Lunes, 1 de septiembre de 2014

La marca One Direction ganó 50 millones de dólares en 2012, cifra que la productora espera duplicar este año. Sus presentaciones en público generan una histeria tal entre las fanáticas que la Policía siempre debe estar presente. AFP

| 2013/06/22 03:00

Espectáculo: jóvenes, bellos y ricos

Los adolescentes están eufóricos desde que se enteraron de que Justin Bieber y la banda One Direction vendrán a Colombia. La rapidez con que se han vendido las boletas demuestra que estos artistas menores de 21 años tienen el mundo en sus manos.

Desde hace varios días el community manager de Ocesa no descansa. La página de Twitter de la compañía promotora de espectáculos está llena de mensajes que preguntan dos cosas: si aún quedan boletas para el concierto en abril de 2014 de la banda juvenil One Direction, o si ya se sabe cuándo empezarán a vender las del show del canadiense Justin Bieber en octubre de este año. 


El encargado de las redes sociales les responde a todos: “Si llenamos el estadio podemos pensar en otra fecha”, consuela a una fan desesperada que vio cómo desaparecían las boletas para 1D, como se conoce al grupo británico. 


Esa urgencia es reflejo del fenómeno en que se convirtieron los ídolos juveniles. Los británicos son responsables del repunte en la venta de discos en el mundo, lo que no se veía desde 1998 y les dejó a los cinco casi 8 millones de dólares el año pasado. Su éxito en Europa y Estados Unidos los catapultó como la banda del momento y todo lo que tiene que ver con ellos se vende sin control. 


Por su parte, Bieber se convirtió en una marca en tan solo tres años. Con discos, película, perfume y ganancias por 55 millones de dólares en 2012 es la tercera celebridad más influyente del mundo, según la revista Forbes. Y todos están entre los 19 y los 21 años.  


Niall Horan, Zayn Malik, Liam Payne, Harry Styles, y Louis Tomlinson, los integrantes de 1D, saltaron a la fama en la versión británica del programa Factor X en 2010. Aunque se presentaron como solistas, los jurados prefirieron juntarlos en un grupo para llenar el vacío que dejaron las bandas Backstreet Boys y N’sync a principios del milenio. La estrategia no era sencilla, pues buscaban presentarlos como los niños buenos del pop, algo muy lejano a las apuestas provocadoras de los artistas actuales. Pero ese fue su encanto principal y los cinco se convirtieron en el acto más sobresaliente del concurso. 


A pesar de que no ganaron el reality, cuando se acabó el programa el productor Simon Cowell los contrató en la disquera Syco. Desde entonces son imparables, han vendido más de 3 millones de álbumes, 8 millones de sencillos, un millón de DVD y llenan todos sus conciertos. Colombia no es inmune a sus encantos. “Ya está agotado un sector”, dijo a SEMANA María Soledad Cortés, gerente de ventas de Ocesa, solo tres horas después de abierta la preventa. 


Seguramente ocurrirá lo mismo cuando empiecen a vender las localidades para ver a Justin Bieber. El cantante de 19 años, que se dio a conocer a través de YouTube y fue apadrinado por el artista de hip hop Usher, amasa éxitos desde 2009. A pesar de que se hizo famoso como un niño dulce con su canción Baby, el segundo video más visto en la historia del portal, desde que es mayor de edad se preocupa por tener una imagen más madura y sexy. 


También es inversionista en empresas de Silicon Valley, como el servicio de streaming Spotify, y el imperio que lleva su nombre abarca todo tipo de productos. Incluso la euforia que genera entre las beliebers, como se hacen llamar sus fanáticas, tiene nombre propio: Bieber fever (fiebre de Bieber). 


Como si fuera poco, tanto One Direction como Justin son embajadores de sus países. Los británicos conocieron a su primer ministro, David Cameron, grabaron un video con él y participaron en Comic Relief, una fundación que ayuda para los menos favorecidos. 


El canadiense conoció al primer ministro de su país Stephen Harper, cantó en la cena de Navidad de los Obama y promueve la protección y adopción de animales. Su popularidad les da casi poder ilimitado y, sin importar si logran pasar de ídolos adolescentes a leyendas adultas, hoy son los amos y dueños de la industria musical y los príncipes azules de millones de chicas que se desviven por verlos en vivo. 

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