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| 10/19/2012 12:00:00 AM

Emmanuelle: el fin de un mito erótico

Tras una vida llena de fama, drogas y sexo, el mito que empezó en los 70 cuando Sylvia Kristel personificó a una jovencita que tenía aventuras eróticas en Asia, hoy termina con su muerte por cáncer. Semana.com recuerda el perfil que publicó en el 2008 a propósito de su visita a Barranquilla.

A sus 56 años Sylvia Kristel luce como cualquier mujer de su edad. Se viste sin mayor complicación, como si estuviera lista para ir al supermercado o a la panadería. Pareciera que la madurez por fin la hubiera liberado de ser Emmanuelle, esa provocadora venteañera con cierto halo de ingenuidad que se convirtió en la mujer más deseada del planeta en la década de los 70.
 
La que apareció por primera vez sentada en una silla de mimbre con el torso desnudo adornado con un collar de perlas en los afiches de los teatros del mundo. Ahora ha vuelto a ser Sylvia, "podría ser mi tía, de no ser por el brillo de sus ojos y porque cuando sonríe descubre cierta perversidad que recuerda su personaje inmortal", cuenta el escritor colombiano Efraim Medina, quien la entrevistó en Ámsterdam para la revista SoHo y quien la convenció de visitar Colombia. Y lo hará el 31 de enero, como preámbulo del Carnaval de las artes y la cultura en Barranquilla, organizado por la Fundación La Cueva.

Cuando se le pregunta por este país sólo se le vienen a la mente dos cosas. "Tuve una relación muy fuerte con la cocaína en el pasado. También soy una amante de las frutas... será una pasión difícil de resistir", dijo a SEMANA con el desparpajo que la caracteriza.
 
Según Medina, infortunadamente ella, como muchos europeos, "sólo sabe de Colombia lo que lee fugazmente en los titulares de las noticias. Pero la idea es que cuando venga le cambie la perspectiva". Por el contrario, aquí toda una generación aún la recuerda como la diosa del amor porque su película fue una de las pioneras del cine erótico que se exhibieron comercialmente.
 
La cinta, que se estrenó en 1974 con el atrevido eslogan "el filme que no lo hará sentirse mal por sentirse bien", relata las aventuras sexuales de la joven esposa de un diplomático francés en Tailandia en su búsqueda del erotismo. "No puedo decir que fue brillante, pero apareció en el momento oportuno", ha afirmado la actriz holandesa.
 
Según ella, el hecho de que incluyera escenas lésbicas explícitas y hasta violaciones como sinónimo de placer no impidió que fuera la primera película de sexo en aparecer en cinemas 'normales', gracias a los cambios en las regulaciones de censura. "Hasta entonces el sexo en el cine tenía cierto aire de sucio y por ende prohibido, para gente sórdida, pero Emmanuelle le dio estándar de arte, de algo respetable, y amplió su audiencia", recuerda Medina.
 
Lo paradójico es que aunque durante seis meses la película fue prohibida en Francia, la cinta se convirtió en un éxito sin precedentes en ese país, donde duró más de 10 años en cartelera.

Sylvia reconoce que "no ha sido fácil ser Emmanuelle, porque un personaje de ese tipo termina encasillando a quien lo interpreta". Sin embargo, convertirse en ella fue en un principio la puerta a la liberación de una joven que había crecido en el seno de una familia conservadora con una estricta educación religiosa impartida en un convento.
 
Su abuela, por ejemplo, detestaba cualquier atisbo de vanidad, y por eso solía cubrirle los espejos con periódicos. En su autobiografía cuenta que sus padres eran alcohólicos y que por eso ella a los 11 años veía como algo normal tomar coñac para poder conciliar el sueño.
 
Ese vicio la acompañaría a lo largo de su vida. También revela que fue abusada sexualmente de niña en el hotel de su papá y que eso le dificultó tener una buena relación con su cuerpo, al punto de que muchas de sus parejas le habrían reprochado su pasividad en la cama.
 
Pero a pesar de eso, advierte que es buena amante. "Por supuesto que lo soy. Y creo que lo básico para serlo es tener mucha fantasía. Por desgracia no abundan los buenos", reiteró.

Que su padre abandonara su hogar por otra mujer despertó en ella un deseo de venganza. Por eso mientras de adolescente trabajaba para sostener a su familia, ya fuera como mesera, secretaria, modelo o en una estación de gasolina, soñaba con ser famosa.
 
