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| 5/21/2016 12:00:00 AM

Julie Gayet, la primera dama invisible de Francia

Discreta pero poderosa, Julie Gayet, novia del presidente François Hollande, asume su rol de Primera Dama. Un libro revela los secretos de la actriz que duerme en el Palacio del Elíseo.

Desde hace meses roza el 15 por ciento de popularidad. A pesar de sus esfuerzos, el presidente François Hollande es el mandatario más detestado de la Quinta República, las calles arden con protestas contra su gobierno y su reelección en 2017 parece una quimera. Lo insultan los sindicatos y los jefes de empresas, los obreros y los aristócratas, la izquierda y la derecha. Cada vez que hace un discurso al aire libre, llueve a cántaros o el cielo se nubla. Afortunadamente para él, luego de una larga jornada, lo esperan en el Palacio del Elíseo los dos seres que lo aman sinceramente: su labradora negra Philae y su novia Julie Gayet.

La periodista de la revista Paris Match Pauline Delassus acaba de publicar Mademoiselle, un libro sobre esa figura de 1,74 metros de altura, 60 kilos y 43 años de edad, de inteligencia aguda y carácter determinado. Gayet no es cualquier mujer: por ella François Hollande abandonó a la periodista Valérie Trielweiler, causa a su vez de su rompimiento con la dirigente socialista Ségolène Royal, la madre de sus cuatro hijos.

Según Delassus, Julie Gayet vive hoy el papel más difícil de su carrera: es la compañera sentimental de Hollande sin presentarse oficialmente como su mujer. “Es un personaje secundario con destino de heroína, una joven de buena familia convertida en objeto de escándalo, la compañera del presidente de la República sin ser primera dama”, asegura en su libro.

En enero de 2014 la revista sensacionalista Closer reveló la relación de François Hollande y la bella actriz, 18 años más joven que él. Publicó varias fotos que mostraban a un hombre con casco de motociclista visitando de noche un apartamento situado en el 20 Rue du Cirque, a solo 140 metros del Palacio del Elíseo. Luego de comparar los zapatos del visitante con los del presidente francés, Closer llegó a la conclusión de que se trataba del mismo personaje.

La revelación abrió el primer capítulo público de una relación amorosa difícil de digerir. Pero poco a poco Julie Gayet se instaló a la diestra del gobernante. En junio de 2015, recuerda Delassus, se mostró por primera vez junto a su amado. Lo acompañó durante la conmemoración del llamado del general De Gaulle para resistir la ocupación nazi, en el monumento del Mont Valérien. Gayet, quien nunca ha sido presentada como su pareja, sorprendió a todo el mundo, incluso a quienes organizaron la ceremonia.

Pero su interés por ese tipo de eventos políticos no solo se debe a su relación. Julie Gayet es una socialista de vieja data. “Ella siempre se ha interesado en política, pero con una visión burguesa, como François

Hollande”, cuenta un cineasta anónimo en el libro. Efectivamente, esta ‘demoiselle’ no es una hija de la lucha de clases: creció en la calle del Faubourg Saint Honoré, una de las más ricas de París, a metros del palacio de su novio. Eso no le ha impedido militar por los socialistas en los escrutinios nacionales y locales.

Además, organiza desde hace años cenas de debate entre políticos, directores de cine, actores y sus mejores amigas, pudientes con conciencia social, herederas intelectuales de

Simone de Beauvoir. Gayet puede ser considerada una izquierdista de caviar, como se le dice en Francia a quienes defienden al proletariado desde los distritos burgueses de la capital.

Según Delassus, Gayet también influencia las decisiones de su marido. Escoge las comidas del presidente en el Palacio del Elíseo y sugiere los nombres de los nuevos ministros cuando hay cambios de gabinete. Así, Hollande habría nombrado a Myriam El Khomri, ministra de Trabajo, y a Audrey Azoulay, ministra de la Cultura, gracias a los consejos de mademoiselle.

La próxima misión de Julie Gayet sería aprovechar su vasta red de conexiones con las familias adineradas de izquierda para promover la reelección de Hollande en 2017. Y quizás, en ese soñado segundo mandato, la relación podría formalizarse. “François, podríamos casarnos… así haríamos que se vendan más periódicos”, dijo un día la actriz al presidente, preocupada por la crisis de la prensa, al frente de sus amigos. ¿Se trataba solo de una broma? 

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