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| 12/26/2015 10:00:00 PM

J.J. Abrams, el maestro de la galaxia

El director y guionista entregó una cinta sorprendente que revitalizó la saga más grande del cine moderno. Así ratificó su llega al olimpo de Hollywood.

Pensó en rechazar la oferta. J. J. Abrams no quería encasillarse como ‘el que hace versiones nuevas’ de Star Trek y otras sagas fantásticas. Pero las palabras de Kathleen Kennedy, la presidenta de Lucasfilm, retumbaron en su cabeza: “Si quieres hacer esto, y no lo aceptas, te vas a arrepentir”. Lo charló con su mujer y cambió de parecer, a sabiendas de que se metía en algo monstruoso que le iba a dar tantas satisfacciones como dolores de cabeza. A fin de cuentas, triunfó en él su espíritu de fanático absoluto de la saga: “Quería que la gente sintiera la magia de ‘Star Wars’: el romance, el corazón, la lealtad, la dulzura, la amistad, los escenarios inesperados, los descubrimientos de los personajes. La sensación de que escalas imposibles son posibles”.

Y, contra los pronósticos de muchos, le salió bien. No es exagerado comparar un proyecto enorme con un parto, al menos no después de conocer las palabras del director sobre The Force Awakens. “Es el resultado de unos cuantos años de trabajo intenso de miles de personas que durmieron mal y dejaron de ver a sus familias. Sin duda es un alivio que ya haya salido”, dijo Abrams. Meses de decisiones y enorme expectativa culminaron cuando la cinta llegó a los teatros el 18 de diciembre y recibió de inmediato un sinnúmero de alabanzas. Medios afilados como The Guardian o The Times le dieron cinco estrellas. Abrams lo hizo de nuevo, pero esta vez con un producto mucho más delicado, la madre de las sagas fantásticas que despierta idolatría en sus millones de fanáticos alrededor del mundo y cuyas implicaciones económicas en taquilla y en merchandising no tienen par.

Con pinzas pero con confianza, abordó el reto para no solo corregir el camino sino elevarlo. George Lucas, creador y cerebro original de seis episodios de la guerra galáctica, había dejado a la añorada saga en una nota agridulce. Llevó a las pantallas la historia de Darth Vader (Anakin Skywalker) en tres episodios iniciales que el público recibió con tristeza. Si bien había mucho qué contar, aquellos elementos que hicieron adorable a Star Wars como su humor y su recursividad visual orgánica fueron relegados por una sobredosis de efectos especiales que le robaron su magia. Lucasfilm, una productora de la cual se esperaba algo increíble, falló, y ni siquiera las escenas del maestro Yoda en combate resultaron satisfactorias.

Por eso, es evidente que Abrams respondió con creces a la responsabilidad que le confió Disney, la compañía que desembolsó 4.000 millones de dólares por Lucasfilm y los derechos de producción de la saga. De hecho, comenzó la nueva trilogía por todo lo alto y triunfó en una apuesta que pudo descarrilar su ascenso en Hollywood. Porque Star Wars no se parece a nada en dimensión y exigencia. Es una tradición, es una época, es un estado mental, es una forma de ver la vida.

Disney escogió al hombre adecuado, y ahora su nombre está en el Olimpo de Hollywood. Creció como guionista y director con control creativo en series de televisión como Felicity, Alias y Lost, pero ha dejado atrás los proyectos largos. Por eso, si bien dirigió el Episodio VII, no hará lo mismo con las dos producciones que siguen, en las cuales será productor ejecutivo. Y mientras los directores que vienen toman la batuta desde un Episodio VII que dejó la historia un punto altísimo, buscará una nueva frontera desde las historias que cuenta, porque el cine es lo suyo desde muy temprano y no tiene razón para detenerse.

Su madre murió pronto pero su abuelo se encargó de abrir su cabeza y llenarla de misterio. Abrams cuenta: “Después de la Segunda Guerra Mundial, mi abuelo fundó una compañía de artículos electrónicos. Empezó a vender partes, kits a colegios. Así que tenía una curiosidad increíble. Cuando niño lo veía acercarse a mí con radios y teléfonos y cosas. Y las desarmaba, les sacaba los tornillos, y revelaba su funcionamiento interno, que muchos de nosotros, estoy seguro, damos por sentado, pero es un regalo maravilloso para un niño”. Cuando algo más grande le pidió una cámara, las palabras de su abuela fueron determinantes, “es mejor eso a que se meta en las drogas”. Recibió una cámara y no se detuvo.

Escoger bien

Retomar aquello que hizo tan especial a Star Wars en el pasado y darle un nuevo aire sin perder la esencia fue su mayor virtud, pero él es el primero en reconocer que recibió aportes de muchas fuentes. Escribió el guion a cuatro manos con Lawrence Kasdan, un conocedor profundo del universo (creó los guiones de The Empire Strikes Back y The Return of the Jedi). Al verla, George Lucas aseguró, críptico, que la película era lo que los fanáticos querían. Por su manera de decirlo parecería fácil, pero detrás hubo un método.

En una conferencia TedTalk que dictó en 2007, Abrams reveló aspectos esenciales para su narrativa. En esta, que tuvo lugar antes de que asumiera Star Trek y Star Wars, explicó la forma como abordaba el reto de producir material de otros. “La gente suele hacer secuelas o nuevas versiones y copia mal”, aseguró, “No se debe copiar el monstruo o el tiburón, hay que tomar lo que realmente importa. Hay que mirar para adentro y averiguar qué hay, porque todos somos una caja misteriosa”. El concepto de caja misteriosa dio título a la charla porque es su máxima inspiración. Una que utiliza en sus películas y que también, desde los cortos de avance, utiliza para jugar con la expectativa del público hasta meses antes del estreno.

Quien no vea su último trabajo, e incluso sus películas previas como Super 8 (producida por Steven Spielberg, cercano consejero y creyente absoluto), podría perderse de algo más que solo cine de aventura, fantasía o ficción. Porque las relaciones entre sus personajes y sus entornos, sus trasfondos y acciones engrandecen la experiencia. Algo majestuoso desde el rodaje y la fotografía, que paraa lograrse depende de un ingrediente clave, los actores. En The Force Awakens el casting es más que acertado, aprovecha momentos estelares como el del guatemalteco Oscar Isaac, presenta una heroína emotiva y poderosa encarnada por Daisy Ridley e incluye figuras claves del comienzo como el Han Solo de Harrison Ford, la princesa Leia de Carrie Fisher y por supuesto a Mark Hamill como Luke Skywalker.

La mezcla de la vieja guardia y la nueva era esencial, pero podía resultar compleja. Ahí apareció la magia del cine y el toque del director, a quien sus actores profesan alabanzas. Como dijo a la revista Wired: “De repente estás en el set y sabes que está funcionando. Como cuando se arma una fiesta y vienen amigos de la nueva escuela y se topan con los amigos de la vieja escuela, y uno piensa ‘¿Qué va a pasar aquí?’ Y de un momento a otro se la llevan genial y la fiesta es increíble”.

Por la recepción de un público fiel que por lo mismo no perdona, la fiesta empezó mejor de lo que nadie imaginaba. Abrams, el organizador, con su amor por el proyecto y su maestría cinematográfica, mide su obra en la piel de gallina que causa en sus espectadores. Más que una película, creó una experiencia.
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