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| 5/25/1992 12:00:00 AM

FRENTE COMUN

Magdalena Pabón de Trujillo, hija de Alfredo Pabón secuestrado hace 17 meses, encabeza un movimiento que convoca la solidaridad ciudadana.

LA OSCURIDAD QUE SUFRE EL PAIS Y QUE la obliga todas las noches a leer a la luz de una vela la voluminosa correspondencia que reabre, resulta bastante simbólico para el trabajo al que Magdalena Pabón de Trujillo decidió dedicar todos sus esfuerzos. Y también para el sufrimiento que ella y su familia han padecido durante año y medio.
El 22 de noviembre de 1990 varios hombres armados amordazaron y ataron de pies y manos a sus padres, Alfredo y Julia Inés Pabón, de 90 y 80 años respectivamente. Tras dos horas de tenerlos botados en el piso padeciendo terror y dolor físico, los hombres se llevaron a don Alfredo Pabón y lo introdujeron en un túnel sin fondo que hasta el sol de hoy no ha conocido regreso.
Y sin fondo en muchos sentidos. Porque el dolor de la familia no ha conocido límites. Don Alfredo no sólo tiene 90 años sino que es ciego hace 15. Porque la tortura para su esposa e hijos ha sido igualmente infinita. Como si fuera poco doloroso tener que "negociar" al padre o al esposo, la familia ha sido cruelmente sometida a engaños, mentiras y a un espeluznante goteo de evidencias de supervivencia: fotos del anciano demacrado y casetes de voz casi inaudible. Y sin fondo, también, porque como sucede a casi todos los que padecen ese calvario, el dilema humano es tan grande que se termina desembolsando dinero que no se tiene. En su caso, el dinero fue pagado pero el viejo no ha regresado.
Antropóloga de profesión y dedicada a rescatar tradiciones populares desde el Instituto Colombiano de Cultura, Magdalena Pabón decidió aplicar sus capacidades en rescatar un viejo valor humano caído en desuso en estos últimos tiempos: la solidaridad. Con Francisco Santos, hijo del director del periódico El Tiempo y quien sufrió un secuestro de ocho meses, emprendió una campaña que busca ofrecer alguna salida para enfrentar un delito que cobra hoy en el país cerca de cinco mil personas y familias hundidas en la más penosa oscuridad.
Experta como pocas en el terrible sentimiento de ira, dolor e impotencia que produce un ser querido arrancado de la familia, Magdalena Pabón cambió su despacho en Colcultura por una pequeña oficina desde donde canaliza el común interés ciudadano de luchar contra el delito del secuestro.
La Fundación País Libre-Asistencia al Secuestrado, empezó a promover medidas de tipo legislativo, de concientización nacional, de orientación sicológica y asesoría jurídica a todas las familias que su freno han sufrido un secuestro. "Para ver si algún día se acaba esa horrible situación en la que uno termina rogándole a Dios que lo devuelvan, así sea muerto".
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