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| 3/14/2009 12:00:00 AM

El verdadero Indiana Jones

El arqueólogo Zahi Hawass es un aventurero famoso por sus grandes descubrimientos y por liderar la lucha para que varios museos del mundo devuelvan a Egipto sus tesoros.

Sentado en su oficina, rodeado de papeles y vestido de saco y corbata, el arqueólogo Zahi Hawass da la impresión de ser un funcionario ministerial en El Cairo. Pero cuando se pone su sombrero, se cambia de ropa y se alista para desenterrar los misterios del Antiguo Egipto, ocultos por milenios bajo la arena del desierto del Sahara, Hawass parece Indiana Jones. A diferencia del héroe de las películas, Hawass no usa látigo, no se salva por milímetros de morir a manos de los nazis, ni está interesado en recuperar el Santo Grial o el Arca de la Alianza. Las hazañas de este egipcio de 61 años tienen que ver no sólo con visitar tumbas polvorientas y los recovecos de las pirámides, sino con enfrentarse a potencias occidentales para que devuelvan a Egipto los tesoros que guardan en sus museos y pelear con investigadores con los que no está de acuerdo.

Hawass toma tan en serio su papel protagónico como el responsable de recuperar la historia antigua de Egipto, que ha convertido su labor en todo un show que es seguido de cerca por los medios de comunicación. Hawass ha trabajado para National Geographic, Discovery Channel y History Channel e incluso ganó en 2006 un Emmy (los premios de la televisión en Estados Unidos) por su papel en un documental. No sólo se ha convertido en una celebridad, sino que también ha llevado a los egipcios a apropiarse y enorgullecerse de su pasado, hasta el punto de que en ese país se han multiplicado por 10 las visitas de turistas locales a los museos. "Yo no hago esto por la fama. Ya soy famoso. No lo hago por poder, pues no lo necesito. Yo estoy haciendo esto porque soy el único que lo puede hacer", dice con su ego característico. "Nadie en la historia de la arqueología ha ayudado a Egipto más que yo".

Y es que Hawass no es cualquier arqueólogo. Bajo su orientación fue identificada la momia de la reina Hatshepsut y aparecieron el Valle de las momias doradas y el cementerio de los constructores de las pirámides, considerados como algunos de los hallazgos recientes más importantes en la región (ver recuadro). Y no son los únicos. En noviembre, este Indiana Jones anunció el descubrimiento de una pirámide en Saqqara, cerca de El Cairo, que había estado buscando por más de 20 años; hace un mes salió de nuevo ante las cámaras para develar 30 momias en una cámara fúnebre en la zona donde estaba la necrópolis de los primeros faraones y hace dos semanas presentó en Luxor dos estatuas del faraón Amenofis III. Por su labor y sus descubrimientos, la revista Time lo escogió como una de las 100 personas más influyentes del mundo en 2005.

Las constantes apariciones de Hawass en los medios se deben a que él es el responsable de lo que pasa con todos los sitios históricos de Egipto. Desde que asumió como secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades (SCA, en inglés), hace seis años, no se mueve un grano de arena del desierto sin que él lo sepa. No se pueden revelar nuevos descubrimientos antes de su supervisión, y tiene el poder de entregar o rechazar licencias para colegas de todo el mundo, lo que le ha generado problemas con algunos investigadores occidentales. Zahi es tan celoso de sus funciones y del papel que deben cumplir los extranjeros en Egipto que un perfil reciente publicado en la revista alemana Der Spiegel lo bautizó "el arqueólogo del yo". El egiptólogo se defiende de sus críticos: "Sé quiénes son mis enemigos y no me importa", dijo alguna vez. "Son los fracasados que no hacen nada en sus vidas y a quienes no les gusta el éxito en general".

Para mantener ese poder, a Zahi Hawass no le importa casar peleas, generar controversia ni levantarles la voz a los más poderosos. De hecho, desde que llegó al SCA se hizo evidente una grieta. Por un lado, sus amigos y colegas lo admiran por su tenacidad y pasión. Janice Kamrin, quien trabaja de cerca con Hawass, dijo a SEMANA que es "una gran fuerza de bien para Egipto y la egiptología", y Salima Ikram, profesora de la Universidad Americana en El Cairo, se refirió a él como "un líder natural capaz de llevarle la historia a la gente común y corriente".

Pero no todos creen que él es asombroso. Especialmente en el mundo occidental, Hawass es visto por algunos como un hombre temperamental, más parecido a un showman con excesivo protagonismo que a un arqueólogo tradicional, y capaz de todo para defender sus objetivos. Ha discutido con empresarios y coleccionistas privados sin ahorrar palabras fuertes y se ha convertido en el vocero de quienes creen que los museos deben retornar las antigüedades a su país de origen, especialmente los objetos que fueron robados. Hace algunos años pidió con vehemencia la devolución de varias figuras egipcias ubicadas en museos alrededor del mundo. Entre ellas están la Piedra de Rosetta, en el Museo Británico, y el busto de Nefertiti, en el Museo Egipcio de Berlín, cuya vocera Stefanie Heinlein afirmó a esta publicación que "el préstamo o la devolución no es tema de debate". En las últimas semanas se ha vuelto a discutir el problema del busto tras descubrirse que un arqueólogo alemán escondió su valor real a los egipcios para transportarlo a Alemania, donde lleva más de 95 años.

La controversia, de cualquier manera, le gusta a Zahi Hawass, quien cuenta con un PhD en egiptología de la Universidad de Pennsylvania, está casado, tiene dos hijos, un club de fans y lidera un grupo de 30.000 empleados en el SCA. Él mismo se considera una estrella, y sabe que esa atención sobre su carrera y su personalidad extravagante termina, de rebote, poniendo los ojos del mundo sobre el Antiguo Egipto. Y así logra su cometido. Por eso se siente cómodo cuando lo llaman "el señor pirámide", no se sonroja al decir que es "tan complicado como Tutankamón", y les habla a los periodistas del "misterio de Zahi Hawass" como si tuviera un pasado milenario y oscuro. Tal vez, después de tanto tiempo en tumbas y templos, con momias y jeroglíficos, el más famoso egiptólogo terminó creyendo que se había convertido en uno de los personajes de las historias que le cuenta a todo el mundo. Porque como dijo a SEMANA, "estoy encantado de vivir en un mundo de misterio, de acción y de aventura: ¡el mundo de los faraones!".
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