Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2016/10/15 00:00

Mucho sexo en la campaña gringa

Los debates políticos se han convertido en un ‘show’ indigno, símbolo del pobre nivel de la contienda entre Donald Trump y Hillary Clinton.

Mucho sexo en la campaña gringa Foto: A.P.

Los debates entre candidatos a la Presidencia de Estados Unidos nunca han sido un programa popular entre los jóvenes. Pero nunca, como la semana pasada, una cadena (como la CNN) se había visto obligada a advertir a los padres que el contenido podría no ser apto para los chicos. A tres semanas de las elecciones, el nivel de la contienda ha llegado tan bajo que los candidatos se han dedicado a hacerse acusaciones mutuas relacionadas con abusos sexuales, sexo y abusos de poder, con palabras reprochables contra las mujeres y expresiones que rayan en lo soez. Se trata de un desarrollo inexplicable en el país del norte, donde los debates televisivos, por álgidos que fueran, siempre se caracterizaban por una caballerosidad a toda prueba.

Luego del primer debate televisado, en el que se vio arrinconado por el caso de Alicia Machado y quedó muy mal parado con la población femenina y con la que tiene sobrepeso, Donald Trump tenía que responder enérgicamente. Ya en un evento partidista se había atrevido a insinuar que Hillary no le era fiel a nadie, y ni siquiera a su propio esposo. Y para vengarse de lo de Machado, anunció que llevaría al debate a cuatro mujeres, de las cuales tres acusan de abuso sexual a Bill Clinton mientras la otra sostiene que Hillary defendió al hombre que la violó.

Pero cuando tenía todo listo, dos días antes del encuentro en San Luis The Washington Post publicó un video de 2005 en el que Trump habla de mujeres con el presentador de varios de sus concursos de belleza, y primo del expresidente George W. Bush, Billy Bush. El material revela una burda conversación en la que el magnate deja en claro que hizo todo por acostarse con una mujer casada meses después de contraer nupcias con su hoy esposa Melania, pero que no lo logró (se refería a la actual presentadora de Entertainment Tonight, Nancy O’Dell). Luego añadió que nunca duda en besar a las mujeres bonitas, a las que se siente imantado, y dejó una frase difícil de olvidar cuando sentenció: “Cuando eres una estrella, te dejan hacerlo, te dejan hacer lo que quieras. Agarrarlas del sexo”, dice, “lo que sea”.

Trump ha causado indignación varias veces, pero este impacto fue distinto. Y aunque trató de disculparse, en vez de expresar un sincero arrepentimiento sus palabras sonaron a una justificación inaceptable cuando aseguró que se trataba simplemente de una “charla de vestidor” entre hombres. Decenas de deportistas replicaron diciendo que en ningún locker room se hablaba de tal forma. La charla le costó a Bush, quien reveló la existencia de ese video a unos colegas cuando cubría los Juegos Olímpicos de Río, su trabajo en NBC.

El video, más allá de todo, dejó en claro que Trump, en su papel de empresario tumbalocas, dejó cientos de conversaciones comprometedoras registradas en varios medios antes de ser candidato. Y comenzaron a salir a la luz pública, de la mano de los acuciosos seguidores de Hillary. En sus muchas conversaciones con Howard Stern, el hombre de radio que ha hecho fama con entrevistas ‘a calzón quitao’, dejó varias perlas. El hoy candidato habló de sus épocas de dueño de Miss Universo, y de cómo abusaba de ciertos privilegios como entrar a los bastidores mientras las candidatas correteaban desnudas, un hecho que corroboró Bridget Sullivan, la participante del concurso Miss USA en 2000. Trump dijo también en radio que salir con una mujer de 30 era fantástico, pero que a las de 35 había que prácticamente jubilarlas y también estuvo de acuerdo con Stern cuando este describió a su hija Ivanka como una “hembrota” (“piece of ass”).


Toma y dame sexual

Trump trató de contraatacar en el debate, cuando salió lo de la grabación con Bush. Rápidamente enfiló sus dardos hacia Bill Clinton, a quien llamó el mayor violador que ha pasado por la Presidencia de Estados Unidos y aseguró que mientras a él lo podían acusar de hablar demasiado, lo de Clinton pasaba de las palabras a la acción. Para sazonar su ataque, Trump había invitado al debate a cuatro mujeres, Kathleen Willey, Juanita Broaddrick, Paula Jones y Kathy Shelton, quienes acusan a los Clinton por varias causas. Y de no ser por la negativa de los organizadores, las hubiera sentado en el palco destinado a su propia familia.
Las tres primeras acusan a Clinton de avances sexuales. Broaddrick asegura que Clinton la violó cuando era fiscal general de Arkansas en 1978, pero solo en 1999 habló sobre el incidente en público. El asunto no pasó a mayores, además, porque ella firmó un acta en la que negaba los avances sexuales de Clinton. Jones acusó al expresidente de mostrarle su pene y de proponerle relaciones cuando era gobernador. Jones lo demandó por acoso sexual y, aunque el asunto fue descartado, los Clinton acordaron darle una compensación de 850.000 dólares.

Willey por su parte acusó a Clinton en 1998, en el programa 60 Minutes, de besarla, tocar sus senos y sus genitales sin su consentimiento en 1993. Bill negó el hecho y la falta de evidencia llevó al fiscal a desechar el caso. Shelton asegura haber sido violada por un hombre a quien Hillary Clinton defendió exitosamente. La candidata aseguró en sus memorias publicadas en 2013 que había dudado sobre tomar el caso, pero que lo hizo porque el juez se lo rogó encarecidamente.
A pesar de sus maquinaciones, Donald Trump no salió bien librado del debate. Y lo peor es que al menos 14 mujeres han contado cómo Donald Trump se extralimitó con ellas. The New York Times publicó la historia de Jessica Leeds y Rachel Crooks, quienes contaron en detalle cómo Trump las tocó descaradamente y las besó la primera vez que las vio. El magnate no demoró en responder que “todo es pura ficción, estos eventos nunca tuvieron lugar”, y sentenció que los Clinton saben bien que todo es un embuste impulsado por su aparato mediático.

Al final de la semana, la campaña de Trump se debatía en el caos, y muchos de sus copartidarios republicanos pedían a gritos su renuncia. Pero mientras se negaba rotundamente, muchos se preguntaban cuál será el siguiente escándalo que acabará con el poco brillo que le queda a la campaña electoral por el puesto más importante del mundo. 

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