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| 4/20/1992 12:00:00 AM

EN BUSCA DE LA DAMA PERDIDA

Nuevas evidencias encontradas en una isla del Pacifico, prometen resolver el misterio de la desaparición de Amelia Earhart.

EN BUSCA DE LA DAMA PERDIDA EN BUSCA DE LA DAMA PERDIDA
ESTAMOS EN LInea 157337... " fueron las palabras con las que Amelia Earhart hizo su entrada a la leyenda. Después de pronunciarlas el 2 de julio de 1937 a las 8:45 de la mañana, ella, su avión y su navegante, Fred Noonan, desaparecieron en alguna parte del Pacífico, abriendo un misterio que es apenas comparable con el del hijo de Lindberg. Nada de lo que hizo en vida, que fue mucho, supera la incógnita que dejó su desaparición. Fue la segunda persona después de Charles Lindberg en cruzar sola el Atlántico, alcanzó varios récords de velocidad y altitud, fundó una compañía aérea y se disponía a darle la vuelta al mundo por la línea del Ecuador en su avión Lockhedd Electra, cuando se la tragó la historia. Tenía 39 años.

Eso fue hace medio siglo, pero ahora, una serie de artefactos encontrados en una isla deshabitada del Pacífico y pasados por toda suerte de pruebas científicas, no sólo reviven la historia sino que amenazan con resolver el misterio.

Richard Gillespie, un piloto retirado y experto en investigaciones de aviones perdidos, se encontró hace un año con que la búsqueda que se hizo del avión los días siguientes a la desaparición, pasó por alto importantes evidencias y dejó vacíos que podían ser la clave del misterio. Resolvió, entonces, simular paso a paso el viaje de la Earhart dejando que su mente de experimentado piloto fuera tomando decisiones desde el momento en que se perdió contacto con la radio. Estudiando factores como posición del Sol, clima, vientos, reserva de gasolina, etc., de ese preciso día, Gillespie terminó su simulación aterrizando de emergencia en Nikumaroro, la única isla que según los reportes de la época se pasó por alto. A ello sumó reportes de guardacostas que en ese año aseguraron haber visto restos de lo que parecía ser una estructura para recoger agua lluvia en una isla deshabitada. Además de que esa sola información ponía sobre la mesa la posibilidad de que la pareja de aviadores hubiera sobrevivido un tiempo indeterminado en la desolada isla, la investigación de Gillespie llegó a la conclusión de que las lonas utilizadas para construir dicha estructura, correspondían a las cubiertas con las que en la época se cubrían los motores de un avión. Además, una serie de historias contadas por habitantes de las islas cercanas y registradas por los guardacostas; en las que aparecían dos cadáveres de un hombre y una mujer encontrados en Nikumaroro hace años, lo llevaron a emprender la expedición que culminó en estos días con el hallazgo de importantes evidencias: un pedazo de una caja de navegación igual a la que el navegante Noonan, según fotografías, llevó el día del trágico viaje; un tacón y una suela de zapato, que pasados por ojos expertos, resultaron ser de la marca que usaba Earhart y de su talla, además de corresponder a un diseño de los años 30; un pedazo de aluminio que después de pasar por el laboratorio reveló que se trataba de un tipo de aliación con la que se construían aviones antes de la guerra; y un trozo de una antena igual a la que llevaba en la barriga el avión de Earhart el día de su último viaje.

Sin embargo aunque para Gillespie las evidencias son contundentes y el misterio está resuelto, otros expertos en el tema guardan reserva y el destino que sufrió Amelia Earhart, la más aguerrida mujer piloto, sigue en el limbo de la historia.

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