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| 6/16/1986 12:00:00 AM

EL ZANAHORIO

Con su nadadito de perro, George Hamilton se ha convertido, a los 46 años, en el gran conquistador del jet-set

EL ZANAHORIO EL ZANAHORIO
En un mundo tan lleno de agresividad como este, él sigue abriendo las puertas para que entren o salgan las mujeres; ordena por ellas en los restaurantes; les envía flores con cualquier pretexto; nunca les regala en los días tradicionales sino cuando ellas menos lo esperan; las trata como damas porque sabe que las mujeres se sienten tentadas por las buenas maneras masculinas y durante muchos años ha mantenido una regla de oro: siempre deja que sea la mujer quien dé el primer paso hacia la cama y aún así, en ocasiones se hace el desentendido, el renuente, el que prefiere mantener la amistad y no convertirse en amante de la otra. Obviamente, siempre le da resultado.
George Hamilton, con 46 años y una carrera cinematográfica mediocre, es actualmente el galán favorito de las mujeres famosas de Hollywood y no sólo las actrices sino también mandatarias como Imelda Marcos, a quien le fascinaba salir de compras o tomar helado con ese elegante y discreto acompañante a quien nadie, jamás, ha podido sacarle comentario alguno sobre sus conquistas. A menos que escriba sus memorias.
Es el compañero ideal para solteras, divorciadas, separadas o simplemente para las que buscan un hombro amigo sobre el cual colocar su atormentada cabeza. Las rodea de flores las escucha sin bostezar o dar muestras de cansancio o aburrimiento, les presta un pañuelo discretamente perfumado y tibio, las lleva a los mejores restaurantes, les da el brazo para ir a las ceremonias aburridas (sea la de los Oscares o un baile de caridad de Nancy Reagan), jamás les hace insinuaciones sexuales, nunca hiere sus sentimientos y cuando la inevitable ruptura se presenta quedan muy amigos, más que antes.
La leyenda alrededor de Hamilton asegura que ninguna, absolutamente ninguna de sus amigas y acompañantes, aunque se trate de Elizabeth Taylor, le rechazará una invitación: todas dejan lo que sea con el fin de aparecer al lado de quien es considerado un auténtico caballero, de esos que cada vez escasean más.
Con su bronceado permanente (otra leyenda asegura que en el mundo sólo él y Julio Iglesias tienen un bronceado tan perfecto, fruto de cuatro horas bajo el sol o lámparas sofisticadas que les dejan y garantizan ese tono oscuro que enloquece a las mujeres), sin una arruga, bien peinado, de maneras suaves pero firmes, nadie le gana en conquistas.
Esos encantos enredaron a Imelda Marcos, de 58 años, quien conoció al actor cuatro años atrás durante el Festival de cine de Manila. En esa y otras ocasiones bailaron con frecuencia en el Palacio Presidencial mientras la señora se apresuraba a desmentir cualquier romance: "Todo es platónico", decía, pero ya los habían visto sonrientes y felices haciendo compras y asistiendo a numerosas reuniones en Manila y otras capitales del mundo, incluyendo Los Angeles, donde el actor tiene un palacio estilo morisco en las colinas de Beberly Hills: allí estuvo la señora muchas veces y dicen que Hamilton usó esa mansión para respaldar por cuatro millones de dólares a una corporación ligada comercialmente con los Marcos. El abogado de Hamilton niega cualquler relación financiera de su cliente con los filipinos. Y un gran amigo, el productor de "Amor al primer mordisco", Bob Kaufman, se apresura a comentar: "Claro que conoce a Imelda, claro que son amigos pero él también conoce y es amigo de Rainiero, el Aga Khan y otras personalidades de la realeza y jefes de Estado. El se mueve solo en esa clase de círculos".
