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| 1/31/2015 10:00:00 PM

González Iñárritu, Cuarón y Del Toro: Imparables en el cine

Se volvió costumbre ver los apellidos González Iñárritu, Cuarón y Del Toro en las nominaciones a los premios Oscar.

Three amigos mexicanos han pisado fuerte en Hollywood sin comprometer sus visiones y han evolucionado en una industria que no da libertad a quien no le rinde frutos. Uno, Guillermo del Toro, es de Guadalajara y los otros dos, Alfonso Cuarón y Alejandro González Iñárritu, de Ciudad de México. Han recorrido caminos separados y producido cintas que los distinguen, entre ellas clásicos como Amores perros, Y tu mamá también y El laberinto del fauno, pero tienen en común que sus proyectos alimentan un estilo propio, un lenguaje rico y empujan los límites del séptimo arte. Es evidente que no necesitan de los Oscar para probar su calidad, pero figurar en ellos tampoco los desacredita.

Se conocieron temprano en sus carreras. La amistad de más tiempo es la de Cuarón con Del Toro. Coincidieron en una serie de televisión a finales de los años ochenta, y de una crítica de Del Toro al guion de Cuarón —lo culpó de copiar una historia de Stephen King— surgió un lazo que hasta hoy se mantiene fuerte. Iñárritu entró eventualmente en contacto con los dos. Conoció a Cuarón en 1998 mientras este se preparaba para dirigir Grandes esperanzas, y a Del Toro en 2000 mientras editaba su película Amores perros. En ese proceso, Del Toro aconsejó a Iñárritu, presencialmente y por teléfono, sobre los cortes claves para hacer de su película la mejor posible, y la colaboración arrojó resultados memorables.

En 2006 hubo sobredosis de México en los Oscar. Guillermo del Toro compitió con El laberinto del fauno, Alfonso Cuarón con Hijos de los hombres y Alejandro González Iñárritu con Babel. Las tres películas fueron nominadas a 16 estatuillas y ganaron cuatro. El hecho no fue flor de un día, ni fenómeno de un año, era el aliciente de que habían llegado para quedarse.

Los directores han retroalimentado el trabajo del otro y han ido más lejos. Cooperaron al fundar una casa productora en 2007, Cha Cha Cha Films. El proyecto funcionó parcialmente. Nació en 2007 en sociedad con Focus Group y Universal Pictures, con un presupuesto de 100 millones de dólares. Produjo las cintas Rudo y cursi en 2008, Madres e hijas, de Rodrigo García Barcha en 2010, y Biutiful de González Iñárritu en 2010, pero los inversionistas de Universal terminaron abruptamente la alianza. Sin embargo, los three siguen firmes, recorriendo sus caminos y retroalimentándose. “Esto no es un matrimonio —afirmó Del Toro cuando crearon Cha Cha Cha—, no es una compañía, lo que nos une es la amistad”.

Si bien se les menciona como un ente único tienen personalidades, maneras de trabajar y gustos distintos. Del Toro, apodado Osito, encarna el clásico nerd, embebido en un mundo de fantasías y monstruos, y se caracteriza por su amabilidad y su sentido del humor. En contraste, Iñárritu, apodado el Negro, tiene un aire más soberbio, digno de quien ha excedido expectativas por los escenarios por los que ha pasado. Cuarón describió el contraste cinematográfico entre ambos cuando afirmó: “Las escenas de Guillermo son casi matemáticas. Todo está planeado. Mientras que Alejandro define qué y cómo va a filmar cuando llega al lugar. Opera casi como un reportero. Tiene que ver para decidir qué hacer”.

El mismo Iñárritu ratifica esta idea. En reciente entrevista con el diario Milenio de su país, aseguró: “Trabajo mucho en la escritura antes de empezar las grabaciones, es lo primero que dirijo. Pero, a pesar de la minuciosidad, el guion nunca va a estar completamente listo. Cada vez lo veo más como un referente. He tratado de liberarme de la dictadura de la palabra y algunos de los mejores momentos de mis películas no estaban en el guion. La filmación es el texto original: lo que capturas con la cámara es la película”.

