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| 2/22/2014 4:00:00 AM

“Todos sufrimos heridas y estuvimos detenidos”

La directora Jehane Noujaim le contó a SEMANA cómo fue el detrás de cámaras de The Square, el aclamado documental sobre la revolución egipcia, nominado al Oscar.

SEMANA: ¿Qué puertas les ha abierto el hecho de estar nominados a Mejor Documental? 

JEHANE NOUJAIM: Es interesante, por ejemplo, que The Square haya tenido tan buena acogida en Latinoamérica, pues compartimos algunas dificultades como la corrupción y la desigualdad. A pesar de que cada movimiento tiene su particularidad, llama la atención que los jóvenes de muchos otros países también están luchando por tener unas relaciones diferentes con sus gobiernos, están exigiendo transparencia.  

Estamos honrados de estar nominados, pero también debemos usar esta oportunidad para hablar sobre las personas que este documental representa, porque ellas no tienen grandes megáfonos a diferencia de los Hermanos Musulmanes, el Ejército y los diferentes partidos políticos. Nadie escribe la historia de los ciudadanos de a pie, que en la mayoría de casos es conflictiva y lo único que quieren es una vida mejor para sus familias. Estamos emocionados de competir en los Oscar, porque significa que la historia de estos individuos en busca de cambios, como Ahmed, Khalid y Magdy, está conquistando el corazón y la mente de gente al otro lado del mundo. Y mostrarles a los egipcios que su lucha es universal y que a los demás les importa, les ha dado nuevas esperanzas, sobre todo en momentos tan difíciles como ahora. 

SEMANA: ¿Cuál fue su primera impresión de las manifestaciones?    

J. N.: Crecí a 10 minutos de la plaza Tahrir, así que cuando la revolución empezó, yo me encontraba en medio de las protestas. En Egipto la gente tenía miedo de decir lo que sentía. Había miedo de hablar con los demás, porque podían ser agentes de la policía secreta. Entonces llegó un punto en que los ciudadanos dijeron no más: es mejor que silencien mi voz ahora para que mis nietos no tengan que padecer lo mismo. Eran conscientes de que estaban poniendo su vida en riesgo por defender sus creencias. 

Aun así yo estaba preocupada. Recuerdo haber participado en las manifestaciones de Nueva York en contra de la guerra en Afganistán e Irak, que al final no sirvieron para nada. En Egipto no existía una tradición tan fuerte como en Estados Unidos de movimientos de cambio, así que estaba escéptica. Pero luego pasó lo imposible: la gente se negó a irse y Mubarak cayó. A partir de ese momento toda mi comprensión sobre lo que era posible cambió, sobre los límites que uno se pone a sí mismo.

Dejamos salir al genio de la botella. En la plaza había personas de todas las clases y religiones peleando por derechos humanos muy básicos; es que ni siquiera estamos hablando de una lucha política en este punto. Y cuando uno ve eso, siente el deseo de capturarlo para que las futuras generaciones entiendan que fue necesario pararse frente a un tanque para defender la libertad.   

SEMANA: ¿Qué dificultades técnicas les significó registrar una revolución en proceso?

J. N.: Todos nos conocimos en la plaza, no había manera de contratar a alguien que no fuera egipcio. The Square nació dentro de la revolución. De hecho, Ahmed –uno de los personajes principales– aprendió a usar la cámara y un cuarto del documental está hecho con escenas que el grabó.  

La primera vez que terminamos de editar fue en a finales de 2012, después de que Morsi fue elegido. El problema es que dos semanas antes de presentarlo en Sundance, nuestros personajes volvieron a las calles. Y con razón, pues se trata del primer líder elegido por el pueblo, que empieza a usar las herramientas de la democracia para crear una dictadura. Morsi se atribuyó más poderes que Mubarak e intentó acomodar la constitución acorde a las exigencias de los Hermanos Musulmanes. Los protagonistas sabían muy bien que la democracia no es solo ir a las urnas, sino vigilar que tu líder sea transparente. Pensamos que esa era la verdadera historia que había que contar y por eso regresamos a El Cairo. 

Seguimos filmando las protestas a medida que crecían y, sí, es cierto que hubiera sido mejor sacar a Morsi por medio de un proceso político, y no que el Ejército se encargara.  Pero el problema  es que, a diferencia de Estados Unidos, nosotros no tenemos las mismas garantías para remover a un mandatario. Por eso la gente sentía que el único modo era volver a las calles. Al final, terminamos el documental con optimismo. El propósito de toda la revolución era encontrar una conciencia, que tangiblemente se traduce en que exista una constitución que respete los derechos de todos los egipcios. 

SEMANA: Era necesario volver a terminar el trabajo. 

J. N.: Todo el mundo pensó que estábamos locos. Luego de ganar semejante reconocimiento, ¿quién hace eso? Pero el destino de nuestro país estaba en juego; se trataba de un momento fundamental de nuestra historia que seguramente muchos volverán a mirar dentro de 100 años, y por eso era tan importante hacerlo bien. Además, no era la simple historia de un dictador derrocado y un presidente electo, sino sobre cómo suceden los movimientos de cambio. Suceden despacio y en ciclos, y eso era lo que queríamos contar.      

SEMANA: ¿Se sintieron en peligro en algún momento?  

J. N.: Todos sufrimos heridas, nos asfixiamos con gas lacrimógeno y estuvimos detenidos. Después de grabar corríamos de inmediato al apartamento de un amigo o a una pequeña oficina que alquilamos a pocos minutos de la plaza para descargar lo que habíamos filmado. Nos cuidábamos de tener varias copias en diferentes discos duros por si acaso nos decomisaban los equipos. El Ejército nos decomisó cinco cámaras, incluida la mía. Con ese material podrían hacer una película. 

SEMANA: ¿Por qué no han podido estrenar el documental en Egipto? 

J. N.: Porque el gobierno todavía no lo ha aprobado. Es crucial presentarlo ahora, cuando varios periodistas están siendo juzgados y decenas de personas han sido arrestadas en los últimos días. Estamos en una posición privilegiada, porque si el documental no hubiera sido nominado, nadie lo hubiera conocido. Pero como es candidato y la prensa está tan pendiente, pues el gobierno es el que queda mal. En cambio, si lo aprueban significaría un gran paso para la libertad de expresión y un ejemplo de que no hay que estar de acuerdo con su contenido para permitir que los demás lo vean. Lo bueno es que mientras tanto muchos egipcios se las han arreglado para verlo por otros canales.

Nunca pensé que diría esto, pero por primera vez me alegra que hayan sacado la versión pirata.
Definitivamente valió la pena el esfuerzo y si logramos que el gobierno le dé el visto bueno, la idea es que no solo llegue a los activistas, sino a la gente del común que ve televisión, al partido del sillón, como le dicen en Egipto. Si ganamos el Oscar, el gobierno se quedará sin argumentos, porque sería la primera película egipcia en ganar una estatuilla dorada. Así que estamos cruzando los dedos. 

SEMANA: ¿Los protagonistas siguen en contacto? 

J. N.: Ellos se volvieron buenos amigos y eso nos da mucho optimismo en este momento cuando el país está tan dividido. Ahmed parece una estrella de Hollywood y a donde quiera que vaya lo reconoce todo el mundo. A Magdy, en cambio, le decomisaron hace poco su computador y le tocó treparse al techo de su casa para huir. Khalid también sigue en El Cairo. 
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