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| 3/15/1999 12:00:00 AM

EN BUSCA DEL CULPABLE

Conmoción en Francia a raíz del juicio a tres ex ministros de François Mitterrand queserían <BR>responsables de una infección masiva de sida.

La semana pasada, mientras la opinión pública se concentraba en el proceso de
impeachment del presidente Bill Clinton, un escándalo político de proporciones similares se gestaba en
Francia. A diferencia del affair norteamericano, el problema que hoy pone en jaque a los franceses no
tiene nada que ver con las preferencias sexuales de su primer mandatario sino con las actuaciones de tres
ministros del gobierno Mitterrand que, al parecer, estarían involucrados en la propagación masiva del virus del
sida.
En un acto sin precedentes en la historia política del país el ex primer ministro socialista Laurent
Fabius, el ex secretario de Estado de Sanidad Edmond Hervé y la ex ministra de Asuntos Sociales
Georgina Dufoix, serán juzgados penalmente por los cargos de negligencia y homicidio involuntario. Los
acusados deberán explicar ante el Tribunal de Justicia de la República _T.J.R_, su participación en los
hechos ocurridos entre mayo y junio de 1985 cuando las autoridades sanitarias aprobaron la realización de
transfusiones sanguíneas sin el previo análisis viral de las muestras.
Como consecuencia de este acto cerca de 4.000 personas _1.300 de ellas hemofílicas_ resultaron
infectadas con el VIH. Hasta el momento la epidemia ha causado la muerte de 600 personas y se estima que
la mitad de los infectados no sólo han desarrollado la enfermedad sino que la han transmitido a sus parejas.

Las causas
Los descubrimientos de la comisión de instrucción han demostrado que durante la década de los 80 el
gobierno de FrançoisMitterrand no ejerció un control específico sobre las donaciones de sangre. A pesar
de que la Dirección General de la Salud advirtió en numerosas oportunidades sobre el peligro al que se
exponían los pacientes que recibían transfusiones sin analizar, los institutos hicieron caso omiso y
siguieron recogiendo muestras entre la población carcelaria _principal fuente de abastecimiento_ a
sabiendas de que estas personas vivían en permanente riesgo de con-traer enfermedades. Esta falta de
prevención fue, según los investigadores, el origen del caos.
Las víctimas, por su parte, no se sienten satisfechas con semejante explicación y han puesto en tela de juicio
la gestión administrativa de los ex ministros. Los enfermos y sus familiares acusan a Fabius, Hervé y
Dufoix de retardar la aprobación de un test norteamericano empleado para detectar la presencia del sida en
la sangre. Los críticos aseguran que detrás de esta decisión se escondía un interés particular. Al parecer los
funcionarios _en especial Fabius_ querían darle un poco más de tiempo a la firma francesa
Diagnostics-Pasteur para que sacara su propio producto. Lo más escabroso del asunto es que mientras
el gobierno trataba de controlar el mercado farmacéutico cada semana cerca de 200 personas resultaban
infectadas.

¿Juicio amañado?
Aunque los franceses han salido a las calles a clamar justicia y a exigir que se respeten los derechos de las
víctimas, lo cierto es que los propios afectados no esperan mucho de este nuevo proceso. Dicha indiferencia
no es de extrañar si se tiene en cuenta que en 14 años de pleitos sólo han sido condenados Michel
Garretta, director general del centro nacional de transfusión sanguínea, y Jean-Pierre Allain, antiguo jefe
del departamento de investigación.
En esta oportunidad el fallo dependerá del T.J.R., ente de carácter político y judicial creado en 1993 para
juzgar los delitos cometidos por los altos mandos del gobierno. El Tribunal se estrenará con este caso y,
como era de esperarse, las posiciones en torno de su función se encuentran divididas. Mientras unos
creen que el proceso puede llegar a feliz término, otros consideran que una decisión tomada por un
organismo cuyos miembros son en su mayoría parlamentarios deja mucho que desear.
En los corrillos se comenta que varios funcionarios _incluido el procurador general del T.J.R.,
Jean-Francois Burgelin, quien ha solicitado dos veces la preclusión del proceso_ están interesados en que el
juicio no pase a mayores.
Para evitar esta clase de malentendidos el Tribunal ha citado a 62 testigos que durante las próximas tres
semanas tendrán la oportunidad de exponer su versión sobre las irregularidades que se presentaron con las
transfusiones.
Pero lo realmente dramático es que mientras la gente se preocupa por el futuro político de los ex ministros
casi nadie se interesa por la vida de los 4.000 infectados que gracias a la negligencia de sus
gobernantes han tenido que enfrentar un negro desenlace.

Las víctimas
El juicio que se adelanta actualmente pretende determinar la culpabilidad de los tres ex ministros en la
contaminación de sida de siete personas durante el verano de 1985. Después de tres semanas de audiencia
el Tribunal de Justicia de la República deberá decidir si los acusados son culpables de las muertes de Paul
Pérard _un anciano de 73 años que resultó infectado luego de una operación de corazón abierto_; Charles
Edouard Pernot _un niño de cinco años que fue contagiado al momento de nacer_; Pierre Roustan _un
anciano hemofílico que adquirió la enfermedad luego de una transfusión_; Hanathan Malik _una mujer
contaminada durante una operación de corazón_, y Sarah Malik _una niña que resultó con sida durante su
permanencia en una unidad materno infantil_. También deberán responder por la contaminación de Silvie Rouy
_que se infectó luego de dar a luz_ y de Yves Aupic, quien ahora debe andar en muletas debido a las
complicaciones de la enfermedad. De ser encontrados culpables, Fabius, Hervé y Dufoix serían condenados a
una pena de cinco años.
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