Gael García Bernal ha trabajado con Cuarón y con Iñárritu y es seguidor de Del Toro. Como pocos es capaz de definir la línea que los une y los separa. El actor describe el estilo de Cuarón como más íntimo, centrado por los personajes, y el de Iñárritu más dado a entrelazar historias con un grado mayor de complejidad. A Del Toro lo postula como un autor enmarcado en su género favorito: la fantasía. Sobre lo que los une, García Bernal aseguró: “Tienen un lenguaje en común. Con muchas referencias compartidas que vienen del hecho de crecer en México en la misma época”.

Los three amigos no están exentos de críticas. Especialmente en México y América Latina se les tilda de ‘vendidos’ al sistema estadounidense. A ese respecto, David Linde de Universal Pictures, asegura: “Los tres son mexicanos de punta a punta y aprecian su procedencia y todo lo que acarrea, pero también tienen una perspectiva global, y lo que les interesa, más allá de dónde contar la historia, es explorar lo que significa ser humano”.

El hombre del momento

Alfonso Cuarón triunfó con Gravity en 2014. Se llevó la estatuilla a mejor dirección y a mejor edición, pero este año las expectativas se posan sobre Iñárritu. Su película Birdman luchará en nueve categorías, entre ellas las de mejor director, mejor película, mejor actor y mejor guion original.

La cinta rompe paradigmas en varios frentes y por ello ha sido reconocida por la academia. Si bien se le rotula como una comedia negra, más parece el retazo frenético de la vida de un actor —otrora famoso— que busca validar su presente, exorcizar su pasado y sacar fuerzas de donde parece no tenerlas para volver a sentirse dueño de sí. Para esta cinta se sirvió de un Michael Keaton supremo, de un reparto estelar, de un ritmo que dicta una batería contundente y de una cinematografía que ofrece una experiencia casi presencial para el espectador.

Es quizás el proyecto más abstracto que Iñárritu ha abordado, y se puede decir que casi adoptó el estilo íntimo de Cuarón. Sobre el rodaje, el director contó al diario Milenio: “Todos lo hicimos de corazón, desde un lugar correcto y fue algo muy valiente; porque todos estábamos ahí reflejados. Es la idea de poner a tu demonio en la motocicleta e irte a viajar con él, en lugar de salir por patas”.

A Iñárritu se le puede describir como un hombre todo terreno. Lavó pisos en una embarcación de carga que lo llevó a sus 19 años a Europa, en ruta a África. El viaje lo marcó tanto que sus películas o evocan o habitan los lugares que visitó en esa época (un ejemplo claro es Babel). Una vez regresó a México basó su ascenso profesional en la música. Tenía entonces una banda musical y para sus conocidos parecía que esa sería su vocación. Pero no se quedaba quieto. Asistió a un casting en una emisora y se hizo a un lugar. Con tiempo, llevó a la emisora al tope de audiencia, lo que le valió dirigirla luego. De aquella época, Charo González, quien trabajó con él, dijo a la revista Gatopardo: “Se salía de los lineamientos. Es un hombre con una constancia y perseverancia fuera de serie”.

Buscando nuevos frentes, extendió su campo de acción y fue empresario de conciertos de rock, y luego lo llamó Televisa. El gigante televisivo le encargó refrescar la imagen de los canales, una tarea complicada. El experimento resultó frustrante. El canal canceló la serie en la que vertió sus energías y para la cual había enganchado a Miguel Bosé como protagonista. Fue su primera gran decepción a nivel profesional. Pero no lo detuvo. Saltó luego a la publicidad, compuso música para películas, y llegados los años noventa montó una casa productora de cine. Ahí viviría su transición más significativa. Más tarde que sus dos amigos, Cuarón y Del Toro, que desde niños quisieron hacer cine, llegó para quedarse.
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