Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1996/12/16 00:00

HISTORIA INDISCRETA

El periodista e historiador Arturo Abella recopila en un libro las metidas de pata más famosas en la historia de Colombia.

HISTORIA INDISCRETA

Cazador furtivo de gazapos, historiador riguroso e ingenioso y periodista por vocación y profesión, Arturo Abella acaba de lanzar un original libro _de Ediciones Martínez Roca S.A._, en el cual relata las grandes embarradas de los protagonistas de la historia. Desde la aparición en estas tierras de Gonzalo Jiménez de Quesada hasta el sonado proceso 8.000 hacen parte de este divertido recuento que inicia con la frase: "Que tire la primera piedra el gobernante o político que no haya metido la pata".Con 81 años y nueve libros en sus espaldas, Abella sigue siendo fiel a su propósito de inculcar en los colombianos la historia patria valiéndose de su extenso conocimiento de la letra menuda del acontecer nacional. Testigo y analista de la actualidad política desde hace casi 60 años _actividad que ejerce hoy desde sus columnas en El Nuevo Siglo y El Colombiano_ Abella mantiene su cruzada de revivir con la calidez del anecdotario los fríos episodios políticos que registran los textos académicos. "Me mueve la inclinación de precisar la verdadera historia", dice en su despacho de la Academia Colombiana de la Lengua. "Mi problema es que nací en una imprenta _sus tíos fueron los fundadores de Editorial Minerva_ y en esa casa editorial pasaban todas las figuras de la vida política y social de la época a publicar sus libros, y algo se me prendió".Fiel a sus principios políticos pero también a su gusto por la anécdota, en su labor de escritor Abella siempre ha enfocado los momentos cruciales del país desde un lado más humano, haciendo un retrato más íntimo de sus protagonistas. Sus publicaciones: Núñez, Entrevista con España, El florero de Llorente, Don Dinero en la Independencia, Así fue el 9 de abril, Así fue el 13 de junio, Faldas pero también sotanas en la Regeneración y Sangre y Misterios de la Plaza de Bolívar son prueba de su empeño. En este momento prepara una biografía de Laureano Gómez, "porque a mí me parece que los intereses políticos han deformado no sólo al personaje sino a la época y eso es lo que hay que contar. Laureano, a quien nunca le escuché un grito, me dijo una vez 'La gente se ha formado de mí una imagen agresiva y lo que he sido es un ingenuo'. Con esa frase comienzo el libro.", dice.Y ese interés por reportar una historia más parecida a la vida real es lo que lo llevó a escribir este último libro. "El propósito es sacudir el interés por la historia y precisar los hechos desde un ángulo más noticioso y ameno". Con la picardía que lo caracteriza y el desenfado de quien conoce al dedillo las intimidades de las figuras dominantes en cada época, Abella va repasando el acontecer nacional desde las metidas de pata de Bolívar "con bota y todo" hasta los elefantes de hoy.Y, a juzgar por el libro, la historia nacional es una sucesión interminable de embarradas. "La humanidad ha sido siempre la misma" _dice_. Por ello su relato comienza con la primera metida de pata que, según Sebastián de Belalcázar, fue la fundación de Bogotá. Según el cronista de la época, cuando Gonzalo Jiménez de Quesada instaló su asiento militar en las faldas de Monserrate, el 6 de agosto de 1538, se olvidó de fundar la ciudad "y fue sólo hasta el 27 de abril del año siguiente, cuando se nombraron funcionarios", que se fundó la ciudad, relata el historiador.Según el indiscreto escritor, esos sucesos llegaron incluso a cambiar el curso de la historia. "En la época de los Comuneros, la metida de pata del señor Caballero y Góngora, después de haber pacificado el reino, fue la de haber ordenado el sacrificio de José Antonio Galán. Porque es raro que un arzobispo, que había manejado la cosa muy bien hasta ese momento, hubiera cometido ese error, que aceleró la antipatía de los criollos contra los chapetones".Al igual que con la pluma, Abella habla de historia con la seguridad de un erudito y la fluidez de un reportero. En la conversación, gracias a su privilegiada memoria y a su característico humor de cachaco, revive, como si fuera ayer, cada episodio del acontecer nacional. Así, en pocos minutos pasa de la colonia a la independencia. "Esta época tiene también grandes embarradas _dice_. Una que cambió la historia fue, por ejemplo, la metida de pata de Antonio Nariño, a quien el oidor Mosquera y Figueroa mandó poner preso no por los Derechos del Hombre _del cual hizo una edición de seis ejemplares y los quemó_ sino por el escándalo del desfalco de los diezmos, del cual era tesorero. Esa metida de pata no sólo persiguió a Nariño hasta su muerte sino que _cuenta el historiador_ como Camilo Torres se negó a defenderlo, de ahí nació la división entre los criollos, que fue más tarde de centralistas y federalistas y que desembocó en la primera guerra civil del Nuevo Reino".A juicio del historiador, "todos los generales que han sido presidentes han caído después de meter la pata. Inclusive si el general Bolívar cayó, el general Rafael Reyes no podía ser la excepción", dice el historiador al relatar las innumerables metidas de pata del Libertador, a quien la champaña ponía a pasearse por encima de las mesas durante los banquetes. Uno de esos episodios, ante generales argentinos, "echó a perder en gran parte su proyecto de confederación suramericana". Pero si algunas metidas de pata han sido nefastas otras han sido "muy inteligentes", como la 'metida de brazo' de Rafael Núñez, 60 años después, "quien colocó durante el Banquete de la Paz al arzobispo Telésforo Paúl a acompañar a la mesa a su esposa Soledad Román, y ella pasó a la mesa del brazo del arzobispo ante el escándalo de los radicales, cuyo deseo era que excomulgaran a Núñez por estar casado por lo civil".Pero la época que más lo apasiona es la del 9 de abril, que no sólo le tocó vivirla como noticia _era el jefe de redacción de El Siglo_ sino sufrirla en carne propia, "porque después del incendio del periódico se pasó al de mi casa". Y también el 13 de junio, como director de la Radio Nacional, vivió el episodio en el corazón de los hechos "pues fue la primera que se tomó el Ejército". Como observador crítico de la política, en el último capítulo de su libro están registradas todas las crisis de los últimos gobiernos. Desde el episodio de Cúcuta de Turbay Ayala; los lapsus de Virgilio Barco; los roces entre Luis Carlos Galán y Carlos Lleras; la fuga de Pablo Escobar en el gobierno de César Gaviria y la polémica intervención del padre García Herreros hasta el revuelo de Andrés Pastrana con los narcocasetes y la famosa rueda de prensa de Fernando Botero y Horacio Serpa al conocerse la indagatoria de Medina, que inició el escándalo del proceso 8000... Como dice el autor, "un libro que tiene la doble función de sonrojarnos y hacernos sonreír".

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