Domingo, 4 de diciembre de 2016

| 2016/07/23 00:00

El voyerista de Talese

Gerald Foos compró y diseñó un hotel para permitirse ver en secreto la vida privada de sus huéspedes. Su historia es ahora un controvertido libro de Gay Talese.

El cronista Gay Talese aguardó más de tres décadas para lanzar 'The Voyeur's Motel', un libro que le ha causado varios dolores de cabeza. Foto: León Darío Peláez

Aunque hoy la veracidad de toda la historia está en entredicho, es imposible dejar de prestarle atención. El voyerista Gerald Foos, casado dos veces y padre de dos hijos, decidió comprar a finales de los años sesenta un hotel en la zona suburbana de Denver, Colorado, para darle rienda a sus aberraciones: observar a las personas para ver qué hacían en su vida secreta, en especial, a la hora de tener relaciones sexuales.

Así recogió cientos de secretos que le ofrecieron, sin permiso y sin saberlo, quienes le pagaron por una habitación y se creían seguros. Foos, quien contó con la ayuda de su primera esposa en el montaje de las cámaras, quería ver a las personas desnudas de alma y cuerpo. Con el paso del tiempo, quiso contar lo que había visto. Por eso, en 1980 escribió una carta al cronista Gay Talese y lo invitó a presenciar de primera mano la operación.

En la carta, Foos aseguró que actuó guiado por su curiosidad y no por satisfacer su hambre de voyerista. Pero la simple curiosidad no basta para explicar la compleja instalación de cámaras ni el pasadizo secreto que construyó para llegar al ático del hotel, donde monitoreaba todas las actividades que ocurrían en los cuartos. Desde allá Foos no solo miraba, sino que también llevó un recuento escrito de lo que testimoniaba: “Compilé estadísticas, registré lo que hacían, lo que decían, sus características individuales, edad, tipo de cuerpo, etcétera”, se lee en su misiva.

El célebre periodista había publicado un libro sobre la sexualidad en los años sesenta en Estados Unidos. Esto llamó la atención de Foos, para quien su obra y recuentos debían sumarse a esas observaciones sociológicas del comportamiento sexual de sus compatriotas. Talese lo pensó dos veces antes de aceptar la invitación, y aseguró en su escrito que si bien encontraba semejanzas en el método que había utilizado en su libro Thy Neighbor’s Wife, él sí había tenido la delicadeza básica de pedirle a sus fuentes el permiso de observar sus mundos y citar sus nombres. De todas formas, frente a tan retorcido escenario, Talese se la jugó, voló a Denver y espió.

El cronista no contaba con que Foos le pidiera reserva en su identidad. Por eso tuvo las manos atadas durante décadas para expresar lo visto. Pero eso cambió en 2013, cuando Foos se sintió listo para recibir notoriedad y anuló el acuerdo de confidencialidad. Creía que sus observaciones sobre la sexualidad habían alcanzado un estatus más importante que las del Informe Kinsey, pues sus sujetos de estudio no sabían que estaban siendo espiados, y abrió las compuertas. Talese se dedicó a lo suyo: escribir un libro con base en los recuentos escritos que recibía del voyerista y lo que él mismo vivió en 1980 durante su visita al motel de Aurora, Colorado.

Tres años le tomó al periodista completar The Voyeur’s Motel, un libro que generó controversia incluso antes de salir de imprenta hace unas semanas. Le criticaron haber sido partícipe de las observaciones prohibidas y rebajarse al nivel de Foos. Pero faltaba una tormenta mayor. Cotejando fechas, el diario The Washington Post reveló que varios hechos relatados en el libro no cuadraban. El escritor fue víctima del pecado de ceñirse demasiado a una sola fuente, se vio en la incómoda posición de cuestionarla frente a la opinión pública y aseguró que no podía dar fe de las citas de su texto. Pero un día después, probablemente haciendo caso a su editora, salió en rescate del material, minimizando la importancia de las fechas y asegurando que se mantiene firme en lo escrito.

Para la mayoría de la crítica, el registro de Foos de la gente teniendo sexo con sus secretarias, con sus amantes o defecando es enfermizo y a la vez cautivante. Si bien le cuestionan varias historias, como la de un hombre que estranguló a su pareja, un crimen del cual no existió registro policial, parece que poco importa. El libro fue publicado, saldrá en español en febrero y DreamWorks ya adquirió los derechos para cine.

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