Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1993/12/20 00:00

Evocación del líder

Tras el fallecimiento de Fernando Gamez Agudelo, Silvia Dávila, por muchos años una de sus colaboradoras más cercanas, aceptó evocar para SEMANA la figura del hombre que trajo la televisión a Colombia y que lideró su desarrollo

Evocación del líder

DURANTE LOS ULTIMOS DIAS DE SU VIda, cuando alguien cercano lo llamaba a anunciarle visita, Fernando Gómez Agudelo contestaba sin rudeza y sin misterio: "No, no venga. Porque usted viene a conversarme de cosas que no me interesan". El interlocutor colgaba, sin el menor asomo de herida. Quien se atrevía a llamarlo, lo conocía. Y es que Gómez tenía no sólo una actitud fulminante y directa para con todos los mortales, sino que siempre iba varios pasos adelante. Por eso, imagino, en los últimos días eran otros los temas que le interesaban. Debía estar haciendose mil preguntas estudiando las posibilidades filosóficas de la muerte, retando la conciencia, poniendo a prueba el poder de una voluntad que no conoció derrotas.
Y no conoció derrotas, no porque Fernando Gómez no hubiera tenido reveses en la vida. Los tuvo, y duros. Sino porque siempre los convertía en victorias, profesionales, humanas, personales, existenciales o filosóficas.
Gómez no perdía porque nunca se rendía. Como recurso infalible, siempre volvía a la música, que de nuevo se convertía en su punto de partida.
La mejor prueba de la tenacidad que era capaz de desarrollar fueron los cuatro años que transcurrieron desde el momento en que le anunciaron su enfermedad, hasta el lunes pasado, cuando falleció. Le pronosticaron un año, pero el vivió cuatro. La docilidad no fue nunca su fuerte. Ni la reverencia ni la sumisión. Supongo que sería un sólido andamio de principios y convicciones incorruptibles el que le permitía mirar de frente, hablar claro y salir se con la suya.
Durante casi toda su vida fue conocido como el líder de la televisión. Y lo era a tal punto que así, "líder", le decíamos. Pero no tnto porque durante cuatro décadas haya empujado la televisión a estar al día con el mundo, si no porque en ese medio contradictorio, a veces fangoso y siempre difícil, Gómez era para tirios y troyanos un norte claro en el que se veían y reconocían muchas virtudes humanas. La corrección, la derechez, la dignidad, el esfuerzo, la valentía, el conocimiento, la sencillez;la solidaridad, el humor, no constituían un huero lema en su boca de pocas pero contundentes palabras. Fueron, en cambio, una forma de vida.
El poder no lo impresionaba. Le impresionaba la gente que podía hacer cosas.El dinero no lo desvelaba. Lo desvelaba conseguir medios para sacar adelante proyectos o para comprar equipos de sonido. La fama la soportaba más que le gustaba. No viajaba por otra vida distinta de las sonatas, cantatas y fugas. Poco amigo de la vida social, pero el mejor amigo en los eventos sociales a los que asistía. Gómez era distinto. Eso es verdad.
Tuvo la virtud de poder sobrevolar las épocas, las crisis y las modas sin perder la fuerza de una personalidad impactante. Empezó su carrera profesional en una dictadura, vio pasar varias decenas de ministros de Comunicaciones (y a todos los vació), se enfrentó a los vaivenes de la política durante 40 años y a un sinnúmero de directores de Inravisión, licitó programación cuantas veces fue necesario, resistió el sánduwiche en que quedó cuando poderosos grupos llegaron a la TV con abultadas chequeras y, cuando todo esto pasó, se devolvió a su casa, se puso la bata y se sentó en su rincón a destripar algún equipo de sonido que acababa de comprar para averiguar cómo funcionaba por dentro.
Fernando Gómez le va ahacer falta a mucha gente. Pero no sólo a quienes lo conocieron, a quienes por estos días andan recordando anecdotas y tomándose un trago en honor del Lider. Le va a hacer falta a mucha gente que, no lo conoció pero que, como él, sabe vivir la vida y luchar Ia muerte.

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