Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2005/03/06 00:00

Enigma eterno

Vuelve el mito del Manuscrito Voynich, el único documento medieval aún no descifrado.

Enigma eterno

Hasta hoy nin-gún experto ha podido descifrar el Manuscrito Voynich, pero su leyenda acaba de atizarse por un libro publicado en España y Argentina. Las páginas originales del Voynich están ahora disponibles en Internet y un grupo de expertos europeos ha desarrollado un alfabeto para intentar esclarecer el enigma.

Desde su aparición en 1912, cuando el librero inglés Wilfred Voynich lo rescató de un monasterio jesuita en Roma donde permaneció oculto por más 240 años, el Manuscrito Voynich ha sido sometido a toda suerte de análisis criptográficos, históricos y lingüísticos, pero nadie ha logrado develar su contenido. Su lenguaje es desconocido e impenetrable y sus ilustraciones corresponden a plantas, mapas estelares y cosas inexistentes. Algunos consideran que el Voynich no es más que una "ingeniosa estafa" de la Edad Media que sirvió para engañar en 1600 al rey Rodolfo II de Praga (un enamorado del ocultismo, la magia y la astrología que tuvo en su corte a Johannes Kepler), quien pagó por aquel libro extraño 600 ducados, más de 50.000 dólares actuales. Pero muchos sostienen que se trata de una gran obra científica, con un contenido tan extraordinario, que por eso la Iglesia la mantuvo escondida por tanto tiempo, e incluso hay quienes aseguran que atesora revelaciones de civilizaciones extraterrestres.

Lo cierto es que se ignora quién lo escribió y en qué siglo. La única prueba de su datación es una carta que Voynich encontró dentro del manuscrito, fechada en 1666, donde el jesuita y rector de la Universidad de Praga, Johannes Marci, le pide a un criptógrafo alemán que lo descifre. Le cuenta que un miembro de la corte decía que era obra del inglés Roger Bacon, un prestigioso fraile franciscano, teólogo, filósofo y precientífico del siglo XIII, autor de textos de alquimia y astronomía, quien afirmaba que los eruditos debían escribir sus libros en código para que solamente pudiesen leerlos los hombres intelectualmente capaces de descifrarlos. Bacon llegó a redactar varios documentos con lenguajes cifrados, pero todos ellos ya han sido traducidos. Así que ciertos estudiosos del caso señalan como autor a Leonardo da Vinci, dados sus conocimientos y la semejanza de su caligrafía con la que aparece en el Manuscrito Voynich. Pero no existe una autoría clara y numerosos historiadores suspicaces dicen que se trató de dos eruditos ingleses venidos a menos (John Dee y Edward Kelley) que tenían el conocimiento y los contactos para realizar esta obra y estafar con ella al rey de Praga en el siglo XVII.

El reciente lanzamiento en España y Argentina del libro El Manuscrito Voynich (Aguilar) del escritor argentino Marcelo dos Santos, se suma a la publicación en Internet de los originales completos del Voynich por parte de la Universidad de Yale (www.library.yale.edu/beinecke), cuya Biblioteca Beinecke de Manuscritos y Libros Raros custodia el volumen desde 1969 y lo describe como un "texto científico o mágico de lenguaje indefinido".

Miles de personas se han roto la cabeza tratando de descifrar este manuscrito y existen versiones de que muchos se han enloquecido en el intento. Incluso se habla de un supuesto grupo de "conspiradores contra el conocimiento oculto" que a lo largo de la historia ha impedido develar el contenido del libro. En 1916 el alemán Adolf Roidingercht anunció que podía descodificarlo, pero desapareció misteriosamente tres años después, y en 1921 el profesor de la Universidad de Pennsylvania William Newbold dijo haber hallado "cosas interesantísimas" en el documento y convocó a una rueda de prensa que nunca pudo realizar por presuntas amenazas de muerte. Falleció en 1926. Los seguidores del Voynich sostienen que Roidingercht descubrió en el manuscrito el diario de una civilización desaparecida capaz de hacer viajes interplanetarios. Y que Newbold encontró en el mismo texto un asombroso estudio sobre el cerebro humano y las claves para su máximo desarrollo que permitirían superar de un salto millones de años de civilización, pero no existen pruebas que confirmen estos hipotéticos hallazgos.

En 1996 Gabriel Landini y Rene Zandbergen, dos profesores ingleses de la Universidad de Birmingham, pusieron en marcha el Proyecto Europeo de Transcripción del Manuscrito Voynich (Evmt, por sus siglas en inglés). Pero tras nueve años de estudios y análisis en computadoras el Voynich sigue indescifrado. Su mayor 'avance' ha sido la trascripción a signos occidentales de todos los caracteres del Voynich y una tabla que se conoce como código EVA (European Voynich Alphabet) que ahora se distribuye por correo e Internet para ver quién puede encontrarle sentido al libro. Sin embargo, los resultados conseguidos son una jerigonza incongruente en todos los idiomas europeos, por ejemplo: "qokedy qokedy dal qokedy qokedy" (página 77 del Voynich).

Por eso, en los últimos años se ha acentuado la idea de que el Voynich es una estafa sin contenido alguno y algunos estudiosos se han dado a la tarea de hallar el modo en que fue escrito. "Estamos seguros que se utilizó para escribirlo la Rejilla de Cardamo, un sistema creado en 1550 para codificar textos fácilmente, o un mecanismo semejante de la época, pero hasta que no demos con la llave que sea capaz de reproducir su jerigonza persistirá el enigma del Voynich", dijo a SEMANA el astrónomo español y escritor de libros de divulgación científica Francisco Violat. Por su parte, Dos Santos cree que, estafa o no, el mito del Manuscrito Voynich proseguirá por muchos años más porque representa la gran capacidad de la invención humana.

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