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| 4/4/2015 10:00:00 PM

Jane Fonda: más satisfecha que nunca

A sus 77 años Jane Fonda, quien se ganó el repudio de muchos estadounidenses en su faceta antiguerra, asegura sentirse mejor que nunca.

Lleva tanto tiempo figurando en las pantallas que parece eterna. Y si bien ha tenido sus idas y venidas con las operaciones estéticas, a las que ha sucumbido, luego renunciado y después recaído, luce muy bien y poco le importa lo que esperan los demás. Jane Fonda vive sus años dorados con brío, asumiendo retos que en el pasado jamás hubiera considerado. En el transcurso de su carrera ganó premios Oscar, Emmy, Bafta y Globos de Oro con papeles dramáticos, ajustados a lo que su vida le arrojó a nivel personal. Pero a sus 77 años de edad rompe otro molde más: incursiona en la televisión con la serie Grace and Frankie de Netflix y así asume la comedia dramática como un nuevo medio de expresión. Si algo prueba Fonda es que a los 77 se puede vivir plenamente, pues como le dijo a SEMANA: “A esta edad las mujeres somos muchos más valientes. Ya no tenemos nada que perder”.

Lady Jayne Seymour Fonda tiene tantas facetas como personajes ha encarnado. Ha actuado en teatro, cine y ahora en esta nueva era de la televisión por streaming. Ha sido una activista humanitaria de tendencia liberal gran parte de su vida, fue la pionera que puso al mundo a hacer ejercicio, es una madre, una exesposa y una amante satisfecha. Precisamente en el amor, el tiempo y las experiencias le han enseñado. Sufrió tres matrimonios con hombres de perfiles tan distintos como fuertes; el director Roger Vadim, que la introdujo al mundo de los tríos amorosos, el político de izquierda Tom Hayden y el magnate mediático Ted Turner. En esas relaciones, Fonda ocupaba el rol que la sociedad y sus parejas le pedían pero, por fortuna, todo tiene sus límites. Desde 2009 comparte su vida con el productor musical Richard Perry, cinco años menor que ella, y asegura que jamás se sintió tan cómoda con alguien en su vida. El productor le confesó en la primera cita que sufría párkinson. Fonda, muy a su estilo, asumió el dolor y la causa de su amado, y le advirtió que de no tomar en serio su enfermedad, lo dejaría. Hoy viven juntos y felices.

Pero llegar a este punto pleno en su vida le implicó un viacrucis emocional. Fonda creció en un hogar plagado de problemas. Frances, su madre, era una mujer inestable. Abortó nueve veces antes de tenerla y sufría por la personalidad agresiva y fría del actor Henry Fonda, su marido. El público admiraba a Henry por sus papeles en películas como Las uvas de la ira y 12 hombres sin piedad, pero de puertas para adentro prevalecía el hombre mujeriego y matón que no apreciaba a su familia y se lo hacía sentir. Frances se suicidó cuando Henry la dejó por su amante de turno. El hecho atormentó a Jane y también le demostró lo cruel que podían ser los hombres. Henry le recalcaba a su hija con insistencia que se veía como una vaca gorda. Jane cayó en la bulimia, y marcó su relación con los hombres por décadas. Sentía que o era perfecta para ellos, o no valía como persona. Esos días quedaron atrás.

“Creo que nuestra misión es ser auténticos en la vida. Así podemos influenciar a nuestros hijos, compañeros, vecinos, comunidades, y mundo”, aseguró la actriz a SEMANA, y concluyó: “Puedo decir que soy feliz pero también que, cada día, el mundo en el que vivimos me hace llorar. Me hace llorar un niño que crece en una zona de guerra y queda marcado de por vida, también algunos animales en vía de extinción, que en cierta manera son más especiales que nosotros”. Jane medita y se ejercita para mantenerse en forma e irradiar su actitud. Porque todavía quiere cambiar al mundo.
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