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| 6/23/2007 12:00:00 AM

Flores de la isla

Con la muerte de Vilma Espín, la esposa de Raúl Castro, se cierra el capítulo de las tres heroínas históricas de la revolución cubana.

Vilma Espín era la ‘primera dama política’ de Cuba. Hasta el 18 de junio, cuando falleció, era la última de las famosas mujeres de la revolución cubana. El pueblo entero las conocía por su primer nombre. Sólo era necesario decir Celia, Vilma o Haydée y todos en la isla sabían de quién se estaba hablando. Porque ellas eran las tres combatientes emblemáticas que no temieron arriesgar sus vidas en la clandestinidad y luego tomar el fusil en la Sierra Maestra para luchar al lado de su líder, Fidel Castro.

Las figuras de esas tres damas excepcionales van más allá de la validez de su lucha. Ellas asumieron su historia en la década del 50, cuando en Latinoamérica el papel de las mujeres seguía siendo el de madre y esposas y las hijas de familias acomodadas apenas estaban empezando a recibir educación superior. Cuba vivía los años tormentosos de la dictadura de Fulgencio Batista, el que sería el último de una serie interminable de gobiernos abrumados por la corrupción y la dependencia semicolonial de Estados Unidos. En ese ambiente estas tres mujeres, junto con cientos más, prefirieron unir fuerzas para derrotar a la dictadura, antes que buscar la emancipación de su género.
Vilma, que estudió ingeniería química y además hizo un posgrado en MIT en Boston, pertenecía a una distinguida familia de Santiago de Cuba, de origen francés. “Era una mujer alta. No era una belleza pero era muy atractiva y sobre todo se distinguía por ser profundamente culta. Su nombre es obligado cuando se habla de la revolución en Cuba”, dijo a SEMANA José Pardo Llada, el periodista cubano radicado en Cali que vivió el proceso revolucionario. Ella era activista universitaria cuando el grupo de Fidel y Raúl Castro asaltó sin éxito el cuartel Moncada el 26 de julio de 1953. En el hecho, Fidel y Raúl cayeron presos, varios de sus compañeros murieron y la casa de los Espín sirvió como escondite para algunos que lograron escapar.

Haydée Santamaría sufrió en carne propia esa derrota. Como participante en el asalto, fue capturada y torturada. La fuerza y la convicción de Yeyé, como le decían sus amigos, quedaron demostradas cuando le llevaron uno de los ojos de su hermano Abel, para obligarla a revelar dónde estaban los demás subversivos. “Si ustedes le arrancaron un ojo y él no lo dijo, mucho menos lo diré yo”, les respondió. El dolor de la pérdida no impidió que continuara la lucha desde su cautiverio. Fue ella quien copió y sacó en forma clandestina el famoso discurso de Fidel La historia me absolverá, con el que se defendió en el juicio por el asalto. Publicado, el texto se convirtió en un manifiesto que elevó la popularidad de Castro a niveles desconocidos hasta entonces.

Indultados en 1955 por el dictador, los hermanos Castro viajaron a México y organizaron la expedición del yate Granma que, con Ernesto Che Guevara a bordo, llegó a Cuba en diciembre de 1956. La primera de estas mujeres en ir al monte con los combatientes fue Celia Sánchez, hija de un médico rural de Manzanillo y criada con ideas liberales. Fue quien indicó el lugar a donde debía llegar la nave, pero ésta se desvió. Aunque lograron atracar, se encontraron con fuego enemigo, y cayó casi la mitad del grupo de combatientes. Celia aprovechaba que por su condición de mujer no era sometida a requisas, y se convirtió en la pieza clave para el movimiento y en el contacto de la Sierra con el resto del país. También se encargó de ganar la confianza del campesinado de la zona para reclutar guerrilleros. Por fin en 1957 se incorporó al ejército rebelde y se convirtió en la secretaria de Fidel. Muchos aseguran que llegaron a ser amantes.
La demás mujeres del directorio nacional del Movimiento 26 de julio dejaron al año siguiente la clandestinidad para unirse al ejército rebelde. Vilma combatía al lado de quien se convertiría en su esposo, Raúl Castro; y Haydée con su pareja, Armando Hart. Vilma había participado en el levantamiento armado en la ciudad de Santiago pocos días antes de la llegada del Granma, bajo las órdenes de Frank País. Jon Lee Anderson en Che Guevara, una vida revolucionaria, registra las impresiones que el Che escribió sobre ellas en su diario. “De las mujeres, Haydée me parece la mejor orientada políticamente, Vilma, la más interesante, Celia Sánchez es muy activa pero políticamente ahogada”.

Además de ellas, muchas mujeres llegaron a la Sierra a apoyar a Castro y a la revolución. En principio trabajaban como cocineras, lavanderas y enfermeras, porque la teoría general era que si los fusiles no alcanzaban para todos los hombres, no había sentido en entregarle un arma a una mujer. Pero esta percepción cambió muy pronto. Gracias a ellas nació el pelotón Mariana Grajales, que estuvo compuesto por mujeres. Teté Puebla, la segunda al mando, dijo una vez en entrevista con la revista Bohemia que: “Sin Celia el pelotón no hubiese existido, escogió hasta la ropa que íbamos a usar... sin botones delante, porque eso sí ¡éramos muy femeninas!”.

Lograda la victoria, Vilma Espín se convirtió en la imagen de la mujer cubana revolucionaria. Casada con Raúl durante casi 50 años, actuaba en actos oficiales como la primera dama de la nación al lado de Fidel, y se encargó de luchar por los derechos de las mujeres. Ella, que también fuera conocida por sus nommes de guerre Déborah, Alicia y Mariela, presidió hasta su muerte la Federación de Mujeres Cubanas. También perteneció al Comité Central del Partido y fue diputada de la Asamblea Nacional.

Haydée y Celia ocuparon cargos de importancia en el nuevo régimen. Celia, conocida popularmente como la flor más autóctona de la revolución, además de ser la eterna secretaria de Fidel, fue también diputada y miembro del comité del partido. Murió de cáncer en 1980, poco antes de cumplir 60 años. Haydée murió el mismo año. Después de haber sido la fundadora y directora del respetado centro cultural Casa de las Américas se quitó la vida el 26 de julio de ese año. La única referencia a sus motivos se remonta a una carta que escribió después de la muerte del Che en 1967: “Hace 14 años veo morir seres tan inmensamente queridos, que hoy me siento cansada de vivir... el sol no lo veo tan bello, la palma, no siento placer en verla; ... que por esas dos cosas vale la pena abrir los ojos cada mañana, siento deseos de tenerlos cerrados como ellos, como tú”.

Quizá la decisión de darles tanto poder político a estas mujeres, en un país de tendencias machistas, se debió a “una amplia campaña por incorporar a la mujer a la fuerza de trabajo y de incorporar a la militancia a toda la población”, dijo a SEMANA Alma Guillermoprieto, periodista mexicana que vivió en Cuba algunos años después del triunfo de Fidel. Pero en las palabras de la primera dama, estas fueron mujeres que por su coraje, “se enaltecieron ante sí mismas y ante la sociedad”. Con su muerte se cierra ese capítulo heroico pero profundamente controvertido de la historia de Latinoamérica.

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