La oportunidad se le presentó a los 20 años cuando ganó el concurso de belleza Miss TV Europe. Desde entonces recibió propuestas para participar en películas donde el común denominador era que apareciera desnuda.
 
En esa época tenía una relación con un artista belga, 27 años mayor que ella, llamado Hugo Claus, con quien tendría a su único hijo, Arthur. Él la habría impulsado a realizar el casting para Emmanuelle, película dirigida por Just Jaeckin, basada en la novela de 1957 de la escritora franco-asiática Marayat Rollet-Andriane, que en un principio fue vetada en Francia.

"Yo tenía 19 años y proyectaba películas, cuando se estrenó 'Emmanuelle'. El mundo estaba cambiando, las mujeres empezaban a reconocer su sexualidad y pienso que esta película fue la mejor manera de mostrar cómo las mujeres podían buscar su propio placer", recuerda Mary Jo Fay, escritora norteamericana experta en temas de pareja.
 
Lo curioso es que muchas feministas de esa nacionalidad acusaron a Sylvia de mostrar a la mujer como objeto sexual, mientras en los teatros las japonesas aplaudían la escena en que Emmanuelle hacía el amor sobre su marido, pues consideraban que era una bofetada al machismo de su país. Desde entonces, alrededor de 650 millones de personas han visto ese clásico del cine erótico.

Sylvia admite en sus memorias que el impacto no se debió precisamente a su talento actoral y recuerda que en el rodaje, cuando olvidaba el libreto, el productor le decía que no se preocupara, que de todas maneras iba a ser doblada. "Mi cuerpo era más interesante que mis palabras", concluye.
 
Por la primera cinta de Emmanuelle la actriz recibió 6.000 dólares, y para la segunda, ya consciente de su éxito, pidió 100.000. La franquicia continuó con otras actrices y hasta hay una Emmanuelle y los últimos caníbales y Emmanuelle versus Drácula. Entre tanto, Sylvia trataba de explorar nuevos personajes, pero nunca pudo deshacerse de la imagen de mujer erótica: "Mamá, ¿no puedes hacer una película en la que no tengas que quitarte los calzones?", le preguntó Arthur cuando tenía 10 años. Su otro mayor éxito fue Private Lessons, donde interpreta a una empleada doméstica que seduce a un muchacho de 15 años.

Tampoco pudo deshacerse de la piel del personaje frente a los hombres. "Se acercaban a mí buscando a Emmanuelle, y los que me interesaban huían porque no creían que pudieran dar la talla", confesó a esta publicación. Asegura que cometió un gran error al dejar al padre de su hijo por el actor británico Ian McShane.
 
La relación fue tormentosa y marcada por los excesos con las drogas y el alcohol de las fiestas de Hollywood. Sylvia se casó dos veces: la primera con Alan Turner, un hombre de negocios que la habría abandonado a los cinco meses de matrimonio; y la segunda con un seudo cineasta llamado Philippe Blot que la persuadió de financiar sus películas y la dejó arruinada. También tuvo romances con Gérard Depardieu y Warren Beatty.

Hoy está alejada de esa vida desenfrenada que le llegó con Emmanuelle. Después de sobrevivir al cáncer de garganta y de pulmón, prefiere estar tranquila en su pequeño apartamento alquilado donde se dedica a pintar y a ver telenovelas, en la misma sala donde descubrió hasta qué punto habían cambiado las cosas. Allí recientemente su hijo vio Emmanuelle por primera vez: "Mamá, esto es aburrido", le dijo, y se quedó dormido.

Una crítica de la época

A modo de homenaje, BBC Mundo publicó los comentarios del cinéfilo Roger Ebert en el Chicago Sun-Times, en enero de 1975, sobre la película "Emmanuelle":

Ha habido películas que han sido influenciadas por otras, y directores que han sido influenciados por otros, pero Emmanuelle es tal vez la primera película influenciada por las páginas centrales de las revistas.

Lo que hace que el filme funcione es la actuación de Sylvia Kristel... proyecta una cierta vulnerabilidad que permite que muchas escenas funcionen.

Las actuaciones en la mayoría de las tomas íntimas parecen insensibles hasta lo ordinario para la atención de un mortal, dejándote indiferente ante la más escandalosa invención sexual, que finalmente se transforman en simples personajes de caricaturas. Kristel pareciera que está presente en la película, tan absorbida por sus revelaciones como nosotros.
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