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| 2/11/1985 12:00:00 AM

GOOD BYE MR. T.

Lo que nadie sabe sobre el héroe de "Los magníficos".

La única referencia que actualmente les queda a los niños colombianos de uno de sus héroes favoritos de la serie "Los magníficos", es una propaganda de Calcetoce en la que se insinúa la presencia de Mr. T.
A pesar de que la serie que batió todos los récords de sintonía el año pasado ya no está saliendo al aire, son miles los niños que todavía se disfrazan como el estrambótico ex combatiente de Vietnam y sueñan con poder realizar alguna de sus hazañas. Junto con Superman, el Hombre Increíble, Batman, el Llanero Solitario, Michael Night e inclusive el Chapulín Colorado, Mr. T. ya forma parte del universo de los juegos infantiles.
Su nombre verdadero es Lawrence Tureaud y se hizo famoso con la serie "Los magníficos" en el papel de Mario Baracus. Muy pocos recuerdan el papel que realizó en la película "Rocky III". Era esa especie de mastodonte negro con peinado de mohicano al cual Rocky tenía que enfrentarse y el cual, finalmente, como era de esperarse, quedó tendido en la lona por los jabs de Rocky.
Esa apariencia de hombre rudo es, según sus propias palabras, solamente eso: apariencia. Porque Mr. T. es "un tipo rudo con un gran corazón" y, según el reverendo Hardy, párroco del barrio de Chicago donde nació el 21 de mayo de 1952, "muy sensitivo, muy religioso y espiritual, además de humilde". Con frecuencia lee la Biblia y otros libros religiosos y asegura que sin la religión "nunca hubiera llegado a ser una estrella".
Sin embargo, no es como habitualmente son las estrellas de cine y TV. Aunque vive en un lujoso edificio de Los Angeles, su apartamento es pequeño y tranquilo. No sueña con mansiones inmensas custodiadas de perros, con piscinas enormes de formas extravagantes y canchas de tenis, y detesta asistir a fiestas de farándula, porque apenas llega lo primero que le dicen es: "¡A ver, Mr. T., saca músculo!". "Me niego a ser usado como una ficha. No soy "tío T"", dice en un libro recientemente publicado en los Estados Unidos -Tough & Tender-, en el cual se relata su vida.
Le gusta acostarse temprano y levantarse tarde, pasear en un viejo y clásico Rolls Royce y sentarse ante el televisor para ver su serie favorita: "Los Beverly ricos", "unos tipos humildes, buenas personas, que no quieren impresionar a nadie". Sus personajes favoritos son Einstein, Henry Ford y Abraham Lincoln. Cultiva su físico religiosamente. Todos los días trabaja con su propio equipo de pesas y se hace la no despreciable cifra de 100 flexiones, para conservar su poderosa musculatura en forma. Mide cerca de 1.80 mts. y pesa 108 kilos. Sus órdenes en los McDonalds son legendarias: tres hamburguesas de tres cuartos de libra con queso, leche malteada de fresa y tres porciones grandes de papas a la francesa. No fuma y no toma nada que tenga licor. Tampoco toma café o gaseosas que contengan cafeína, sustancia que considera nociva para la salud. Tiene cerca de 42 millones de fanáticos y conserva cajas repletas de fotografías que le envían sus seguidores, a quienes llama sus "chiquitines". "¿Si Jerry Lewis puede tener sus chicos, si Charlie puede tener sus Angeles, por qué no puede Mr. T. tener sus chiquitines?", dice.

