Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2007/06/30 00:00

En la cima

En su centenario, México celebra en grande el legado de Frida Kahlo. No falta la controversia sobre su comercialización.

En la cima

A Frida Kahlo le sorprendía cada vez que alguien quería comprarle uno de sus cuadros. Cuando algún fanático se acercaba a su casa en Coyoacán y le ofrecía dinero por una de sus obras, ella sonreía, divertida. "Pensaba que eran locos o que estaban enamorados de ella", cuenta Antonio García Bustos, sobrino de Diego Rivera y uno de los alumnos de la pintora. Es posible que la artista mexicana jamás imaginara ser una de las figuras centrales de la historia del arte del siglo XX. Tampoco se le pasaría por la cabeza que su vida revolucionaria, su tormentosa relación con Diego Rivera, su supuesta homosexualidad y todas las leyendas que rodearon su vida estarían en boca de todos. Nunca se le hubiera ocurrido que su cara estaría en camisetas o que existiera la palabra 'fridomanía'. Y mucho menos que, a 100 años de su nacimiento, el gobierno y el pueblo de su país le rendirían un homenaje sin precedentes.

Pero desde hace varias semanas una fiebre fridomaníaca golpea a México. Sobre todo desde que se abrió la exposición Frida Kahlo, 1907-2007. Homenaje nacional, en el Palacio de Bellas Artes, en el centro del Distrito Federal. Se trata de la mayor retrospectiva que se ha hecho jamás sobre la artista -incluso más grande que la que se organizó en 2005 en la Tate Modern de Londres-. La muestra está compuesta por más de 350 piezas -entre las que se encuentran 65 óleos, 45 dibujos, 11 acuarelas, cinco grabados y un centenar de fotografías y varias cartas- que intentan dar una visión completa de la vida y la obra de Kahlo. En ella se reúnen obras provenientes de todo el mundo y en la curaduría participaron reconocidos artistas, críticos de arte, familiares y amigos de la pintora.

Los mexicanos han recibido este homenaje casi con devoción. El primer fin de semana de la muestra, las filas, se extendían varios kilómetros sobre la explanada del museo. Los visitantes -mexicanos y extranjeros- soportaban una espera de horas bajo el sol veraniego para entrar. "No me gusta ponerme en el lugar de Frida, pero sé que hubiera estado muy conmovida. No por el homenaje que le hace el gobierno, de derecha además, sino por el cariño con el que la gente mira su obra. A ella le costaba mucho trabajo pintar. Por su enfermedad y sus impedimentos dejaba la vida en cada uno de sus cuadros. Así que ver la emoción con la que el pueblo mexicano celebra su aniversario la hubiese complacido mucho, estoy segura", dijo a SEMANA Raquel Tibol, autora de Frida Kahlo: una vida abierta. Pero Tibol, tal vez la mayor experta sobre Kahlo, es un poco escéptica frente a esta euforia: "Pasaron 20 años, 20 largos años, en los que el pueblo mexicano mantuvo a Frida en el olvido. Y ahora, tal vez por una reacción de boca en boca, la gente se amontona para verla. Además esta fiebre no empezó en México, empezó en la mitad de los años 70 en Europa y Estados Unidos", dice la crítica.

Pero la presencia de Frida se extiende por toda la capital. A varios kilómetros de Bellas Artes, en el extremo sur, se encuentra el Museo Frida Kahlo, conocido como La Casa Azul. Es el lugar, en la esquina de las calles Londres y Allende, donde la mexicana nació y vivió toda su vida. Hoy conserva los objetos que le pertenecieron y pretende recrear su cotidianidad. Allí se inaugurará, el 5 de julio, la exposición Tesoros de La Casa Azul, Frida y Diego. Se trata de una muestra que complementa el homenaje de Bellas Artes y que pretende mostrar una faceta más íntima de su vida. La selección está compuesta por más de 30.000 objetos -entre los que hay fotografías, cartas, dibujos, bocetos, recortes de prensa, carteles y vestidos de Kahlo- que habían permanecido guardados por años. Casi todos estos objetos se archivaron en cajas después de la muerte de su compañero Diego Rivera y, por primera vez, se mostrarán al público. Lo que más ha sorprendido de estos archivos es la correspondencia de Frida: se conocía muy bien lo que ella le había escrito a varios personajes históricos, pero nunca se había mostrado lo que ellos le habían contestado.

