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| 1/8/2011 12:00:00 AM

Hollywood en el barro

El actor George Clooney ha sorprendido al mundo al crear un proyecto que busca evitar una nueva guerra civil en Sudán. Se trata del más reciente ejemplo de celebridades que usan su fama y se ponen las botas para ayudar en situaciones críticas.

George Clooney no tuvo reparo en interrumpir sus vacaciones de fin de año en las hermosas playas de Los Cabos, en México, para viajar a Sudán, un país sometido a uno de los conflictos más complejos del mundo. La semana pasada, cuando apenas arrancaba 2011 y la mayoría de celebridades seguía bronceándose, el actor se despidió de su novia, la modelo italiana Elisabetta Canalis, empacó maletas y tomó un avión rumbo a Jartum, la capital del país africano, para impulsar uno de sus proyectos más ambiciosos: vigilar con satélites la votación del referendo que podría dividirlo en dos Estados.

Clooney, dos veces nombrado por la revista People como el hombre más sexy del mundo, es desde hace varios años uno de los principales activistas en la región sudanesa de Darfur. Por eso su ONG, Not on our Watch -en asocio con Naciones Unidas, la Universidad de Harvard y Google-, alquiló unos satélites para tomar fotos las 24 horas del día en las zonas susceptibles de violencia. "El objetivo es detener la guerra antes de que comience, por medio de un sistema abierto de alerta temprana", explicó a SEMANA Jonathan Hutson, vocero de Enough Project, organización antigenocidio que también patrocina la iniciativa.

La imagen de Clooney es un gancho poderoso para que los medios se interesen en la situación de Sudán y, sobre todo, para que otras instituciones aporten recursos. El actor parece estar tan comprometido con la crisis de ese país que hace poco se reunió con el presidente Barack Obama para hablar del tema, produjo un documental y cada tanto es invitado por las Naciones Unidas a dictar conferencias en diferentes lugares del mundo. Gracias a su labor en África, muchos expertos en derechos humanos lo admiran y lo incluyen en la selecta lista de famosos que se involucran seriamente en causas humanitarias.

El fenómeno viene en ascenso durante los últimos años, a tal punto que ya existen empresas que asesoran a las estrellas para que escojan la problemática que mejor se ajusta a su perfil. Aunque hoy es raro encontrar a un artista que no tenga que ver con alguna actividad benéfica -así sea para hablar sobre la protección del medio ambiente en un comercial de 15 segundos-, son pocos los que realmente dedican gran parte de su tiempo y fortuna a ayudar a los más necesitados.

Sean Penn, por ejemplo, fue más radical que Clooney y decidió pasar sus vacaciones de fin de año en Haití ayudando a las víctimas del terremoto, como lo lleva haciendo desde hace un año. Su compromiso con el derruido país es tan grande que incluso dijo hace pocos días que pasará el resto de su vida trabajando por su reconstrucción. Desde los 12 años, Matt Damon, protagonista de Los infiltrados, también ha venido desarrollando una labor humanitaria firme y silenciosa: es cofundador de Not on our Watch, junto a Clooney y Brad Pitt, y creó Water.org, una organización que ha proveído de agua potable a millones de personas en el mundo.

A diferencia de Penn y Damon, Angelina Jolie es una de las celebridades más visibles en cuestiones humanitarias gracias a que ostenta el título de embajadora de Buena Voluntad de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur). Durante la última década, la actriz, de 35 años, ha visitado los campamentos de refugiados en Sierra Leona, Tanzania, Kosovo, Chad, Etiopía, Ecuador, Kenia, Namibia, Pakistán... Por su trabajo, la organización no gubernamental Council of Foreign Relations la designó miembro honorario en 2007 y en varias oportunidades ha sido invitada a participar en el Foro Económico Mundial en Davos, Suiza. Jolie, conmovida por la situación en las diferentes zonas de guerra del planeta, adoptó tres niños huérfanos y cobró más de 20 millones de dólares por las fotos exclusivas de sus tres hijos biológicos, para donarlos a su fundación.

Esta senda la abrieron Bono y su coterráneo, el músico irlandés Bob Geldof. Ambos son los precursores de Live8, la serie de conciertos celebrados en 2005 para combatir la pobreza en el mundo. Desde hace largo tiempo, el cantante de U2 lidera campañas que buscan condonar la deuda externa de los países en vías de desarrollo y hoy es de los pocos artistas que tienen el privilegio de cenar con importantes líderes mundiales para hablar de política internacional.

No hay duda de que la participación de famosos en causas humanitarias es una situación en la que todos ganan: la imagen que proyectan favorece sus carreras, pero también su respaldo da mayor solvencia económica a las instituciones benéficas que patrocinan y dispara la popularidad de los políticos aliados. Sin embargo, también hay casos que resultan ser un fiasco y se devuelven como un bumerán contra las celebridades que fallan en el intento. Hace unos años, por ejemplo, Paris Hilton anunció sus intenciones de aliviar la pobreza en Ruanda, pero al final se arrepintió de viajar a ese país y se fue de misión a Sudáfrica, donde terminó alojada en un hotel cinco estrellas. Para que eso no ocurra, según dijo a esta revista Duncan Green, jefe de Investigación de Oxfam Internacional en el Reino Unido, "es necesario asegurarse de que tengan una buena reputación. Nosotros nos cuidamos de trabajar con artistas disciplinados, que realmente conozcan el tema y que se comprometan con la causa".

Clooney, por supuesto, no ha descuidado su vocación de actor. En 2010 fue nominado a un Óscar por su papel en la película Up in the Air y este año protagonizará la cinta The Descendants. Aún así no deja de ser llamativo que en su hoja de vida, además de un premio de la Academia y dos Globos de Oro, ahora aparezcan galardones por su activismo. Como dijo durante la ceremonia de los Emmy en agosto, cuando recibió el Bob Hope Humanitarian Award, "es vergonzoso porque no quieres ser premiado por algo que se supone deberías hacer voluntariamente".
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