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| 2/24/2007 12:00:00 AM

Fuera de control

El declive personal y artístico de Britney Spears es angustioso: se emborracha, ha fracasado en varios centros de rehabilitación y se rapó el pelo. ¿Se enloqueció?

Todo en la vida de Britney Spears ha pasado muy rápido. Gracias a su talento empezó a ser el soporte económico de su familia a los 11 años; a los 17 se convirtió en la nueva princesa del pop, y a los 21 fue nombraba por la revista Forbes como la celebridad más poderosa del mundo. En 2004, a los 23, duró 55 horas casada con un amigo de la infancia. Ese mismo año volvió a contraer matrimonio, esta vez con Kevin Federline, un bailarín desempleado que, para hacerlo, abandonó a su novia embarazada. A los pocos meses Britney ya esperaba un bebé, y el segundo hijo llegó menos de un año después del primero. Ocho semanas más tarde anunció que se separaba. Hoy, a los 25 años, parece haber pasado por todo lo que vive cualquiera en los 40, y su carrera está al borde del abismo. Hace más de dos años no graba un disco y últimamente es más famosa por sus escándalos que por su música. "Créanme, lo entiendo. Sé que he estado lejos de ser perfecta y los medios se han divertido bastante exagerando cada uno de mis movimientos", escribió hace poco a sus fanáticos en su página web.

Pero esta vez no hay exageraciones. La semana pasada, la imagen de Britney mientras se afeitaba la cabeza en un salón de belleza le dio la vuelta al mundo (sus mechones están siendo subastados en la red por un millón de dólares). Luego se mandó hacer dos tatuajes. Aunque parezcan hechos menores de rebeldía, que atraen los lentes de los paparazzi y las primeras páginas de los tabloides, muchos especulan que son síntomas de que algo anda mal, muy mal. De hecho, en menos de dos semanas la artista ha entrado en tres oportunidades a centros de rehabilitación. Lo que antes no pasaba de ser el chisme de la semana es ahora el tema de revistas como Newsweek, que en la portada de una reciente edición le dedicó espacio a analizar el fenómeno de las jóvenes celebridades fuera de control. Bajo el sugestivo título The girls gone wild effect (El efecto de las chicas salvajes), se cuestiona el impacto que Britney y sus secuaces, la actriz Lindsay Lohan y la millonaria Paris Hilton, tienen sobre el comportamiento de las niñas y las adolescentes de hoy en día.

Desde noviembre, cuando se separó inesperadamente, no ha parado de ser noticia. Comenzó a aparecer en clubes nocturnos donde la han fotografiado borracha y mostrando que no llevaba ropa interior bajo sus cortas faldas. Además, se le convirtió en hábito terminar sus parrandas inconsciente o vomitando en alguna esquina delante de cientos de personas. En este breve tiempo ha tenido al menos dos fugaces romances. Y algunos supuestos conocidos del pueblo en el que creció, Kentwood, Louisiana, han asegurado a varios medios que la han visto consumir cocaína, éxtasis y antidepresivos.

Su situación ha llegado a tal extremo, que sus propios padres y su ex esposo han tratado de obligarla a internarse y buscar ayuda profesional. Más aun si se tiene en cuenta que lleva muchas semanas sin cuidar a sus dos pequeños hijos, Sean Preston, de 17 meses, y Jayden James, de 5. Ante la crisis de Britney, su ex esposo Federline se ha hecho cargo de los niños y aunque por ahora comparten la custodia, él ha dejado saber que preferiría tenerlos a su cuidado. Lo cual significa que, si se da la batalla legal, ella podría perder el derecho de vivir con sus hijos.

