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| 9/21/2010 12:00:00 AM

Íngrid dice que se separó de Lecompte porque se sintió "reemplazada"

En entrevista que le concedió a la revista 'Der Spiegel' dice que no culpa al gobierno de Andrés Pastrana de su secuestro, pero resalta que tampoco fue culpa de ella. Asegura que no volverá a la política tradicional.

La prestigiosa revista alemana 'Der Spiegel' publicó en su edición de esta semana una entrevista con Íngrid Betancourt. En la conversación, que tuvo lugar en Nueva York y abarca cuatro páginas del semanario, Betancourt arroja una luz sobre las razones que la llevaron a separarse, después de su liberación, de su esposo Juan Carlos Lecompte: “(...) Lo único que poseía era un pequeño radio", dice Betancourt.
 
“Todos los días oía a mi madre y, dos días por semana, a mis hijos. A través de una carta que había logrado hacer llegar a Bogotá, todos sabían que yo los escuchaba. Y sin embargo, al único que no oí hablar fue a mi ex marido. Tuve que esperar dos años hasta cuando él dio una entrevista tras publicar su primer libro. Dijo que quería recuperar su vida. Yo supe inmediatamente lo que eso significaba”.

Betancourt afirma haber oído las palabras de Lecompte acurrucada en su celda en la selva. Dice que aunque no esperaba “que él viviera por años como un monje”, el momento definitivo llegó cuando Lecompte empezó a hablar sobre una nueva novia y cuando explicó que no tuvo hijos con Íngrid porque ella siempre fue una mujer “muy ocupada”. “Eso fue malintencionado (...), me sentí reemplazada”, dice Betancourt en la entrevista con 'Der Spiegel'.

Posteriormente los reporteros le preguntaron si esa fue la razón de la separación de Lecompte, después de su liberación. “Cuando descendí del avión (...) una de las primeras cosas que él me preguntó fue si lo dejaría quedarse esa noche en mi apartamento. Supe inmediatamente que eso iba a ser un problema. Así que me fui a donde mi madre y me duché durante largo tiempo. Luego, ya en la cama, no pude dormir (...)”.

La entrevista fue publicada en 'Der Spiegel' un día antes del lanzamiento mundial de 'No hay silencio que no termine', el libro de memorias que Íngrid Betancourt escribió durante los últimos dos años.

Además de tratar la relación con Lecompte, los entrevistadores le preguntaron a Betancourt por las circunstancias en que tuvo lugar su secuestro. Ésta dice: “La verdad es que me encontraba en Florencia rumbo a un evento en San Vicente. Queríamos continuar nuestro viaje en carro, pero el Ejército nos dijo que tenían helicópteros para nosotros y que cada 20 minutos salía uno. Esperamos dos horas, nada sucedía y mientras tanto el Presidente alcanzó a aterrizar en Florencia, tomar un helicóptero y volar a San Vicente. Luego me quitaron mi grupo de escoltas, que eran siete. Todo esto fue cálculo político: yo no debía llegar a San Vicente mientras el Presidente estaba allí”.

Los reporteros de 'Der Spiegel' reaccionaron inmediatamente preguntándole si acaso culpa al gobierno colombiano de su secuestro. “No, pero yo tampoco tuve la culpa”, responde Betancourt. Según ella, nadie sabía lo que iba a suceder. En la carretera hacia San Vicente, dice, no había retenes y tráfico de taxis, buses y motos era normal. “Si el Ejército hubiera sabido que las Farc planeaban una emboscada, (o) si yo hubiera sabido que estábamos en zona de guerra, habría bastado con que el Ejército pusiera la carretera bajo control. Pero no lo hicieron. (...) Después de mi secuestro presentaron su versión diciendo que yo había sido advertida o que había sido ingenua”.

En la misma entrevista, 'Der Spiegel' le pregunta por el escándalo en torno la indemnización que Betancourt le quizo cobrar al gobierno Colombiano el pasado julio. “(Las críticas) fueron sumamente injustas”, dice. “En Colombia, como en muchos otros países, existe un derecho a la reparación cuando uno ha sido víctima del terrorismo. La suma que cobré fue calculada con base en salarios que no recibí durante mi secuestro. Me criticaron diciendo que con el cobro supuestamente estaba atacando a los soldados que me habían liberado. Eso fue una jugada política más”.

La desazón de Íngrid Betancourt respecto a las prácticas de la política colombiana también se hace evidente en la entrevista. Cuestionada sobre la posibilidad de regresar a la política, Betancourt dice: “No en un sentido estricto de la palabra. Es decir: para mí la lucha por los principios sigue siendo esencial, pero no quiero volver a tener algo que ver con el lado sucio de la política y las confrontaciones destructivas que ésta conlleva”.

Betancourt se refiere también al quebranto de su relación con Clara Rojas: "Nos encontrábamos en dos situaciones vitales totalmente distintas. Yo quería escapar (de la selva) y Clara quería adaptarse. Yo quería volver a ver a mis hijos y ella quería sobrevivir y no arriesgarse”.
 
Según Betancourt, Clara Rojas tuvo que entregarles a los guerrilleros de las Farc una solicitud en la que expresaba su deseo de tener un hijo. Después de su liberación, añade Betancourt, Rojas pasó por su apartamento para visitarla y para presentarle a su hijo Emmanuel, que en efecto nació durante el cautiverio. “Fue muy conmovedor”, relata Betancourt. “Pero lo que siguió a ese encuentro fue horrible, fue un tiempo en que ella dijo muchas cosas acerca de mí”.

Extensos pasajes de la entrevista publicada en “Der Spiegel” —que sólo puede ser leída en su edición impresa— ofrecen una mirada a los días de cautiverio de Íngrid Betancourt. “Fui débil, no estaba preparada para lo que sucedió. He tenido que pedirme perdón por cosas que hice y por cosas que me disgustaban de mí misma”.
 
Betancourt admite haber tenido “muchas reacciones erradas” y, en muchas ocasiones, “una actitud equivocada”. "Me costó mucho tiempo desarrollar simpatía hacia los demás y ser menos dura en mis juicios”, dice y liga este comportamiento con un plan que sus captores supuestamente tenían para manipular a todos los secuestrados y crear un clima de desconfianza. “No querían un grupo fuerte, sino un grupo confundido y lleno de odio. Nos llenaron de intrigas, difundieron información falsa sobre mí y a mí me dijeron mentiras sobre los demás. Fue terrible. Yo sólo sentía miedo, y los demás no hacían más que criticarme”.

Finalmente, Íngrid Betancourt se refiere a su primer choque con el mundo después de la liberación. La guerra en Irak era nueva para ella, así como el uso generalizado de Blackberrys en Bogotá. Cuenta que recién liberada le dieron uno de estos teléfonos y que esperaba que el aparato le sirviera para que sus allegados la llamaran constantemente. Pero, dice, no fue así. Admite haber llorado y sufrido al notar que sus hijos habían crecido y con el tiempo se habían distanciado de ella. Su mayor proyecto desde entonces, según ella misma, ha sido el de volver a ser madre.

“Quería volver a ser madre”, justamente con esta frase 'Der Spiegel' tituló la entrevista.
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