Domingo, 23 de noviembre de 2014

| 2013/06/01 04:00

Everest, la cima soñada

Hace 60 años Edmund Hillary y Tenzing Norgay se convirtieron en los primeros en pisar la cumbre del Everest. Hoy hay tantas personas dispuestas a seguirles los pasos que es necesario hacer una fila de hasta dos horas para llegar a la cima.

El neozelandés Edmund Hillary y el sherpa Tenzing Norgay conquistaron la cumbre a las 11 y 30 de la mañana del 29 de mayo de 1953. El primero murió en 2008 y el segundo, en 1986. Foto: AP

“Noqueamos al bastardo” fue una de las primeras frases que pronunció el montañista neozelandés Edmund Hillary cuando se reencontró con sus compañeros de expedición. Hacía apenas cuatro horas él y el sherpa Tenzing Norgay se habían convertido en los primeros hombres en conquistar la cima del monte Everest, el pico más alto del mundo con 8.848 metros. 

Allí llegaron a las 11 y 30 de la mañana del 29  de mayo de 1953 y, aunque solo permanecieron 15 minutos porque sus reservas de oxígeno eran limitadas, el tiempo les alcanzó para abrazarse, llorar, tomar fotografías, enterrar unas ofrendas y admirar la inmensidad del paisaje.

Esta semana se conmemoraron 60 años de esa hazaña, que no solo marcó un hito en la exploración del siglo XX, sino que sigue inspirando a miles de aventureros que viajan al Himalaya cada primavera. Desde entonces más de 3.500 personas han recorrido los pasos de Hillary y Norgay y esta temporada se estima que lo harán unas 700. Llegar a la cima siempre será el máximo trofeo del montañismo, pero los números demuestran que ya no es una gesta reservada únicamente para los más valientes, como sucedía hace medio siglo. Si en ese momento la cumbre nevada era el lugar más solitario del planeta, hoy el piso blanco parece un tapete de colores hecho con banderas de todas las nacionalidades.

La fiebre empezó en 1852 cuando un científico calculó la altura de la montaña. En 1921 se llevó a cabo sin éxito la primera expedición y tres años después el británico George Mallory volvió a intentarlo. La leyenda cuenta que él y su compañero Andrew Irvine se perdieron del resto del equipo cuando ya iban a 8.500 metros de altura. 

Aún no se sabe si alcanzaron a llegar a la cima, pues pese a que un grupo de escaladores encontró los restos de Mallory en 1999, nadie ha podido establecer si la pareja murió durante el descenso. Su mito disparó la carrera por conquistar el Everest y, tras varios fracasos, finalmente el equipo de Hillary y Norgay, liderado originalmente por un militar británico, logró lo imposible. Con ellos terminó la obsesión por pisar el techo del mundo y empezó la cacería de los récords insólitos (ver información más abajo).

A medida que las herramientas, los trajes y la técnica para escalar mejoraban, cada vez más personas desafiaban a la diosa del cielo, como los nepaleses llaman a la montaña. En los años noventa aparecieron las expediciones comerciales y la proeza pasó a ser un plan de vacaciones al alcance de casi cualquier turista dispuesto a pagar entre 40.000 y 70.000 dólares. 

La moda cobró 15 víctimas en 1996 cuando un grupo de viajeros inexpertos quedó atrapado en una tormenta. Ese ha sido el año en que más personas han muerto y hoy se teme que se supere esa cifra. Un reportaje reciente de la revista National Geographic denunció que esta temporada muchas personas han tenido que hacer una fila de dos horas sobre un peligroso peñasco para subir a la cumbre.   

Juan Pablo Ruiz Soto,  líder del primer equipo de colombianos que llegó a la cima en 2001, ha sido testigo de esa situación. “La primera vez que fui al Himalaya, en 1997, éramos solo tres expediciones; en 2001 ya eran 12, en 2007, 25, y la última vez, en 2010, más de 60”, recuerda. El problema de la masificación es que llegan turistas que ni siquiera tienen idea de cómo usar los crampones, la suela con púas que sirve para caminar sobre el hielo. Además, como ahora es tan fácil saber exactamente cuáles serán las condiciones meteorológicas, todos se lanzan al mismo tiempo a conquistar la cumbre y eso genera la congestión de alpinistas.