Desde cuando salía con Lynda Bird Johnson, hija del Presidente en los años sesenta, Hamilton ha tenido mejor fama como galán que como actor y él mismo reconoce que películas como Angel Baby, By Love Possesed y "La marca del zorro" apenas pasan de entretenimientos baratos, pero han servido para popularizar la imagen de un hombre a quien millones envidian, especialmente después de verlo la noche de los Oscares del brazo de Liz Taylor, quien estaba radiante, dando lugar a serios rumores sobre un posible matrimonio de ambos. Como siempre, son los amigos quienes salen al paso de los chismes y el productor Kaufmán comenta: "Son muy amigos, siempre han sentido un profundo arecto mutuo pero los planes de boda están descartados". Cuando un reportero se atrevió a preguntarle a Hamilton sobre esas relaciones, el actor soltó la carcajada y dijo "Elizabeth y yo la pasamos muy bien juntos, nos reímos, hacemos chistes, siempre sentimos que nos divertimos aunque estemos comiendo o haciendo cualquier cosa tonta".
Y para que no exista la menor duda sobre sus relaciones con Liz, agrega: "No ando en busca de sexo en estos días, sólo busco complicidad, sólo quiero compartir las diversiones".
Diversiones: eso parece caracterizar todos estos años de su vida, incluyendo su matrimonio fracasado con Alana (esposa actual del cantante Rod Stewart), después de cuatro años, sus sonados romances con Britt Ekland, la modelo Liz Treadwell, Phylis Davis, Silvia Kristel, Vanessa Redgrave, Charlote Ford, Wendy Vanderbilt y Jeanne Moreau. También sus relaciones con la modelo británica Felicity Waters y su coestrella en la serie "Disnatía", Catherine Oxenberg. Las malas lenguas afirman que Hamilton se salió de esa serie porque los días y las horas de rodaje entraron en conflicto con su librito de citas amorosas.
Alrededor de este éxito con las mujeres, Hollywood y el jet set de Nueva York y Los Angeles y Washington siempre se formula la misma pregunta: ¿cómo lo hace, cómo las conquista? Algunos tienen una explicación sencilla: su gusto impecable y un gran sentido del humor. Angie Dickinson, una buena amiga, dice que el éxito de Hamilton está en que, cuando se halla con una amiga, se dedica cien por ciento, no se distrae, no mira a otra parte, concentra toda su atención en la hermosa y rica mujer que tiene al lado.
Lynda Johnson, la hija del ex Presidente fallecido, tiene su versión: "Cuando nos conocimos, me dijo que me encontraba encantadora, que yo le gustaba, y creo que eso a cualquiera le gusta oírlo, aunque no sea cierto del todo. Es emocionante descubrir que una persona como él, te encuentra atractiva". Phylis Davis, quien salió con Hamilton durante menos de un año, dice que él siempre deja en amistades sus relaciones y eso no es muy frecuente en el medio del cine y la farándula. Y añade: "Cuando rompo con alguien, lo busco porque sé que es un amigo sensible, que presta mucha ayuda".
Quizás el testimonio más revelador sobre la personalidad del conquistador y actor sea la de la doctora Ruth Westheimer, quien da consejos sobre asuntos sexuales por radio. Se encontraron en un campo de esquí en Idaho y él estaba rodeado de mujeres hermosas con las cuales ella no podía competir. Sin embargo, él le envió una nota invitándola a cenar. Ella rehusó pero lo vio más tarde y dice: "Es fácil ver por qué las mujeres enloquecen con él, tiene una manera sincera de comportarse. Me pareció increíble que hiciera sentir tan especial a una mujer como yo, de 57 años".
Al encanto, a la elegancia, al buen gusto en el vestir, el beber y el comer, Hamilton agrega también una táctica que le ha dado resultado: aprender de todo. Ese virtuosismo llegó hasta el extremo de aprender yiddish porque, según él, hay ciertas palabras, palabras claves que Hollywood sólo las expresa en ese idioma, y él quiere estar preparado. Soltero por vocación, vendió recientemente su mansión, construida en 1923 por Chaplin, a su amigo Adnan Khashogui, en cinco millones de dólares. En 1982 había pagado por ella 1.2 millones. Para julio se anuncia el rodaje de la segunda parte de "Amor al primer mordisco". Regresa al trabajo por simple distracción y el resto del tiempo lo emplea en escoltar a las mujeres más hermosas y deseables, un oficio que él desempeña mejor que nadie.
Como dice él mismo, jamás se siente solo: no hay razón para no creerle.--

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