Sábado, 1 de noviembre de 2014

| 2013/06/29 03:00

Emily Davison bajo el caballo real

Esta mujer ha sido catalogada como heroína y mártir, pero también como resentida y terrorista por sus métodos extremos para conseguir el voto femenino en Inglaterra. El centenario de su muerte vuelve a dar visibilidad a la batalla por la igualdad de género.

Emily Davison obtuvo excelentes calificaciones en Oxford, pero solo los hombres podían recibir diplomas. Foto: AFP

Si algo caracteriza al Derby de Epsom en Inglaterra, la carrera de caballos más famosa del mundo, es su elegancia y estilo. No en vano cada año todos los asistentes se ponen sus mejores atuendos y las damas deslumbran con innovadores sombreros que causan sensación entre los camarógrafos. 

Sin embargo, en 1913 Emily Wilding Davison fue a la carrera y el evento se torno trágico cuando el caballo del  entonces rey Jorge V le pasó por encima a toda velocidad y las lesiones y fracturas que sufrió acabaron con su vida.

No se trató de un simple accidente, sino del máximo sacrificio de una activista que luchaba por el derecho al voto femenino a principios del siglo XX con un grupo de feministas conocidas como las suffragettes, lo que le mereció que unos la tildaran de loca y terrorista. Aún así, los más sensatos reconocieron el valor de sus acciones. 

Por eso hoy, cuando se acaban de cumplir 100 años de su muerte, muchos la recuerdan como una heroína y la siguen viendo como una inspiración para continuar con la batalla por hacer valer los derechos de las mujeres.

Davison no siempre se dedicó a promover  la igualdad de género. Durante la mayor parte de su vida adulta, la londinense nacida en 1872 se dedicó a la academia. Estudió Inglés en la Universidad de Oxford, todo un logro considerando que hasta hacía relativamente poco el plantel no admitía mujeres en sus aulas. 

Pero el reconocimiento seguía siendo insuficiente y como los títulos profesionales continuaban reservados para los hombres, a pesar de que ella obtuvo las mejores calificaciones y todos los honores que concedía la institución, no recibió un diploma al final. Tal vez eso despertó su pasión por empoderar a las mujeres, pues los movimientos feministas ya se hacían sentir en las universidades europeas.

Pero la joven tardaría unos años más antes de compenetrarse con el activismo. Tras su paso por Oxford fue profesora en colegios durante años y en 1906 se afilió al Sindicato Social y Político de Mujeres (WSPU por sus siglas en inglés). 

Allí conoció a Emmeline Pankhurst, fundadora del movimiento, y a otras reconocidas feministas cuyas ideas la influyeron rápidamente, especialmente las relacionadas con el derecho de las mujeres a votar. Su compromiso con las suffragettes fue tal que, tres años después de ingresar, la profesora renunció a su trabajo y se dedicó exclusivamente a promocionar la causa. 

“Emily entendió que había que ser determinado, muy organizado y enfocarse en una sola cosa para que la campaña tuviera éxito. Por eso atrajo tanto a mujeres como a hombres al movimiento y logró darle tanta visibilidad”, dijo a SEMANA Diane Atkinson, reconocida historiadora británica que ha escrito ampliamente sobre las suffragettes. 

En efecto, Davison se tomó muy en serio el lema de WSPU –“Hechos, no palabras”– y recurrió a los métodos más extremos para publicitar la causa. Por ejemplo, una vez atacó a un hombre que confundió con el ministro de Hacienda de la época y en otra ocasión le lanzó piedras al carruaje en que este se desplazaba. También prendió fuego e hizo explotar bombas en un par de edificios vacíos como señal de protesta.

En la medida en que Davison se tornaba más radical, Pankhurst y sus seguidoras se distanciaron de ella, pues no querían que las asociaran con la mujer que en la época tildaron de loca, amargada y terrorista. Esas prácticas, por supuesto, metieron a la activista en muchos problemas. No solo la encarcelaron varias veces, sino que en la prisión fue torturada. En respuesta, ella inició una huelga de hambre, pero los guardias la sometieron a alimentación forzada, lo que le causó traumas que no superaría jamás. Ese trato generó una conciencia de lucha más extrema que se reflejó en sus escritos y acciones. 

“Sus apuntes hablan constantemente de sacrificio y de dar la vida por la causa. De hecho, cuando estaba en la cárcel se lanzó de un balcón”, dijo a esta revista Lucy Fisher, autora de La suffragette que murió por los derechos de la mujer, una biografía de Davison. Atkinson coincide con ella, por lo que llama a la feminista “la primera kamikaze del Reino Unido, pues escribía sobre el martirio y planeaba sus acciones de manera casi ritual”.

Esa puede ser la razón por la que Davison tuvo el valor de lanzarse a la pista en el Derby de Epsom de 1913. Además, que la hubiera arrollado el caballo del rey fue aún más significativo. Los historiadores todavía no se ponen de acuerdo en si la mujer realmente quería morir o si fue un accidente y solo buscaba interrumpir la carrera. Pero lo cierto es que su muerte, capturada en video, le dio mucha más visibilidad a la batalla por el voto femenino que finalmente se aprobó en 1918 para las mayores de 30 años y luego se ajustó a 21. 

Desde entonces, las mujeres alrededor del mundo han ganado más espacios, pero aún falta mucho camino por recorrer. Por eso el ejemplo de determinación de la suffragette todavía inspira a miles que luchan por ver el día en que no tengan que sacrificarse para hacer valer sus derechos. 

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