De hecho hoy los accidentes en el Everest no obedecen a fenómenos naturales, como tormentas o avalanchas, sino a errores humanos. “Por regla general uno no debe intentar subir a la cima en el día; hay que salir en la madrugada para llegar en la mañana y así poder regresar cuando todavía hay luz, pero muchas personas incumplen esa norma porque ven el pico muy cerca y creen que es fácil –dice Juan Pablo, quien también es uno de los fundadores de Epopeya Colombia, una empresa dedicada a temas de liderazgo–. Nosotros siempre hemos tenido claro que una vida vale más que una cumbre y por eso creemos que un buen montañista no es el que llega, sino el que baja y cuenta la historia”. Desde 1953 han muerto 237 escaladores. Los que han fallecido en las últimas temporadas –en 2012 perecieron diez y este año ya van ocho– ha sido por ignorar los síntomas del mal de altura y negarse a dar la vuelta.    

Sus cadáveres hoy están congelados en el camino y son un recordatorio de que la montaña, indiferente y majestuosa, es inconquistable para unos. Por eso, quienes han visto el mundo desde allí recuerdan el momento como algo sublime. Sin embargo, el precio de que miles la recorran de arriba abajo con tal de tener ese privilegio es que el lugar parezca un gran basurero. Desde 2008 una organización dedicada a proteger el medio ambiente ha reunido 13 toneladas de residuos, entre botellas de oxígeno vacías y carpas destrozadas, y se estima que aún quedan otras diez por recoger.

Algunos creen que la solución definitiva es limitar el número de expediciones y evaluar si sus integrantes son aptos para el reto. Quizá solo así la diosa del cielo pueda descansar después de 60 años de pisadas. 

Diez hazañas memorables

El más joven 

• 22 de mayo de 2010

Para envidia de los alpinistas más experimentados, el estadounidense Jordan Romero alcanzó la cumbre cuando apenas tenía 13 años. Por ahora nadie podrá batir su récord, pues las autoridades ya no permiten que menores de 16 años intenten la hazaña.

El más viejo

• 23 de mayo de 2013

A sus 80 años el japonés Yuichiro Miura acaba de convertirse en la persona más vieja en alcanzar  la cima. Ya en el pasado había sido noticia por bajar la montaña esquiando y con la ayuda de un paracaídas. Esta semana un sherpa de 81 estuvo a punto de superar su récord.

El incansable 

• 1990 - 2011

El nepalés Apa Sherpa ha estado 21 veces en la cumbre del Everest. En su primer ascenso hizo parte de la expedición del hijo de Edmund Hillary. Súper Sherpa, como muchos lo apodan, ya está preparando su siguiente escalada.

El más rápido

• 21 de mayo de 2004

Ocho horas y diez minutos necesitó el nepalés Pem Dorjee para llegar a la cima desde el campamento base, cuando lo normal es que esa distancia tome cuatro días.

A oscuras

• 25 de mayo de 2001

Tras perder la vista a los 13 años, el estadounidense Erik 

Weihenmayer se propuso hacer lo imposible. Cuando cumplió 32 puso un pie sobre el techo del mundo y desde entonces ostenta el título de la primera persona invidente en lograrlo.

El primer amputado 

• 27 de mayo de 1998

El británico Tom Whittaker perdió el pie derecho en un accidente de tránsito en 1979. Eso no le impidió dedicarse al alpinismo y 20 años después obtuvo el título del primer discapacitado en escalar la montaña más alta del mundo.

Con prótesis 

• 17 de mayo de 2010

Cuando el manizaleño Nelson Cardona perdió una pierna en un entrenamiento previo a su ascenso al Everest en 2006, pensó que el sueño había terminado. Pero cuatro años después se convirtió en el primer latinoamericano en subir con una prótesis. 

La primera dama

• 16 de mayo de 1975

Aunque una avalancha la sepultó en el ascenso, la japonesa Junko Tabei fue la primera mujer que llegó a la cima. En 1992 volvió a hacer historia al completar  las siete cumbres más altas del mundo. 

A pulmón

• 8 de mayo de 1978

Si subir al techo del mundo ya es difícil, hacerlo sin oxígeno parece una locura. El italiano Reinhold Messner probó que era posible cuando ascendió sin botellas de ese gas junto al austriaco Peter Habeler. No contento con eso, repitió la hazaña en solitario dos años después.

En invierno 

• 17 de febrero de 1980

La temporada ideal para subir el Everest es entre abril y junio. Sin embargo, los polacos Krzysztof Wielicki y Leszek Cich  decidieron hacerlo en febrero, cuando la temperatura desciende hasta 40 grados bajo cero. 

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