Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2001/09/17 00:00

Emperatriz del sol naciente

Con el nacimiento de la primogénita del príncipe Naruhito se estudia la posibilidad de modificar la línea de sucesión para que una mujer pueda acceder al trono de Japón.

Emperatriz del sol naciente

"Si a los britAnicos no les importa tener una reina por qué debería preocuparnos a nosotros”, respondió un anciano japonés a los reporteros de la BBC de Londres cuando le preguntaron su opinión acerca del nacimiento de la primogénita del príncipe Naruhito, una adorable niña que la semana pasada puso a pensar al pueblo japonés sobre la posibilidad de reestructurar los derechos hereditarios al Trono del Crisantemo, la casa real más antigua del planeta, con más de 1.400 años en el poder.

La afable actitud del anciano revela una verdad que es innegable para los súbditos del imperio del sol: si no se cambian las reglas de sucesión es probable que la dinastía desaparezca.

Desde 1965 en la familia real no ha vuelto a nacer un hijo varón y las probabilidades de que la princesa Masako quede embarazada nuevamente son escasas pues en el pasado la esposa del heredero ha tenido varios contratiempos durante la etapa de gestación, como el que ocurrió en 1999 cuando sufrió un aborto provocado, al parecer, por el estrés que le causó el constante acoso de los medios de comunicación. En ese momento la futura emperatriz culpó a los periodistas de la excesiva presión a la que la habían sometido para quedar embarazada de un varón y de las continuas especulaciones acerca de su matrimonio ya que para los súbditos era inconcebible que ocho años de unión conyugal no hubieran dado fruto.

Desde entonces la prensa se ha mostrado bastante prudente y para no herir la susceptibilidad de la princesa los titulares hacen eco en la bendición que supone la llegada de la nueva niña justo cuando el país atraviesa por uno de los momentos más agudos de su historia, pues soporta una grave crisis económica y un alto índice de desempleo.

Aunque el primer ministro, Junichiro Koizumi, fue enfático al afirmar que todavía no existen planes concretos para cambiar la ley dejó entrever que todas las opciones para designar un heredero al trono serán seriamente analizadas. Sobre todo en los años venideros si las princesas Masako y Kiko, esposa del príncipe Akishino, no dan a luz varones.

Si bien la prohibición se remonta a mediados del siglo XIX los académicos afirman que su antigüedad no es razón suficiente para mantenerla vigente dado que en la historia de Japón han gobernado por lo menos ocho emperatrices. Los defensores de la reforma aseguran que la norma viola los derechos constitucionales que garantizan la igualdad de los sexos y si se logra aprobar el cambio en el seno de la monarquía Japón estaría reivindicando la posición de la mujer en la sociedad.

En una encuesta realizada hace un mes por la agencia de noticias Jiji Press el 55 por ciento de los entrevistados se mostró a favor de que una mujer subiera al trono, cifra considerable en comparación con el 7,9 por ciento que se declaró en contra de la medida.

Este cambio de mentalidad obedece en parte a la figura de la princesa Masako, hija de un diplomático con mucho poder en el gobierno, quien durante siete años se dio el lujo de poner su carrera profesional por encima de los galanteos del heredero al trono de Japón. En 1993 la esquiva Masako Owada finalmente aceptó casarse con el príncipe cuando se enteró de que Niruhito no sólo había rechazado a todas las demás candidatas sino que había anunciado que se quedaría soltero a menos que Masako lo aceptara como marido. Desde su vinculación a la familia real la princesa, educada en Harvard y Oxford, ha cumplido con sus deberes como futura emperatriz al mismo tiempo que intenta hacer valer su opinión. Incluso se rumora que ella y su esposo serán los encargados de buscarle nombre a su hija, rompiendo así con una tradición milenaria, según la cual es el emperador, en este caso Akihito, quien escoge el nombre del recién nacido.

Todavía es muy pronto para saber cuál será el desenlace de esta historia pero es probable que tras 1.000 años de hegemonía masculina en un futuro no muy lejano una mujer vuelva a ocupar el lugar que le pertenece en el Trono del Crisantemo.

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