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| 2/20/2015 10:50:00 PM

El fisiculturista que se convirtió al yihad

La represión sexual y la falta de oportunidades serían las causas de la radicalización de un muchacho egipcio de clase media.

Ni sus familiares ni sus amigos han logrado entender cómo Islam Yaken terminó en los campos de la muerte del Estado Islámico. Su sorpresa fue mayúscula durante la fiesta religiosa del ramadán, cuando este joven de 22 años publicó en su cuenta de Twitter un mensaje que decía: “Sin duda, las vacaciones no estarían completas sin una foto con el cadáver de un perro".

El trino estaba acompañado por una foto llena de sangre, más cercana a los intereses de un sicópata que a los de un muchacho trilingüe, educado en una familia de clase media, que estudió en el colegio francés de la región y en una de las universidades más reputadas de Egipto y quien, hasta 2013, tenía como objetivo convertirse en un instructor de fisiculturismo.

El 'perro' era un combatiente enemigo, que había sido capturado por sus colegas terroristas de ISIS, el grupo que hoy controla un territorio del tamaño del Reino Unido, y que la semana pasada realizó importantes avances en Libia, a orillas del Mediterráneo.

Aunque los 30.000 combatientes de ese grupo son una ínfima fracción de los 1.600 millones de musulmanes, hoy el mundo mira con angustia cómo miles de muchachos desencantados de los países árabes –pero también de Europa, Norteamérica y Australia– toman las armas para seguir una ideología que busca revivir las prácticas religiosas del siglo VIII.

El completo perfil que le dedicó la periodista Mona El-Naggar a Yaken –y que The New York Times publicó el pasado miércoles– busca algunas respuestas a la llamativa historia de este joven, que pocos meses antes de partir hacia Siria solía tomarse fotos con el torso desnudo, presumía de sus conquistas sentimentales y tomaba cocteles con sus amigos en los cafés de El Cairo.

Y aunque en su texto El Naggar reconoce que no hay un solo camino que conduzca al yihadismo, en su artículo recoge una serie de reflexiones que pueden arrojar luces sobre las razones que llevaron a este joven de clase media a engrosar las filas del ejército más cruel de los tiempos modernos.

Aparte de las influencias familiares y de la falta de oportunidades políticas, esta periodista resalta "el pensamiento conservador que en la actualidad define la fe de muchos musulmanes, o la represión sexual entre los jóvenes a quienes se les enseña que sus deseos físicos y emocionales les pueden traer una condena eterna".

De hecho, la clave de su radicalización puede estar en los discursos del Sheikh Yacoub, un imán ultraortodoxo que Yaken comenzó a seguir en su proceso de radicalización, y que afirma en uno de sus sermones que si un joven se enamora de una muchacha, y no la mira ni le envía mensajes ni mucho menos le habla o la toca, "¡Incluso así está pecando!".

A su vez, según sus compañeros, en su radicalización fue clave la muerte de un amigo en un accidente de tránsito en 2012, durante las primeras elecciones libres en el país, que ganaron los Hermanos Musulmanes.

Un momento que marcó las expectativas de su generación, que creyó haber superado las páginas más tristes de su historia –la dictadura de Hosni Mubarak– para encontrarse con que la única resistencia a los abusos era la lucha religiosa.

En efecto, tras la tragedia, Yaken se volcó al islam: comenzó a temerle a la muerte, incrementó sus visitas a la mezquita, se dejó crecer la barba y adoptó la indumentaria tradicional musulmana. Según su amigo Hossam Atef, entendió la muerte de su amigo como un mensaje divino según el cuál debía hacer algo valioso con su vida.

Lo último que supo su familia de su paradero es que está viviendo a orillas del Éufrates, en un apartamento en el cuál invitó a vivir a los suyos. Cuando su madre le preguntó qué pasaría cuándo los propietarios del lugar regresaran, los tranquilizó diciéndoles que eso no podría suceder. "Ya están muertos", les dijo.


Una fotografía de Islam Yaken luego de su conversión al islam radical.
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