Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 1/18/2014 3:00:00 AM

Las damas del presidente François Hollande

En Francia, la vida privada de los políticos ha sido tabú para los medios. El escándalo por el ‘affaire’ entre el presidente François Hollande y la actriz Julie Gayet es el principio del fin de esa vieja tradición.

Tan solo 140 metros separan el portón de la entrada principal del Palacio del Elíseo, la sede del poder presidencial francés, del 20 rue du Cirque, el edificio en el que, según la revista Closer, el mandatario socialista François Hollande pasa las noches con su amante, la actriz Julie Gayet. Esa distancia tan corta simboliza el comienzo del fin de una tradición gala: la separación absoluta entre las esferas privada y pública de los políticos franceses.

Desde los tiempos del pomposo Nicolas Sarkozy, que rompió con su esposa Cécilia en 2007 y algunos meses después se casó con la cantante y modelo italiana Carla Bruni, los presidentes franceses han comenzado a ser vistos no solo como líderes de la quinta potencia del mundo, sino también como celebridades e incluso protagonistas de las revistas de farándula.

Por ello, la portada del 10 de enero de la revista Closer cayó como una bendición para la prensa, acostumbrada al expresidente y a su vedette turinesa. La revista, que ya había hecho bastante ruido con las fotos 

topless que publicó de la duquesa de Cambridge, Kate Middleton, revela la relación sentimental entre François Hollande y Julie Gayet. Las otras publicaciones galas retomaron rápidamente el affaire desde todos los enfoques posibles. El escándalo fue tan grande que la primera dama, Valérie Trierweiler, debió ser hospitalizada a raíz de la tormenta mediática.

En un reportaje de siete páginas Closer narra, con las fotos que sirven de prueba, uno de los encuentros de los amantes, el 30 de diciembre de 2013. A las 10:48 p.m. de ese día, Julie Gayet llega –con el cabello recogido, envuelta en un abrigo y llevando un bolso con la frase “J’aime Paris” –, a su apartamento parisino, a dos minutos a pie del Elíseo. A las 11:24 p.m. un supuesto escolta del mandatario aparece en la escena. Luego de examinar furtivamente la puerta del edificio, inspecciona también la entrada. Tan solo un minuto después, dos hombres en moto y con casco llegan al frente. El parrillero se baja y entra al edificio. La revista Closer está segura: se trata de François Hollande, el hombre más poderoso de Francia.

A las afueras del edificio no vuelve a ocurrir nada hasta las 8:03 de la mañana del 31 de diciembre, cuando el escolta del mandatario llega con un paquete que, según Closer, no es más que una bolsa de croissants para el desayuno de los enamorados. El hombre del casco negro sale finalmente a las 11:18. Julie Gayet, por su parte, deja el apartamento a las 12:13, acompañada por su asistente, que poco antes había llegado a visitarla.

El rostro de Hollande nunca aparece, pero los zapatos del hombre del casco y los que siempre lleva el presidente son los mismos. Más diciente aún: la cara del hombre que trae el desayuno corresponde a la de uno de los agentes de seguridad del jefe de Estado. Esto comprobaría los rumores que empezaron a circular en marzo de 2013, cuando ya se hablaba de la cercanía del político con la actriz. Hoy se dice que es desde junio del año pasado que el mandatario mantiene una relación sentimental con ella.

Sin grandes papeles en el cine francés, divorciada y madre de dos niños, Gayet tiene 41 años y un corazón de izquierda: ha apoyado en sus aspiraciones presidenciales a la socialista Ségolène Royal y a Hollande y hoy trabaja con Anne Hidalgo, candidata a la Alcaldía de París. Fue precisamente en medio de la campaña de Royal que conoció al hoy mandatario. La admiración de Gayet por él se evidenció en medio de las elecciones de 2012, cuando apareció en un video hablando de ese hombre “humilde, formidable y que sabe escuchar a la gente”. 

¿Y la primera dama?

La pregunta institucional más importante es si Valérie Trierweiler, la compañera sentimental oficial del jefe de Estado, sigue siendo la primera dama de Francia. Hasta ahora, esta periodista de la revista Paris Match no ha pasado desapercibida. En 2005 comenzó un romance con Hollande, mientras este estaba casado con Ségolène Royal, la madre de sus cuatro hijos. Dos años después, el affaire provocó la separación definitiva de la pareja.

La confrontación de las dos mujeres se hizo pública a mediados de 2012, cuando Trierweiler, estrenando su rol de primera dama y en medio de la campaña por las elecciones legislativas, apoyó a través de un trino a Olivier Falorni, un disidente socialista que se presentaba contra Royal. Esta, humillada en las urnas por su contendor, no logró un escaño en la Asamblea Nacional. El episodio dejó en evidencia el carácter celoso de Trierweiler y sus característicos arrebatos de rabia, los mismos que muchos colegas de Paris Match le han reprochado y los que probablemente hoy la tienen “en descanso” en el hospital.

