Lunes, 23 de enero de 2017

| 2005/02/14 00:00

Inteligencia fatal

Se había salvado de la pena capital por ser retrasado. Ahora, al mejorar su cuociente intelectual, podría ser ejecutado.

En 1998 Daryl Atkins fue condenado a morir con la inyección letal. Pero en 2002 las autoridades reversaron la decisión porque su coeficiente era de 59 y fue considerado retrasado. El problema es que su intelecto subió a 76.

Podría decirse que para la mayoría de las personas es motivo de orgullo aumentar su coeficiente intelectual. Pero hay excepciones. Como la de Daryl Atkins, un norteamericano de 27 años que podría ser condenado a pena de muerte por esta causa.

Con un bajo nivel le había ido mejor. Hace tres años este hombre, culpable de asesinato, se salvó de la inyección letal porque varios análisis demostraron que su coeficiente pertenecía a la categoría de retrasado mental. Su caso sirvió para que el Tribunal Supremo de Estados Unidos prohibiera en 2002 la ejecución de reclusos con retraso. Atkins se convirtió en el héroe de los centenares de presos que salieron de los pasillos de la muerte gracias al surgimiento de esta sentencia. Pero recientes exámenes demostraron que su intelecto se ha incrementado, por lo que probablemente volverá a ser condenado en un juicio que está a punto de comenzar en el estado de Virginia. Y todo por volverse más inteligente.

En 1996 Atkins, entonces de 18 años, asesinó a Eric Nesbitt, un empleado de la base de la Fuerza Aérea de Langley. En la madrugada del 17 de agosto él y un amigo llamado William Jones fueron a una tienda a comprar cerveza y terminaron atracándola. Luego Atkins amenazó con una pistola a Nesbitt y lo llevó hasta un cajero automático para que sacara su dinero. Según el testimonio de su compañero de crimen, cuando las tarjetas dejaron de funcionar Atkins le disparó a su víctima ocho veces. El video del cajero mostró al adolescente apuntándole a Nesbitt, por lo que fue fácil responsabilizarlo. Dos años más tarde fue condenado a muerte, mientras que a Jones le dieron cadena perpetua.

Sin embargo, las investigaciones realizadas durante el juicio demostraron que su coeficiente intelectual era de 59, muy por debajo de los 70, el umbral de retraso mental según las leyes del estado de Virginia. El promedio para una inteligencia normal es 100. El Tribunal Supremo aceptó revisar el caso y estableció que la ejecución de presos con estas deficiencias es inconstitucional: "Debido a sus discapacidades en el razonamiento y el control de sus impulsos, no actúan con el nivel de culpabilidad moral que caracteriza las conductas criminales". Por esta sentencia, las autoridades del estado reversaron la decisión. Pero para desgracia de Atkins, entre el juicio y esta determinación pasaron cuatro años, tiempo que aprovechó para estudiar su caso junto con su abogado y durante el que se esforzó por entenderlo para luchar por su vida y demostrar su incapacidad. Al parecer este ejercicio intelectual tuvo un efecto que para cualquier pedagogo sería un gran logro: su coeficiente ascendió a 76. Pero para Atkins esto significa tener seis puntos sobre el límite que impedía su ejecución.

Este avance motivó una nueva revisión del caso y puso en apuros a la defensa, la cual piensa demostrar que el prisionero sufría un grave retraso cuando cometió el crimen. "Él tuvo más estimulación en prisión que la recibida durante su adolescencia", explicó su sicólogo, el doctor Evan Nelson. Como evidencia ha mostrado las calificaciones escolares de Atkins, que perdió varios cursos tres veces, razón por la que no pudo graduarse. Argumenta que por esta época tenía además problemas de adaptación por lo que cometió otros 16 delitos, lo que describe como "una temporada criminal de cuatro meses".

Para la Fiscalía estos antecedentes son la prueba de que los resultados del primer examen fueron erróneos y que no puede ser retrasada una persona capaz de usar una pistola, reconocer un cajero, secuestrar a un individuo y llevarlo a una zona solitaria para asesinarlo.

Los sicólogos han establecido que es normal que el coeficiente intelectual suba o baje a lo largo de la vida, pero por lo general no más de cinco puntos. Seguramente, Daryl Atkins ve estos cambios de una manera diferente. En su caso ser casi 20 puntos más inteligente de lo que era es la poco sutil diferencia entre la vida y la muerte.

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