Lunes, 22 de diciembre de 2014

| 2013/09/30 00:00

El sádico nazi que tuvo una nieta negra

Hace poco Jennifer Teege descubrió que su abuelo era Amon Goeth y asegura que si estuviera vivo la hubiera matado por ser negra.

Jennifer Teege y su abuelo nazi Amon Leopold Goeth. Foto: .

Amon Leopold Goeth fue un comandante nazi en el campo de concentración Plaszow cerca a Krakow en Polonia. Goeth ni siquiera daba las órdenes para asesinar prisioneros sino que en la mayoría de los casos, él mismo tomaba la iniciativa y disparaba a sangre fría a quien él quisiera. Es por eso que en la historia se ganó el título de ser uno de los nazis más sádicos, con un único objetivo en mente: purificar la raza, la única digna de existir, la raza aria.


El hombre nacido en Viena en 1908 y fallecido en Polonia en 1946 no tuvo la oportunidad de ver cómo a pesar de su incansable lucha "a favor" de la raza blanca como superior a las demás, ni las muertes ni la guerra serían las culpables de que su sueño no se convirtiera en realidad. Su propia familia hubiera sido la responsable de que Goeth enloqueciera de ira si hubiera recibido la noticia de que tenía una nieta negra.


Jennifer Teege es la nieta de Goeth y por sus venas corre sangre alemana y nigeriana y su historia no parece real sino sacada del guión de alguna película. “Mucha gente cree que mi historia es ficción”, asegura la mujer.


Teege tiene 40 años pero solo hace poco se enteró que en su genealogía había un nazi. Jamás se imaginó que Amon Goeth, uno de los personajes principales sobre el que giraba la historia de la película Lista Schindler de Steven Spielberg, era su abuelo, el mismo que terminó ahorcado en 1946 en Polonia.


Jennifer Teege creció en una familia adoptiva en Alemania, pero su padre biológico es nigeriano y su madre alemana. La historia se torna más difícil de creer pues por razones que ahora parecen increíbles coincidencias, Teege terminó estudiando en Israel, junto a cientos de judíos sobrevivientes al holocausto nazi.


A pesar de que la mujer hablaba en alemán, el color de su piel descartó de tajo cualquier tipo de discriminación por parte de los judíos, quienes debido a su tez oscura nunca pensaron que Jennifer tuviera algún vínculo con los nazis que tanto daño les hicieron.


Vínculo encontrado


Al principio su madre biológica y su abuela la visitaban, pero de un momento a otro perdieron contacto. Solo hasta hace dos años Teege encontró los cabos que estaban sueltos en su historia familiar. A los 38 años halló por accidente un libro donde reconoció a su madre en la portada, el libro contaba la historia de Amon Leopold Goeth y su hija Monika, la mamá biológica de Jennifer.


Ese libro fue el inicio de otro, el que Jennifer escribe con la ayuda de la periodista Nikola Sellmair y que tentativamente llevaría este título: Amon. Mi abuelo me hubiera disparado.


El texto está basado en la vida personal de Jennifer Teege y su continua búsqueda de identidad, además de cuestionar el silencio que guardaron los alemanes luego del tercer Reitch.

Reviviendo el pasado


“Es muy fácil desligarte de Amon Goeth, quien es un símbolo del demonio y decir yo soy diferente”, indica Teege. “Pero hay matices, una persona no es totalmente buena ni mala”. Aunque no justifica los actos de su abuelo, para ella es importante no encasillarlo totalmente en un relato de odio exacerbado.


En la investigación previa a la escritura de su libro, Jennifer encara su historia familiar. Revisó las fotos de su abuela, incluso en las que aparecía junto a Amon en el campo de concentración; también viajó a Krakow donde su abuelo perpetuó los más terribles crímenes; conversó con testigos y sobrevivientes; leyó toda la literatura que pudo acerca del holocausto nazi y conversó con infinidad de psicólogos. “Todo esto lo hice porque aunque muchos piensan que si no hablas de las cosas, éstas no tienen impacto en ti, en mi caso, el silencio tuvo un peor impacto”.


Toda su vida Teege sufrió depresiones, pero ahora asegura sentirse muy bien. “Saber tu origen es vital para hallar tu identidad”. 


Hasta el momento la labor está hecha a medias, pues ahondó sobre su familia alemana y está segura que su abuelo le hubiera disparado por no ser blanca, pero aún le falta viajar a Nigeria, el país de su padre biológico, para encontrar la otra mitad de su identidad.

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