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| 6/9/2003 12:00:00 AM

Idolo, leyenda, dios

David Beckham, símbolo sexual del momento , es una superestrella no tanto por su nivel de juego sino por su carisma y su poder de seducción.

Casos se han visto. Por ejemplo, la histérica fascinación que suelen despertar entre las mujeres varios de los integrantes de las selecciones de fútbol de Italia y Argentina. O el de George Best ('el Quinto Beatle'), polémico jugador al servicio del Manchester United en los años 60, cuya melena, enormes patillas, fama de mujeriego y enredos con el alcohol y la droga recibían más atención de la prensa que su excepcional talento como futbolista.

Pero David Beckham supera de lejos su leyenda y cualquier otra asociada con futbolista alguno. Aunque no se trata de un jugador fuera de serie, como Pelé, Di Stefano, Cruyff o Maradona (ni siquiera está a la altura de contemporáneos suyos como Zidane, Del Piero o Figo), Beckham, de 28 años, se ha convertido en un ídolo de masas en casi todo el planeta. Millones de seguidores del carismático volante del Manchester United en todo el mundo quieren vestir como él, peinarse -o raparse- como él, lucir sus mismas gafas. Su presencia en la tribuna de un estadio como simple espectador puede hacer olvidar a miles de personas que están allí para ver un partido y no para verle la cara a Beckham.

Cada vez que el Manchester United, su equipo, lanza un nuevo modelo de camiseta, las ventas se disparan en gran parte gracias a la demanda que tienen el número 7 y el apellido de este jugador impreso en la espalda. Más de 60.000 páginas web siguen sus pasos y en un templo de Tailandia su rostro está tallado en oro.

Se calcula que cada semana Beckham se embolsilla 140.000 dólares, unos 15 millones al año si se agrega lo que recibe por la publicidad de Nike, Vodaphone y Pepsi, y su fortuna (sin sumar la de su esposa, Victoria Adams, ex cantante de las Spice Girls) se calcula en 75 millones de dólares. Se sabe que gasta escandalosas sumas en ropa y que otras debilidades son los carros de lujo y muebles y accesorios que utiliza para decorar 'Beckingham Palace', su casa, réplica en miniatura del palacio de Buckingham.

Pero lo que resulta casi que insólito es que está a punto de conquistar a Estados Unidos, un país donde las noticias relacionadas con el fútbol no merecen ni siquiera el último renglón de las páginas deportivas de los lunes. Hollywood ya le ofreció 15 millones de dólares para que protagonice su propia vida.

El antecedente es la película Quiero ser como Beckham, un fenómeno en el Reino Unido, como era de esperarse, pero también en Estados Unidos, algo asombroso pues se trata de un filme de culto, sin ningún tipo de promoción masivo, que narra las peripecias de una adolescente inglesa de origen indio que venera al jugador por sobre todas las cosas. La prensa de Estados Unidos ya le ha dedicado artículos y en este verano tanto él como su esposa están interesados en hacerse de veras famosos allí. Ella con su segundo disco como solista y él gracias a la gira norteamericana que hará en julio el Manchester United. Todavía no dan la talla como para aparecer en las portadas pero al menos la televisión les presta atención y los entrevista, aunque en Estados Unidos no tienen muy claro qué es lo que piensa promocionar la pareja, pues el fútbol no está de moda y a la ex Spice Girl allá la consideran 'de quinta'.

¿En qué consiste el enigmático fenómeno? Por un lado se trata de un jugador con mucha pinta. Millones de mujeres se mueren por él. Pero también los padres de familia que admiran su vida ejemplar, quienes lo ven como un héroe del deporte, e incluso la comunidad homosexual, que valoró su gesto de aparecer en la portada de una revista gay, un signo de respeto que esta comunidad supo valorar.

Personas a las que no les interesa para nada el fútbol andan pendientes de sus andanzas. Su matrimonio con Victoria y sus dos hijos, Brooklyn y Romeo, llenan más páginas de los diarios sensacionalistas y las revistas de corazón que la propia familia real británica.

Tarea difícil pues, a diferencia del ya citado George Best y del propio Diego Maradona, Beckham ha sabido mantener muy bien el equilibrio entre sus facetas de ídolo pop, abnegado deportista y ejemplar padre de familia. Quien sigue de cerca al Manchester United y a la selección inglesa sabe de sobra que Beckham se pone el overol como cualquier jugador advenedizo en busca de un cupo en la titular. Corre como ninguno, ayuda a defender, nada de aires de superioridad, jamás regaña a sus compañeros y cuando se equivoca les presenta disculpas.

Como padre de familia el Spice Boy lleva una vida muy tranquila (aburrida desde el punto de vista de los paparazzi), lo que más desea es poder cenar en paz con su esposa o ver televisión en familia mientras degusta algún plato de comida china pedida a domicilio.

¿Por qué tanto interés en una cara bonita como cualquiera otra? Una posible explicación es que Beckham cumplió el sueño de cientos de miles de hijos de la clase obrera. David se crió en un barrio del este de Londres. Su madre, una peluquera (lo que tal vez explique su pasión por raparse y peinarse de mil maneras distintas) y su padre, ayudante de un instalador de gas y gran seguidor del Manchester United. Desde niño Beckham mostró, además de su gran talento para el fútbol, una gran fortaleza física y se destacaba en pruebas atléticas de fondo. A los 11 años tuvo la oportunidad de participar y ganar una competición con talentos de todo el país que patrocinaba sir Bobby Charlton, la más grande figura del Manchester United y del fútbol inglés de todos los tiempos.

A esto se deben agregar sus grandezas y miserias en los campos de fútbol. Por ejemplo, el agónico golazo de tiro libre ante Grecia que clasificó a Inglaterra al pasado mundial, pero también su innecesaria patada al argentino Diego Simeone en Francia 98 que supuso su expulsión y la derrota de Inglaterra ante un rival encarnizado, lo que provocó un memorable titular de prensa en el Reino Unido: Ten lions and one stupid boy (Diez leones y un muchacho estúpido). Durante dos años al 'stupid boy' lo abuchearon e insultaron en todos los estadios de Gran Bretaña donde jugaba como visitante el Manchester United. Fue tal la persecución que recibió tras aquella décima de segundo de irreflexión ante los argentinos que Beckham y su esposa se refugiaron en un hotel del barrio neoyorquino de Brooklyn, donde concibieron a su primer hijo, quien lleva ese nombre como homenaje al único refugio seguro que encontraron en aquellos difíciles días. Este ejemplo de superación y su capacidad para haber sorteado semejante adversidad sin duda ayudaron a construir su perfil de superhéroe contemporáneo.

Pero también tiene mucho que ver la agresiva campaña de expansión que ha desarrollado el Manchester United en los últimos años para ganar nuevos mercados, en especial en Asia. Beckham ha sido la punta de lanza de esta ofensiva, que ha convertido a la tierra de Buda en un campo fértil para la adoración de Beckham. De hecho, se piensa que detrás del interés del Real Madrid por contratarlo -iniciativa que desconcierta a los hinchas merengues, que no entienden por qué gastarse 50 millones de dólares en un futbolista condenado a ser suplente de Zidane y Figo- está Adidas, que con el gancho de Beckham quiere caerle de lleno al mercado del Extremo Oriente que ya colonizó su rival Nike a través del Manchester United.

Beckham jamás alcanzará el panteón de Pelé, Maradona, Cruyff y Di Stefano. Pero, a diferencia de ellos, está a punto de meterse de lleno en un territorio mucho más lucrativo. El de las estrellas de MTV, el de los ídolos de Hollywood. Y esas sí son palabras mayores.
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