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| 11/26/2011 12:00:00 AM

¡Está que lo deja!

Anne Sinclair, la esposa de Dominique Strauss-Kahn, ante las últimas revelaciones de docenas de orgías con prostitutas, menciona por primera vez la posibilidad de divorciarse.

Cuando en mayo pasado Dominique Strauss-Kahn (DSK), exdirector del Fondo Monetario Internacional, llamó a su esposa, Anne Sinclair, para contarle que acababan de detenerlo por haber supuestamente violado a Nafissatou Diallo, una camarera del hotel Sofitel de Nueva York, ella de inmediato viajó desde Francia a ayudarlo. Siempre creyó en la inocencia de su marido y no tuvo reparos en gastar su inmensa fortuna para pagar su defensa. Sin embargo, unos mensajes de texto recientes que lo muestran como un adicto al sexo le quitaron la venda de los ojos.

Desde hace unos meses, la Policía empezó a investigar a nueve personalidades de la élite francesa, entre ellas, a Strauss-Kahn, por vínculos con una red de prostitución patrocinada por el lujoso hotel Carlton de Lille. "Quiero llevar una chica a los clubes de Viena, ¿puedes traerme una señorita?", le escribió DSK, desde su celular, al dueño de esa cadena de hoteles, Fabrice Paszkowski, hoy acusado de intercambiar los servicios de su séquito de trabajadoras sexuales por negocios y prebendas. De nuevo en el ojo del huracán, Strauss-Kahn asegura que ha sido blanco de un "linchamiento mediático injusto" y dice que comparecerá lo antes posible ante la justicia.

Aun así, Sinclair, acostumbrada a ignorar los rumores sobre las constantes infidelidades de su esposo, por primera vez parece estar dispuesta a ponerle fin a su matrimonio. Durante los dos últimos años, mientras estuvo al frente de uno de los cargos más poderosos del planeta su marido llevaba una doble vida: en el día dirigía el rumbo de la economía mundial y se codeaba con presidentes de todas las latitudes, y en las noches se dedicaba a satisfacer su voraz apetito sexual con prostitutas que lo seguían a Viena, Washington, París o Madrid.

En caso de que las autoridades levanten cargos contra Strauss-Kahn, su mujer ya no accederá a pagar cuantiosos honorarios a los abogados para solucionar su nuevo lío de faldas, como solía hacerlo. En el proceso de Diallo gastó un millón de dólares en la fianza que exigía la Corte de Manhattan para liberar a su marido y otros cinco más como garantía de que él respondería ante la justicia. También arrendó una lujosa casa por 50.000 dólares mensuales, una jaula de oro donde el político socialista permaneció mientras esperaba un fallo, y pagó 200.000 dólares por el brazalete de seguimiento electrónico y por el equipo de seguridad que exigía la Corte para autorizar la detención domiciliaria.

Ahora, varios medios franceses aseguran que además de congelar las cuentas bancarias que compartía con su esposo, Sinclair pidió la separación de bienes. "En esta oportunidad las pruebas son tan contundentes que no puede hacerse la sorda ni mirar para otro lado. Así que debe elegir entre su imagen pública o la de su marido", dijo a SEMANA Elizabeth Day, periodista del dominical The Observer, que ha seguido de cerca el caso.

Sinclair conoció a Strauss-Kahn en un set de televisión en 1989, cuando ella era el rostro de 7 sur 7, el programa de entrevistas políticas más popular de la década. En ese momento era mucho más rica y famosa que DSK, quien ya se perfilaba como un brillante economista. Su amor fue a primera vista y aunque ambos estaban casados, eso no impidió que mantuvieran una relación clandestina por dos años. Ella tenía dos hijos y él, que ya había dado el sí en dos oportunidades, tenía cuatro. En 1991, ambos terminaron con sus respectivos matrimonios y se casaron. Seis años más tarde, Sinclair hizo el mayor de los sacrificios: decidió abandonar su carrera para dejarle el camino libre a su esposo, que acababa de ser nombrado ministro de Finanzas.

Esta sería la primera de muchas muestras de entrega y generosidad hacia su cónyuge. En 2008, DSK tuvo un romance fugaz con una subordinada, que terminó en una sanción disciplinaria por abuso de poder. Sinclair se tragó su orgullo y terminó por perdonarlo. En ese entonces declaró en su blog: "Todos sabemos que son cosas que pasan en la vida de las parejas; ya hemos dejado atrás esa historia de una noche. Lo quiero como el primer día". Strauss-Kahn, por su parte, le prometió públicamente que nunca volvería a fallarle.

Fascinada desde siempre con el poder, Sinclair vio en su esposo un camino seguro para cumplir su sueño de ser la primera dama de Francia. Casi lo logra, pues a comienzos de este año Strauss-Kahn aparecía en las encuestas 20 puntos por delante de Nicolas Sarkozy, y Sinclair tenía el doble de popularidad que la mujer del actual mandatario, Carla Bruni. Pero DSK arruinó sus planes de llegar al Elíseo: "Todo por su obsesión con el sexo y eso, más que su infidelidad, es lo que ella no le perdona", asegura Day.

Sin embargo, a principios del año, el político volvió a dar muestras de su debilidad por las mujeres. Además del escándalo mundial que se desató por haber intentado abusar de Diallo, la periodista francesa Tristane Banon lo denunció por haberla acosado sexualmente durante una entrevista hace nueve años. En ambos casos resultó absuelto: en el primero, por las contradicciones de la camarera y en el segundo, por vencimiento de términos.

Entonces la pareja trató de rehacer su vida en Francia. Sinclair le propuso a DSK que se fueran de viaje a una segunda luna de miel, pero esa posibilidad hoy parece muy lejana. La semana pasada cumplieron 20 años de casados y aunque la versión oficial es que siguen juntos, no hubo ninguna celebración. Sinclair partió hace varios días a su casa de recreo en Marruecos y dejó a DSK en su apartamento de París.

"Ella quiere alejarse y dejar todo atrás. Él está profundamente deprimido, tiene miedo de ver las noticias, da vueltas en su casa, juega ajedrez, se come las uñas hasta hacerlas sangrar y toma pastillas para dormir", le dijo a la revista Paris Match un amigo del frustrado candidato presidencial. A ella ya no le interesa ser la esposa de un cadáver político. De hecho, se dice que podría relanzar su carrera periodística como directora de la edición francesa del Huffington Post. Ahora está empeñada en dejar de ser la esposa de Dominique Strauss-Kahn y en volver a ser, simplemente, Anne Sinclair.
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