La combinación de estas dos exposiciones revela varios aspectos desconocidos de su vida. El primero es el de su relación con la fotografía. Guillermo Kahlo, su padre, fue un extraordinario fotógrafo y le transmitió a su hija el amor por este arte. Desde muy joven ella aprendió a posar y a tener una gran presencia frente a la cámara. De hecho, en la exposición de Bellas Artes están exhibidas dos fotografías que ella misma tomó y un sin fin de registros gráficos de su vida. El otro eje es el de su faceta política. Aunque ya era muy conocida, por primera vez se muestra, en su plenitud, la magnitud de su lucha. Hay, por ejemplo, una fotografía que lo resume todo: poco antes de su muerte la pintora se presentó, ya muy enferma, a una reunión política que pretendía revelar las acciones de la CIA en Centroamérica. Esta imagen, dramática, es una prueba contundente del nivel de su compromiso.

Y, finalmente, esta avalancha de descubrimientos de cierta forma contradice lo que se ha escrito sobre ella. Los objetos, las cartas y los dibujos inéditos muestran a una Frida mucho más alegre y vital. "Los biógrafos y las películas que han hecho sobre ella se han centrado en una imagen un tanto novelesca. Aunque sí sufrió, era una joven alegre y con dos grandes amores: Diego Rivera y el partido comunista", comenta García Bustos.

Pero más allá, estas muestras han servido para confirmar la magnitud de su obra, que algunos ya creen más importante que la de su compañero Diego Rivera. "No se puede decir que la obra de Frida eclipse a la de Diego Rivera. Él es uno de los artistas más importantes de México. Sin embargo la vida y la obra de ella tocan más fibras sensibles. Su trabajo le dice mucho a la gente del común, pero también a los discapacitados, a las feministas y a los homosexuales", dijo a SEMANA Cristina Kahlo. La sobrina de la pintora, que es a su vez fotógrafa, concluye: "Creo que Frida estaría muy sorprendida con lo que se dice. Ella vivió y pintó toda su vida a la sombra de Diego y su obra era más una expresión personal".

Pero, como todo lo relacionado con Frida, este aniversario no ha estado exento de controversia. Quienes primero atacaron fueron los especialistas. Varios de ellos criticaron la exposición por ser sesgada e improvisada. La misma Tibol declaró que creía que varios de los cuadros eran falsos y que nadie se había tomado la molestia de verificarlo. Y, claro, no han faltado quienes aprovechen este aniversario para hacer una protesta política. La noche de la inauguración, cientos de personas se reunieron en Bellas Artes para protestar contra la organización. En medio de los festejos, a los que asistió el presidente Felipe Calderón y otros 1.000 invitados de honor, los manifestantes se mostraron en contra de que el criticado gobierno fuera el encargado de financiar la exposición. "Frida es del pueblo" gritaba la gente.

A esto hay que añadirle la comercialización, un poco infame, que han emprendido algunos empresarios y multinacionales (ver recuadro). Esta situación venía ocurriendo desde la década de los 90, cuando figuras como Madonna, Salma Hayek y Jennifer López se obsesionaron con la pintora, y se está convirtiendo en un irrespeto por su obra y su difícil existencia. Además de esto se anuncian nuevas películas, libros y otros miles de eventos que harán que la 'fridomanía' dure varios años. Aun así, es posible que todo esto hubiese divertido mucho a la Kahlo y que lo hubiera mirado, desde lejos, con una sonrisa. Como cuando sus enamorados le iban a comprar cuadros.

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