Viernes, 20 de enero de 2017

| 2003/09/15 00:00

El visionario

El ruso Roman Abramovich se ha convertido en el centro de atracción en el mundo de los negocios. Para divertirse, cómo él dice, compró al Chelsea, uno de los principales clubes de fútbol inglés.

Roman Abramovich y su nuevo juguete, el Chelsea, al que pretende convertir en una empresa tan rentable como el Real Madrid y el Manchester United. Para ello se ha dedicado a comprar estrellas del fútbol mundial como los argentinos Jorge Hernán Crespo y Juan Sebastián Verón (abajo, a la derecha) y el rumano Adrian Mutu.

Desde el pasado 2 de julio, cuando el magnate ruso Roman Abramovich compró 50,9 de las acciones del Chelsea, club inglés de fútbol, la prensa lo tildó de "hablador" y "pretencioso" pues, sin más, el dirigente anunció que estaba dispuesto a comprar a Thierry Henry, Alessandro Nesta, Patrick Kluivert, Ronaldinho, Rivaldo, Harry Kewell, Edgar Davids, Wayne Rooney, Christian Vieri, Hernán Crespo, Alvaro Recoba, David Trezeguet y a Francesco Totti, todos grandes figuras del fútbol mundial. Además le ofreció la dirección técnica a Sven Goran Eriksson, el estratega de la misma selección inglesa, a quien le propuso un contrato de 4,5 millones de dólares al año.

"Compré al Chelsea para divertirme pero lo quiero poner al nivel del Real Madrid y de Manchester United para que ganemos la Liga de Campeones", anunció sin la más mínima modestia tras confirmar que desembolsilló más de 45 millones de euros por la compra de sus acciones. Antes de comenzar la liga viajó hasta Milán y ofreció 56,90 millones de dólares por el pase del delantero Christian Vieri. Al brasileño Ronaldinho lo tentó con 45 millones de dólares mientras que a Edgar Davids lo quiso transar por 17 millones de dólares. Muy pronto los ingleses se dieron cuenta de que Abramovich no estaba bromeando a pesar de las trabas que le pusieron los demás clubes a la hora de negociar a los deportistas. Aun así consiguió que el argentino Juan Sebastián Verón dejara el imponente Manchester United para comandar el medio campo del Chelsea y ahora acaba de cerrar el traspaso del también argentino Hernán Crespo por 16,8 millones de libras esterlinas. A estas contrataciones se suman el entrenador Claudio Ranieri, el volante Glen Johnson, del West Ham, y Geremi, camerunés, figura del Real Madrid. La suerte le ha sonreído a Abramovich con un excelente comienzo de temporada que ya tiene al Chelsea disputando las primeras posiciones de la liga inglesa.

La riqueza de Abramovich es tal que además de su nueva adquisición o, como diría él, su nueva diversión, también es el propietario de un equipo de hockey sobre hielo en Omsk, Rusia. Además controla 80 por ciento de una petrolera rusa, 50 por ciento de la empresa que tiene el monopolio del aluminio en su país y 25 por ciento de la legendaria aerolínea Aeroflot. Lo irónico es que Abramovich apenas ronda los 36 años. De la mano de Boris Berezovski, el hombre más rico de Rusia, ingresó al grupo de asesores del entonces presidente Boris Yeltsin en 1992 y, aprovechando la privatización de las empresas, se convirtió en el gran negociante de hoy en día. Hace cuatro años fue elegido como miembro de la Cámara de Diputados por la región de Chukotka y hace dos se convirtió en el gobernador de esa provincia.

Lo han comparado con Silvio Berlusconi, quien a finales de los 80 consolidó al AC Milan con figuras como Marco van Basten, Gullit y Frank Rijkaard, bajo la dirección de Arrigo Sachi. Lo mismo que el empresario francés Bernard Tapié, quien compró al Olympique de Marsella cuando estaba en segunda división para posicionarlo como uno de los grandes de Europa. Abramovich ahora es el centro de todas las miradas en la liga de fútbol más cara del mundo. El tiempo dirá si, de verdad, el Chelsea era sólo un pasatiempo o, como esperan los seguidores del club inglés, por fin le ha llegado la hora de la verdad para ser un gran protagonista.

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