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| 5/14/2016 12:00:00 AM

La foto que despejó el camino de Trump

Una imagen del papá de Ted Cruz repartiendo volantes junto al asesino de Kennedy pateó el tablero de la elección republicana y sacó al último rival de Trump de la contienda.

La noticia no fue importante en Colombia pero tuvo repercusiones a nivel internacional. Donald Trump acuso al papá de Ted Cruz, uno de sus contrincantes en la lucha por la candidatura republicana, de estar relacionado con el asesinato de John F. Kennedy. La acusación tomó fuerza luego de que la prensa reveló y analizó una foto tomada en agosto de 1963, en la que aparece Lee Harvey Oswald, asesino de Kennedy, repartiendo unos volantes en Nueva Orleans en los que pedía respetar a la Cuba revolucionaria de Fidel Castro. A la izquierda de Oswald se ve a otra persona haciendo lo mismo, y algunos medios de comunicación han especulado sobre la posibilidad de que se trate de Rafael Cruz, padre de Ted Cruz. Este último era el único rival que le quedaba a Trump después de haber sacado a 15 otros aspirantes de un pastorejo.

La foto hace parte de una serie de imágenes incluidas en el informe de la Comisión Warren, encargada por Lyndon Johnson para investigar el magnicidio de Kennedy, que concluyó que Lee Harvey Oswald asesinó al presidente por su propia cuenta. Las fotografías son viejas, de mala calidad y tienen mucho grano. Sin embargo, el estudio de la fisonomía del personaje coincide bastante con las fotos del padre de Cruz en esos años, lo cual hizo que el cuento no muriera inmediatamente. Otra foto previa, de 1959 en Austin, Texas, muestra al mismo personaje en una marcha procastrista. Esta también soportó el escrutinio de varios analistas de imágenes y se suma a la teoría de que, en efecto, el hombre en ambas fotografías es Rafael. El parecido, establecen, queda en evidencia por la quijada, la cabellera, la nariz y la sonrisa.

Las imágenes, y el rol vital que jugaba en la campaña de su hijo, han puesto el foco de medios y comentaristas políticos en la historia de Rafael Cruz. Diarios como The New York Times y The Boston Globe han analizado meticulosamente su narrativa y, según varios de sus reporteros, Cruz cuenta su historia desde el deseo más que desde la realidad.

Nunca dijo no

Aunque Ted Cruz había perdido la primaria de Indiana, se anticipaba que su cruzada como mínimo llegaría hasta la convención republicana. Allá, utilizando el pantallazo de la televisión, Cruz cambiaría el escenario con un poderoso discurso. Frente a todo Estados Unidos les pediría a los delegados aun no comprometidos abandonar a Trump y votar por él. Por eso sorprendió que tan pronto salió publicada la foto, esa posibilidad se esfumó.

La defensa de Ted Cruz, que vino en simultánea con su renuncia a la candidatura, ha resultado muy curiosa. Salió con todos los fierros y devolvió los ataques a Trump. Lo llamó un mujeriego descarado y un mentiroso patológico, que miente cada que abre la boca sin capacidad de distinguir entre verdad y fantasía. Sobre los rumores que ligaban a su padre al asesinato de JFK, respondió con ironía: “Sí, mi papá mató a JFK, en secreto es Elvis y sepultó a Jimmy Hoffa en su patio trasero”. Pero Cruz nunca dijo “Ese no es mi papá”, la frase necesaria para desvirtuar la delicada acusación.

Ese hecho ha dejado a algunos pensando que aunque parece evidente que su padre no tuvo nada que ver con el asesinato de Kennedy, debe ser la persona que está en la foto. Alice Stewart, jefa de prensa de la campaña de Cruz, atacó a los medios que hicieron eco de la historia asegurando que se trataba de “otra historia basura en un tabloide lleno de basura”. Atacó al mensajero y no al mensaje, y tampoco logró disipar el misterio.

Narrativa inflada

Rafael Cruz nació en Matanzas, Cuba. Según ha relatado cientos de veces, desde su adolescencia se opuso activamente al régimen de Fulgencio Batista mientras posaba de ignorante político pero lanzaba cocteles molotov cuando era necesario. La versión contrasta con la de varios de sus coterráneos consultados por The New York Times, que lo llamaron “ojalatero”, apodo para quienes deseaban que Batista cayera pero no hacían mayor cosa al respecto. Con el pasar de los años y frente a preguntas específicas sobre su papel y sus acciones subversivas, Rafael contesta con evasivas y argumenta que su memoria no da para tanto detalle.

Es un hecho comprobado que en 1957, poco después de cumplir 18 años, Cruz cayó en manos de esbirros de Batista, que lo llevaron a una guarnición militar y lo golpearon brutalmente durante cuatro días. Él afirma que trató de reclutar a un agente encubierto del régimen y este lo echó al agua. Otras versiones aseguran desde Cuba que pagó el precio de tener un arma que nunca utilizó.

Luego de la inclemente golpiza, el coronel a cargo lo dejó ir pero le advirtió que si algo sucedía en el pueblo iría a buscarlo. Rafael Cruz entendió el mensaje y salió de la isla con 100 dólares que su madre le cosió en su ropa interior. Llegó a Estados Unidos sin hablar inglés, con una visa de estudiante, y se enroló en la Universidad de Texas, en Austin. Aprendió el idioma viendo películas y se sostuvo lavando platos.

Pero si bien su relato ha inspirado a muchos, a otros sorprende y choca estos detalles que omitió por tanto tiempo. Si es el de la foto, Rafael Cruz le hizo propaganda a Fidel Castro en Estados Unidos. El hecho no es descabellado, pues cuando dejó Cuba admiraba al comandante ya que representaba el fin de la era de Batista. De 1959 a 1963 las fotos probarían que Cruz aún creía lo suficiente en Castro como para salir a las calles junto a Lee Harvey Oswald y clamar por una Cuba libre de intervenciones. Pero cuando el líder de la Revolución cubana declaró abiertamente su afiliación al comunismo, el ahora pastor de 77 años cambió radicalmente de postura.

A finales de los años sesenta Rafael y su segunda esposa, Eleanor, se mudaron a Canadá. Allá nació Ted en 1970. Pero Rafael, sumido en el alcoholismo, abandonó a su esposa e hijo y regresó a Texas. En el estado de la estrella solitaria encontró a Dios, se reconcilió con su familia y todos volvieron a vivir juntos en 1975. En ese hogar texano, Ted recibió de su padre desde niño un adoctrinamiento cristiano y conservador. Rafael, orgulloso, veía a su hijo de 13 años hablar públicamente en escuelas sobre la Constitución y la importancia del libre mercado.

Para muchos Rafael hizo todo para que Ted creciera como presidenciable, e impulsando todas las virtudes como político y candidato de su hijo, su historia personal sirvió de motor para la campaña. Tristemente para Ted el pasado de su padre, aún en medio de la controversia, probó ser más que destructivo.

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