ENTRE LAGRIMAS Y RISAS
Tal vez es su signo astrológico, Géminis, el que explica las dos caras de su personalidad: rudo y tierno. Indudablemente es un hombre rudo, pero no teme mostrar su lado blando y cuenta que solía llorar por las noches cuando intentaba abrirse paso en la vida y no podía encontrar trabajo. Aún hoy se le aguan los ojos cuando recuerda lo duro que tuvo que luchar su madre para sacar adelante a sus doce hijos.
Mr. T. gana más de tres millones de dólares al año, cobra 45 mil por cada aparición en un show de TV, y se calcula que posee joyas en oro por más de un millón. Pero sus comienzos no fueron fáciles. "Crecí en la pobreza, afirma, y soy hijo de un hogar destruido. Millones en esta situación cayeron en la droga. Yo no lo hice. Yo miré hacia el cielo".
Nació en uno de los barrios más pobres de Chicago y vivió durante años con su familia prácticamente hacinados en un pequeño apartamento. Sus hermanos mayores eran todos luchadores o boxeadores en la escuela y ellos le enseñaron a hacer del ejercicio una práctica diaria hasta el punto que Little Man, como lo llamaban por ser el más joven de la familia, muy pronto dejó de serlo. Nunca estrenó ropa, siempre tuvo que vestirse con ropa heredada de sus hermanos y en no pocas ocasiones pasó hambre. Su madre trabajaba para los blancos en sectores más prósperos de la ciudad y su padre en ocasionales trabajos como conductor de un camión de reparto. Pero cuando tenía cinco años, su padre abandonó el hogar. La situación era tan difícil en algunos momentos, que Mr. T. admite que tuvo que robar: "Robé para sobrevivir. Robé comida, pero nunca le robé a nadie su billetera. Robaba pan y leche".
Tres de los hermanos mayores tuvieron que salirse de la escuela, porque la familia ya no podía más. Uno de ellos ingresó en la Armada, el otro se enroló con los Marines y el tercero encontró trabajo. Gracias al dinero que enviaban, Mr. T. pudo terminar la escuela.
Mr. T. aún recuerda las épocas de bachillerato cuando jugaba fútbol y fue objeto de múltiples ofrecimientos para que aceptara becas por parte de mas de 30 colegios. Finalmente aceptó una en un colegio de negros de Texas, Prairie View A & M, porque le gustaba su equipo de fútbol. Allí, en 1969, se convirtió en una estrella de ese deporte, hasta que un día fue expulsado acusado de participar en una revuelta estudiantil. En 1972 trabajó en un hotel y posteriormente fue contratado como profesor en un gimnasio de un colegio que sólo albergaba a los peores muchachos de todo Chicago: adolescentes con dificultades de aprendizaje, o que no recibían en colegio alguno, pendencieros, en fin, muchachos con dificultades Mr. T. conocía sus problemas: poca comida, escasa ropa, crimen en torno a ellos. Sabía que tenían que ser rudos para poder sobrevivir. Así que fue rudo con ellos también, pero se convirtió en el padre y el hermano que los muchachos no tenían, hasta que por falta de fondos el colegio cerró.
En 1975 se enroló en la Policía Militar y posteriormente se convirtió en guardaespaldas. Sus tarjetas de presentación decían: "Cerca de Dios, no hay mejor protección que yo". Y no estaba bromeando. Entre las figuras para las cuales trabajó figuran los cantantes Donna Summer, Diana Ross y Michael Jackson, lo mismo que el ex candidato Jesse Jackson y campeones de boxeo como Leon Spinks y ni más ni menos que el mismísimo Muhammad Alí. Su última tarifa como guardaespaldas fue de 10 mil dólares el día. Ahora es él quien algunas veces necesita protección y son dos de sus hermanos quienes hacen el papel que antes él hizo para otros famosos.
Cuando trabajaba en Dingbats, en 1980, Mr. T. fue invitado a aparecer en TV en el concurso "The Toughest Bouncer in America". Ganó el concurso y defendiendo el título dos meses más tarde volvió a ganar. En esa oportunidad un famoso actor de cine lo estaba observando. Cuando Sylvester Stallone vio que Mr. T. demolía una puerta de 15 centímetros de espesor y luego lanzaba a un hombre de más de 100 kilos a través del salón, supo que era el hombre que necesitaba. Estaba buscando un tipo fuerte para el papel de Clubber Lang, el hombre con quien Rocky tenía que pelear para reconquistar el título de boxeo en la película "Rocky III". Mr. T. realizó la audición junto con más de 1.500 aspirantes y ganó el papel. Tuvo que entrenar durante tres meses. Stallone quería que se dieran golpes de verdad, aunque con el cuidado de no ir a causarse daños graves. Las escenas salieron a la perfección y Mr. T. sostiene que Stallone es aún mejor peleador que él. "Realmente me dio duro, dice, me golpeó más veces de las que puedo recordar". La película fue un éxito. Mr. T. había logrado su anhelo de siempre: ser alguien. No pasó mucho tiempo antes de que se convirtiera en la estrella de sus propias series de TV.
Una de ellas, aparte de "Los magníficos", es "El show de Mr. T." una serie de monitos animados en la cual Mr. T. hace el papel de entrenador de un equipo de gimnasia. Los principales miembros del equipo son dos niños, Jeff y Spike, y dos niñas, Kim y Robin, que cuando no están practicando, se meten en toda clase de aventuras de las que Mr. T. los rescata. Al final de la película, Mr. T. en persona sale a escena para dar un mensaje a los niños sobre la base de la aventura del día. Este programa es más fácil para Mr. T. que la grabación de "Los magníficos". Los dibujantes son los que tienen el trabajo fuerte de esa serie animada y Mr. T. sólo tiene que grabar su voz para que coincida con la del monito que lo representa en el programa.
Pero la vida de Mr. T. no se va toda en coser y hacer películas. También organiza campañas anti-droga, propósito en el que coincide con la primera dama de EE.UU, Nancy Reagan. Por este motivo fue invitado en las navidades de 1983 a la Casa Blanca con el objeto de representar a Santa Claus. En aquella oportunidad la señora Reagan no tuvo inconveniente en sentarse sobre sus piernas, y la fotografía de esta escena, en la que ella está besándole su inmensa cabezota, recorrió el mundo.
En la actualidad los EE.UU se encuentran inundados con la parafernalia de Mr. T.: muñecos, pelucas, joyas de fantasía, camisetas, comics... El sueño de ser alguien que siempre tuvo Mr. T. ya se cumplió. Sin embargo no ha dejado de soñar, y confiesa que en cinco o seis años dejará la actuación para alcanzar su mas preciosa meta: ser un predicador de tiempo completo."Pero no tendré una iglesia", dice. "Porque creo que no sería suficiente para mi ministerio. Mire, yo pertenezco al mundo".
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