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| 11/18/1991 12:00:00 AM

EN TODO LO ALTO

Con sus banderillas Rodrigo Arias, Monaguillo de Colombia, remató la faena histórica de César Rincón en Europa.

NO PASO MUCHO TIEMPO ANTES DE QUE LOS REGIOS TENDIDOS españoles, extasiados con las faenas de leyenda de César Rincón, voltearan a mirar a sus subalternos. Y el momento de las banderillas paso obligado que hincha la expectativa de un público que espera faena y buena -fue convirtiéndose en manos de Rodrigo Arias, Monaguillo de Colombia, en un espectáculo por derecho propio. El brillo del matador se extendía a su cuadrilla. Y si en cada corrida César Rincón salía de la plaza sobre los hombros del frenetismo, Rodrigo Arias entregaba su montera a la ovación del público.
Hace cuatro años Rincón lo llamó a formar parte de su cuadrilla. En ese momento, no los unía más que una vieja amistad de la infancia y el común deseo de triunfo. Deseo que nació en Rodrigo cuando de muy pequeño oía las corridas por radio. La primera vez en su vida que estuvo en una plaza tenía nueve años, lo impresionó el público, el toro y, claro está, el torero. Pero la imagen que quedó definitivamente grabada en su memoria fue la de los banderilleros.
Unos primeros pinitos sobre la almohada de su cama lo llevaron a una escuela especializada y a un temido exámen final: poner las banderillas a los seis toros de una corrida. Fue en Manizales, su tierra natal. Su profesión ya era una pasión en su vida y no le iba nada mal. La primera vez que estuvo en la Plaza de Santamaría se anunciaba un cartel mayor: Jorge Herrera, Yiyo y Palomo Monaguillo formó parte de la cuadrilla de Palomo y también de la de Herrera, que era donde estaba cuando Rincón lo llamó. Con el sí que le dio ese día al diestro, Rodrigo Arias firmó la carta del triunfo.
Hoy, instalado en el esquivo pico del éxito, Monaguillo piensa sobre el verdadero temor de un hombre en el ruedo. Ese momento en que, parado a un escaso metro del toro, se materializan ante sus ojos 450 kilos de fuerza y una mirada iracunda de animal herido se clava en la suya:
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