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| 2/28/2015 10:00:00 PM

¿Hubo justicia por el asesinato del francotirador?

Eddie Ray Routh, el hombre que mató al francotirador Chris Kyle y a un amigo suyo, fue declarado culpable.

Eddie Ray Routh fue capturado la noche del 2 de febrero de 2013. La Policía lo esperaba en su casa tras recibir una llamada  de su hermana Laura, en la que advirtió que Routh actuaba como un loco y que le había confesado que “los había matado, -a Chris Kyle y a Chad Littlefield-, antes de que ellos lo mataran a él”.
 
El proceso penal recién culminó el miércoles pasado. La Fiscalía se anotó un triunfo al conseguir la máxima condena, la cadena perpetua sin posibilidad de aspirar a libertad condicional (no buscó la pena de muerte). Lo logró desvirtuando el argumento de la defensa, que atribuía el crimen a la demencia. Routh hubiera podido ir a parar a una institución mental, pero el jurado texano consideró que sus delirios sobre ‘hombres-cerdos híbridos’, su fuerte uso de drogas y alcohol, su comportamiento errático y distante durante años, no probaban  locura,  pues eran apenas señales de la crisis profunda de un hombre responsable de sus actos.

Pero muchos expertos legales de Estados Unidos se preguntan si había alguna posibilidad de un juicio justo en Texas, un estado amante de las armas, para el responsable de la muerte de quien se había convertido en los últimos tiempos en uno de los personajes más queridos para los texanos. Kyle había publicado su libro Francotirador en 2012  y la película basada en su vida, nominada a un premio Oscar en 2015, batió récords de asistencia en todo el país.

El crimen tuvo lugar el 2 de febrero de 2013 en un campo de tiro de Stephenville, a 100 kilómetros de Dallas. Routh, Kyle y Littlefield habían acordado pasar un rato disparando y hablando, como hacen los excombatientes. Pero repentinamente Routh tomó las armas de Kyle, apuntó hacia sus acompañantes y les disparó 13 veces. A Littlefield en el pecho, a Kyle por la espalda. El francotirador de mayor efectividad en la historia de su país cayó en su estado natal, desprotegido, sin capacidad de reacción, por el fuego de sus propios fierros. Y todo partió de un gesto comprensivo…

Kyle se había comprometido con la madre de Routh a charlar con él, pues vivía una situación difícil. Le habían diagnosticado síndrome de estrés postraumático y psicosis, y tenía graves problemas para adaptarse a la vida civil. En los estrados, varios de los familiares de Routh dijeron que había tenido actitudes suicidas y paranoicas meses antes del crimen. Pero los expertos en salud mental negaron que Routh hubiera combatido en Irak, ni enterrado bebés en una fosa común durante su misión en Haití como parte de equipos de rescate. La Fiscalía le llamó mentiroso, y lo ratificó con dos expertos más que aseguraron que Routh exageró sus supuestos traumas para sacar provecho económico. También se dijo que el asesino se esforzaba por parecer esquizofrénico para evitar ir a prisión.

Al momento de ser interrogado, Routh dio explicaciones absurdas a la Policía. Aseguró que temía por su vida, pues creía que Kyle y Littlefield, veteranos de guerra como él, iban a robarle el alma. Dijo sentirse ofendido pues Kyle no le dio la mano al saludarlo. Afirmó que sus dos víctimas no le hablaron en el camino a Stephenville, Texas, y, también, que el olor en la camioneta de Kyle lo había perturbado. “Olía a colonia dulce. Yo olía odio y amor, los dos me daban odio y amor”, le dijo desde prisión a la revista The New Yorker en 2013. Desde su regreso a Texas, Eddie Ray Routh vivió años traumáticos, caminando una fina línea entre la cordura, la fantasía negra y el delirio. El jurado, sin embargo, consideró que todo era una farsa construida con base en mentiras, marihuana y alcohol.

La película Francotirador presenta muchos momentos de la vida de Chris Kyle, pero no retrata su muerte. La pantalla funde a negro cuando, un día soleado, Kyle se despide de su mujer, y sale de su casa para acompañar a un veterano de guerra necesitado de charlar con alguien que entendiera sus penas. La audiencia se entera del desenlace por medio de créditos. En este caso, la audiencia tendrá que sacar sus conclusiones sobre si en este juicio el jurado dio en el blanco, o se dejó tentar por vengar a su héroe.
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