pensando en ayudarse y ayudar a otros, con un grupo de personas que estaban en su misma situación, Simón Mekler creó hace dos años la Fundación "Pida Ayuda", un centro de rehabilitación contra la drogadicción y el alcoholismo diferente a todos los existentes. Siguiendo los principios de Alcohólicos Anónimos y basándose en su propia experiencia, un grupo de médicos y los terapeutas, que también han vivido en carne propia el drama de la drogadicción y el alcoholismo, libran esa batalla junto con sus pacientes. "Es un compromiso que tengo con la vida, porque yo salí bien librado de esa experiencia". -

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