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| 11/19/2011 12:00:00 AM

Hombres de hielo

Hace un siglo, Roald Amundsen y Robert Scott se enfrentaron en una carrera por conquistar el Polo Sur. El primero lo logró y el segundo murió en el intento. Hoy tres españoles buscan repetir la hazaña.

"Busco hombres para un viaje arriesgado. Ofrezco poco sueldo, frío extremo, largos meses sin ver la luz del sol, peligros constantes y honor en caso de éxito. No garantizo regresar a salvo". Este temerario aviso fue publicado en el diario The Times en 1907 para reclutar marinos que se unieran a una travesía prácticamente suicida en la Antártica. Aunque el explorador que publicó el clasificado, el irlandés Ernest Shackleton, no logró llegar al corazón del continente blanco, pues su barco fue destruido por gigantescos bloques de hielo, su intento despertó una especie de fiebre por llegar a donde jamás el ser humano había puesto su pie: el Polo Sur.

Así, en el verano de 1911, el experimentado explorador noruego Roald Amundsen, que ya había fallado en su intento de conquistar el Polo Norte, y Robert Falcon Scott, capitán de la Marina Real Británica, se enfrentaron en una carrera a muerte. Su objetivo: ser el primer hombre en visitar el punto más meridional del planeta. Tras 57 días de travesía, el 14 de diciembre de 1911 el equipo de Amundsen lo logró. Los noruegos clavaron su bandera en el Polo Sur y revelaron "uno de los mayores secretos del planeta". La Antártica dejó de ser un espacio en blanco y desconocido en el mapa.

Mientras tanto, el equipo de Scott avanzaba con dificultad y en medio de grandes penalidades, y solo un mes después, el 17 de enero de 1912, alcanzó la meta. Al llegar los esperaba la tienda de su rival con el pabellón de Noruega izado, algunos suministros y una carta dirigida al rey Haakon VII en la que Amundsen se declaraba ganador absoluto. Ese día Scott escribió en su diario: "Lo peor ha ocurrido. Una simple ojeada nos revela todo. Los nórdicos nos han adelantado. Mañana iremos hasta el polo y, luego, volveremos a casa lo antes posible". Pero su último deseo no se cumplió. En el trayecto de regreso, él y sus hombres murieron de hambre y de frío a tan solo 17 kilómetros del campamento base. La gloria de Amundsen fue la tragedia de Scott, quien fue elevado a la categoría de mártir en Gran Bretaña.

Hoy, cien años después de esta épica carrera, un grupo de escaladores vascos, Alberto Iñurrategi, Juan Vallejo y Mikel Zabalza, buscan repetir la hazaña. La expedición Transantártika 2011 partió de Sudáfrica el 15 de noviembre hacia la base rusa de Novolazarevskaya, en la Antártica. Su propósito es rendir un homenaje a estos aventureros que, por encima de sus propios límites, desafiaron una de las geografías más agrestes del planeta.

El desafío requiere excelentes condiciones físicas y mentales. A diferencia de Amundsen y Scott, los montañistas no viajarán en trineos tirados por animales, sino que dependerán de la presencia de vientos y su fuerza para avanzar, pues serán propulsados por cometas. Pero la novedosa idea requiere una gran resistencia física. En efecto, "recorrer una superficie helada sobre unos esquís, a velocidades de casi 50 kilómetros por hora, con un trineo de 170 kilos atado a los riñones y una cometa tirando en dirección opuesta, es un ejercicio agotador", explicó Vallejo en una rueda de prensa poco antes de partir.

Aunque los españoles cuentan con GPS, computadores, teléfonos satelitales, cámaras de video y placas solares para cargar las baterías, en caso de un accidente es posible que no puedan ser rescatados. Debido al inhóspito paisaje, las avionetas solo pueden aterrizar en ciertos lugares a los que tendrían que llegar para ser evacuados.

Según dijo a SEMANA Óscar Gorgonza, director de la revista española de escalada CampoBase, la mayor dificultad de la aventura será el frío: "La temperatura puede llegar a -40 °C. A eso se suma el agotamiento y el riesgo de que no haga suficiente viento y los exploradores se vean forzados a arrastrar sus trineos". Para el periodista, el éxito depende de una buena planificación y de tomar las decisiones correctas en el momento preciso. "Como en el caso de Amundsen y Scott -agrega-, esto puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte".

Amundsen, por ejemplo, utilizó como estrategia trineos tirados por perros siberianos, que resisten mejor el frío y son más livianos. El noruego partió con 50 canes hacia el Polo Sur y, para asegurar su supervivencia, sacrificó uno a uno a los más débiles para alimentar a los más fuertes. Scott, en cambio, recurrió a caballos de Manchuria que murieron muy pronto. Los equinos tenían que cargar, aparte del equipaje de la expedición, pesados bultos de avena con los que se alimentaban. Además, al no tener raquetas en sus patas, se hundían en las gruesas capas de nieve y puesto que transpiraban en exceso, las gotas de sudor se congelaban sobre su cuerpo. Sin los caballos, el grupo se vio obligado a cargar las provisiones. Para completar, los trineos de motor que habían llevado no soportaron las temperaturas extremas y terminaron siendo una carga inútil.

Otro factor determinante en el fracaso de los británicos fue la falta de experiencia de su equipo, compuesto en su mayoría por aventureros novatos y científicos que en total no reunían más de cinco años en la actividad. En contraste, los miembros de la expedición de Amundsen sumaban entre ellos 100 años de trayectoria e, incluso, él había convivido con esquimales en su juventud, por lo que le ordenó a su equipo cubrirse con piel de lobo para contrarrestar las heladas.

Mientras Amundsen no tuvo mayores contratiempos y regresó victorioso a su campamento base el 25 de enero de 1912, la falta de previsión y las pésimas condiciones meteorológicas sellaron el destino de Scott y sus cuatro acompañantes. A su regreso una tormenta los obligó a permanecer, sin alimentos ni combustible, en la carpa que se convertiría en su tumba. Hoy la estación estadounidense ubicada exactamente en el lugar más austral del mundo lleva el nombre de estos dos expedicionarios y es el destino que Iñurrategi, Vallejo y Zabalza esperan conquistar dentro de las próximas semanas. Se estima que el 21 de enero lleguen a Bahía Hércules, la puerta de salida hacia territorio chileno y hacia la civilización.
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