Ahora, ante el escándalo del jefe de Estado y Gayet, nadie sabe qué va a pasar con su estatus oficial. Durante la rueda de prensa del martes pasado, que debía consagrarse a anuncios clave de la acción gubernamental, un periodista de Le Figaro, el diario conservador francés por excelencia y uno de los más serios del país, no dudó un segundo en hacer la pregunta que todos esperaban: “¿Valérie Trierweiler es todavía la primera dama de Francia?”. Hollande, basándose en la tradición de respeto de la vida privada, respondió: “Los asuntos privados se tratan en privado. No es entonces ni el lugar ni el momento para hacerlo”. El jefe de Estado prometió, sin embargo, que antes del 11 de febrero, fecha del encuentro con Barack Obama en Washington, aclararía la situación.

Una república farandulera

El affaire Gayet y la reacción que ha provocado hasta en los más serios periodistas, demuestran que en Francia la brecha entre esfera pública y privada ya comienza a ser difícil de discernir. Fue el expresidente Nicolas Sarkozy quien desacralizó la figura política al aceptar hablar públicamente de sus problemas de pareja. Luego, el caso del socialista Dominique Strauss-Kahn, acusado en mayo de 2011 de haber violado a una empleada del hotel Sofitel de Nueva York, hizo que la prensa olvidara completamente la tradición de respeto a la vida privada y hasta las más crudas prácticas sexuales del político fueron narradas. Como siempre, el escándalo es el negocio perfecto para los tabloides: Closer aumentó sus ventas en un 50 por ciento gracias a su último número.

En el pasado, los mandatarios galos eran tratados como grandes hombres de Estado cuyas pasiones públicas estaban lejos de ser las faldas: Georges Pompidou amaba el arte moderno, François Mitterrand la literatura y Jacques Chirac el arte primitivo. Sus vidas privadas eran, de manera general, abordadas con cautela por la prensa y por ellos mismos.

Pero sin duda alguna, en esa época también hubo grandes escándalos. Uno de los más sonados fue el de Mazarine Pingeot, la hija escondida de François Mitterrand. El primer presidente socialista de la Quinta República tuvo en 1974 una hija, fruto de una relación extraconyugal con Anne Pingeot, historiadora de arte. El parentesco solo se hizo público en 1994, dos años antes de la muerte de Mitterrand (causada por un cáncer que también escondió).

Si en ese entonces la prensa hubiera actuado como ahora, seguramente los franceses no hubieran esperado 20 años para conocer la verdad. Nunca antes los medios galos han intentado, como hoy, encontrar lo que se esconde detrás del caparazón público de los hombres y mujeres de poder. “Esto se debe en parte a los mismos políticos que participan voluntariamente para ser las portadas de revistas como ‘Gala’ o ‘Paris Match’. Las redes sociales también ayudan a un aumento de la exposición de la vida privada: todo se sabe más rápido y todo toma mayores proporciones”, dijo a SEMANA Caroline Parlanti, periodista de farándula del sitio Le Plus du Nouvel Obs y quien ha seguido los affaires íntimos de los políticos.

Por eso, los asuntos del pasado no han tenido tanto eco como los de Sarkozy y Hollande. Jacques Chirac, desde siempre considerado un beau gosse (chico guapo) y un dragueur (donjuán) que seducía a las mujeres jóvenes y con ello hacía sufrir a su esposa Bernadette, permaneció discreto. El expresidente Valéry Giscard d’Estaing, quién habría salido con varias actrices, solo intentó poner al descubierto su vida más íntima en 2009, cuando evocó una relación ambigua con Lady Di, en su libro La princesa y el presidente, lo que para el periódico británico The Guardian no es más que un producto de la “imaginación literaria de un hombre viejo”.

Según una encuesta, el 77 por ciento de los franceses piensa que lo que ocurra en la 20 rue du Cirque hace parte de la vida privada del presidente y solo debe importarle a él. A pesar de ese gran porcentaje, las ventas de las revistas de farándula y los trending topics de las redes sociales demuestran que el espíritu voyeur y especulador de los franceses se despierta con estos escándalos. Ya hay incluso quienes se preguntan irónicamente si Julie Gayet va por fin a interpretar un rol importante: el de primera dama de Francia.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1839

PORTADA

Odebrecht: ¡Crecen los tentáculos!

Las nuevas revelaciones del escándalo sacuden al Congreso y al director de la ANI. Con la nueva situación cambia el ajedrez político al comenzar la campaña electoral.