Mientras algunos siguen pensando que se trata de una de tantas estrategias para no perder su popularidad y su capacidad de figurar, cada día son más los que creen que la cantante está lanzando un grito de auxilio. Kathleen Deveny, autora del reportaje de Newsweek, opina en su columna de esa revista que "las celebridades que están demasiado fuera de control pierden su encanto". Explica que las excentricidades funcionan cuando hacen parte de un plan calculado, como las de Madonna. Pero en cuanto a Britney, la mayoría de los sicólogos que han dado su opinión en diferentes medios coinciden en que la joven pasa por un mal momento por causa de adicciones y un trastorno de personalidad serio.

El siquiatra Akikur Mohammad, especialista en el tema y director de un centro de rehabilitación en Malibú dijo a SEMANA que los síntomas indicarían que ella es adicta a la cocaína. "Muchos de mis pacientes con este problema sienten que hay partes de su cuerpo que les son insoportables. Por ejemplo, una se arrancó todas las pestañas. Quizás Britney se quitó el pelo por lo mismo".

Otros especialistas opinan que a lo mejor se está rebelando contra los medios, por haberla perseguido durante años, no permitirle tener una vida privada y manipular su imagen. Incluso hay una campaña en Internet que dice "Dejen a Britney en paz, díganle no a los paparazzi", que busca recolectar firmas por esta causa. Una de las empleadas de la tienda de tatuajes Body and Soul, donde fue después de raparse, afirmó que la artista dijo: "no quiero que nadie me toque", para explicar su radical cambio de imagen.

Britney Spears pareciera estar pidiendo ayuda, pero en dos oportunidades ha abandonado las clínicas de rehabilitación en menos de 24 horas. "El adicto tiene que tocar fondo para entender que necesita recuperarse y ella parece no haber llegado a su límite", afirmó a SEMANA Ken Seeley, especialista en ayudar a adictos y sus familias, y presentador del programa Intervention del canal A&E.

Para otros podría ser una rebelión contra su vida, al mismo tiempo excepcional y sórdida. El padre de Spears fue alcohólico durante años y su madre estaba obsesionada con que su hija se convirtiera en estrella. "Los niños criados para ser famosos pueden tener problemas por el hecho de que se les haya impuesto su lugar en el mundo desde el deseo de los padres, por eso no crean un mundo interno propio", explicó a esta publicación la sicoanalista Geraldine Scioville.

Y es que la historia de Britney, la de una niña que saltó de un remoto y pequeño pueblo a los escenarios mundiales, es la de otras tantas celebridades que sufren el peso de la fama. "Hay mucha tristeza en mi pasado. Mi papá me golpeaba y fue muy estricto. Era muy difícil salir al escenario después de ser maltratado", recordaba Michael Jackson en una entrevista con Oprah Winfrey. Su amigo Macaulay Culkin también fue explotado por sus padres. Con ellos se enfrentó legalmente por su fortuna, luego tuvo problemas con drogas y a los 17 años se casó por poco tiempo. Su caso es similar al de Gary Coleman, el pequeño Arnold de la serie de televisión Blanco y Negro, quien demandó a sus padres por apropiarse de lo que él ganaba, tuvo líos con la ley y hoy se arrepiente de haber sido actor infantil. Su hermano en el programa, el actor Todd Bridges, se volvió drogadicto y recibió varias condenas. Y su compañera de reparto Dana Plato perdió la custodia de sus hijos, estuvo en prisión y murió de una sobredosis.

La fama temprana tampoco le hizo bien a Drew Barrymore, quien desde los 9 años ya consumía drogas y alcohol y a los 12 salía con hombres mucho mayores, hasta cuando ingresó en un centro de rehabilitación. También está Tatum O,Neal, quien se convirtió en heroinómana después de ganar un Oscar a los 10 años y hoy día acusa a su padre, el actor Ryan O,Neal, de ser el responsable de su difícil vida.

Quizá Britney haya dado, sin saberlo, la mejor definición de su situación en una entrevista televisada el año pasado con el periodista Matt Lauer "No soy perfecta, soy humana". Y errar es probablemente el más humano de los actos.
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