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| 6/16/2012 12:00:00 AM

Érase una vez… Los cuentos de hadas en el cine

Con 'Blancanieves' y otros clásicos, los cuentos de hadas regresan a la pantalla grande. Pero ya no son las versiones edulcoradas del siglo XX, sino historias épicas más relacionadas con los oscuros textos originales.

... Una reina que encontró en pleno invierno en su jardín una rosa solitaria que desafiaba al viento helado. Fascinada por su belleza intentó recogerla, pero se clavó una espina en el dedo. Entonces deseó tener una niña de "piel blanca como la nieve, labios rojos como la sangre y cabello negro como las alas del cuervo". En la nueva versión en la pantalla grande de Blancanieves, el cuento clásico de los hermanos Grimm, la futura madre agrega "y que mi pequeña tenga la fuerza de esta rosa". Y así sucede.

En Blancanieves y el cazador, interpretada por Kristen Stewart, la protagonista cambia sus vestidos de princesa por una armadura y se enfrenta a las huestes de su malvada madrastra, la reina Ravenna (Charlize Theron), que absorbe la vida de otras mujeres para mantenerse joven. Y aunque la historia conserva elementos como la manzana envenenada, el espejo mágico, los enanos y el beso que rompe la maldición, se aleja del tono rosa que Walt Disney le puso a este cuento de hadas hace 75 años cuando lanzó a la fama a la jovencita ingenua que le cantaba a los pájaros y pasaba sus días esperando a que un príncipe azul la rescatara.

La nueva Blancanieves vive una historia descarnada, épica y violenta que evoca a personajes históricos como Juana de Arco o ficticios como Aragorn en El Señor de los Anillos de Tolkien. Esta vez la princesa no asume el rol de damisela en peligro, sino que es la elegida para liberar a su pueblo y vengar la muerte de su padre, apuñalado por su madrastra en la noche de bodas. Una historia oscura que recuerda los relatos germánicos que recopilaron los hermanos Grimm, concebidos inicialmente para que los adultos se entretuvieran y, de paso, mantuvieran controlados a los niños a punta de físico miedo. "Por ejemplo, mientras en la versión de los Grimm la reina malvada baila hasta morir con unos zapatos de hierro sobre carbón hirviendo, Disney suaviza su final y la hace resbalar por un acantilado", explicó a SEMANA Maria Tatar, directora del Programa de Folclore y Mitología de la Universidad de Harvard. Walt Disney no quería que sus películas fueran asociadas con tanta violencia.

Blancanieves y el cazador debutó en Estados Unidos con clasificación para mayores de 13 años, "por sus intensas secuencias de violencia, acción y sensualidad". Pero, en forma muy diciente, eso no afectó la taquilla, pues adolescentes y adultos acudieron masivamente a los cines y solo en su primer fin de semana venció a Hombres de negro 3 y Los vengadores al recaudar más de 56 millones de dólares. No es la primera vez que Hollywood lleva al cine los cuentos de hadas, pues clásicos como Pretty Woman no son otra cosa que una versión moderna de La Cenicienta. Lo novedoso es que la industria reconozca su deuda con este género y se atreva a contar una historia más oscura y retorcida que la versión dulzona que salió del lápiz de Walt Disney hace 75 años, cuando convirtió este relato en el primer largometraje en color de la historia.

Producciones como El Señor de los Anillos, Harry Potter y Crepúsculo abrieron con su fantasía un camino para que los cuentos de hadas originales llegaran a la gran pantalla y demostraron lo lucrativo que podía resultar apuntarle al público adolescente. Pero Alicia en el país de las maravillas, de Tim Burton, comprobó que hacer nuevas versiones de los cuentos infantiles, con acción, romance y actores reconocidos, es un éxito asegurado en taquilla. Hay quienes sostienen que estas cintas son la gallinita de los huevos de oro de Hollywood: sus historias no tienen derechos de autor y, ante la incertidumbre de los nuevos proyectos, actualizarlas es una apuesta fija.

Tal vez por eso en lo que va del año ya han salido tres películas sobre "la princesa de pelo negro como el ébano". Aparte de Blancanieves y el cazador, está Espejito, espejito de Tarsem Singh, más cercana a la parodia, en la que la princesa se convierte en una especie de Robin Hood que roba a la Reina Malvada (Julia Roberts) para redistribuir entre los pobres los impuestos que su madrastra despilfarra en cosméticos. La tercera, que acaba de ser estrenada, es la del director Pablo Berger, un melodrama gótico, mudo y en blanco y negro, ambientado en la España de los años veinte. Una de sus peculiaridades es que cambia la profesión de los enanos de mineros a toreros.

Pero reinventar a Blancanieves y los demás personajes del universo de los cuentos de hadas no es una tarea exclusiva del cine. La televisión también ha hecho lo propio con series como Grimm y Once Upon a Time, que se centran en el lado sombrío de estos personajes. Por ejemplo en Grimm, una serie policial al estilo CSI, un detective de homicidios debe resolver crímenes que involucran a Caperucita Roja, el lobo, los tres cerditos y otros tantos seres sobrenaturales, espeluznantes en su mayoría, que viven camuflados entre los humanos.

En contraste, Once upon a time se mueve en la frontera entre la realidad y la fantasía, pues sus protagonistas viven en un pueblito estadounidense sin saber que en realidad son personajes de cuentos de hadas atrapados en el único lugar donde no existen los finales felices: la realidad humana. Estos programas se estrenaron en octubre del año pasado y, dado el éxito que han tenido, ya están grabando su segunda temporada. Hace poco los creadores de Once upon a time, entre los que figuran algunos guionistas de Lost, declararon que esta serie es popular porque en tiempos de crisis el público prefiere historias reconfortantes. Algo similar a lo que ocurrió cuando la versión de Disney salió en 1937, en medio de la Gran Depresión.

"Los cuentos de hadas hablan de lo que somos. Son parte de nuestro bagaje y nos ayudan a reflexionar sobre nosotros mismos y nuestras sociedades -le explicó a SEMANA Andrew Teverson, director de Literatura Inglesa y Escrituras Creativas de la Universidad de Kingston en Londres-. No son estáticos, se ajustan a cada generación y a cada cultura para reflejar sus inquietudes, deseos y ambiciones". Quizás por eso hoy las personas se siguen refugiando en la fantasía, pero no en esa irrealizable de Disney, sino en aquella que permite soñar con animales que hablan, árboles que caminan, dragones tenebrosos, doncellas temerarias y príncipes dispuestos a luchar con ellas. En resumen, grandes aventuras que generan emoción pero no decepcionan, pues al fin de cuentas, en estas versiones modernas, así como en la realidad, tampoco existe el "vivieron felices para siempre".
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