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| 11/23/2013 4:00:00 AM

El genio discreto de Jony Ive

Los más importantes productos de Apple existen, tal como son, gracias a Jony Ive. Es una de las personas más influyentes de la compañía, pero nunca apareció en una presentación junto a Steve Jobs. Una nueva biografía cuenta quién es el diseñador estrella de Mac.

En el estudio de diseño de Apple hay una sola oficina. Es completamente blanca: no tiene cuadros, diplomas, ni premios colgados en la pared. La puerta y la parte delantera son de vidrio y dejan ver un escritorio, una silla y una lámpara. Nada más. Allá trabaja el inglés Jonathan Ive, vicepresidente ejecutivo de Diseño de Apple. Más específicamente, el hombre responsable de que la mayoría de los productos Mac maravillen hoy a millones de personas. 

Entró a la empresa en 1992 y para 1998 ya había cambiado el mundo tecnológico con la creación del revolucionario iMac. Después vendrían el iPod, el iPhone y el iPad, todos diseñados por él con una línea de un atractivo minimalismo. 

Por supuesto, lo sorprendente es que Jony Ive haya hecho su carrera en silencio de la mano de Steve Jobs, lo que explica que, en ausencia del genio creativo, Ive sea hoy una de las personas más importantes en Apple. Ahora el periodista Leander Kahney revela los secretos de su formación, su trabajo y su personalidad en una nueva biografía no autorizada titulada Jony Ive: el genio detrás de los más grandes productos de Apple. 

Como su oficina, Ive es un hombre sencillo. Es conocido por andar siempre en jeans y ser sumamente educado. Sus amigos lo describen como un gentleman británico brillante y poderoso, pero que no actúa como tal. 

De hecho, cuando la princesa Ana lo nombró Caballero de la Orden del Imperio Británico, Ive se sintió más avergonzado que honrado. Pero sir Jony sí tiene una pasión excéntrica: los carros. Ha tenido dos Aston Martin y dos Bentley (de entre 200.000 y 300.000 dólares cada uno). Y una mansión de 17 millones de dólares en una zona de San Francisco llamada ‘la calle de los multimillonarios’, donde vive con su esposa y sus hijos mellizos.

Jony estudió en Northumbria University, considerada la mejor escuela de Diseño Industrial de Reino Unido. Su padre, Mike, influyó en la elección de su carrera, pues fue un pionero de la educación en diseño tecnológico. Cuando consideró que podía aprovecharlo, le regaló en la Navidad el acceso absoluto a su taller. 

Jony podía inventarse cualquier cosa, con la condición de que siempre hiciera los diseños a mano. Las enseñanzas de Mike –tomar riesgos, cultivar la tenacidad y saber que todo el mundo se equivoca– fueron esenciales en la formación de su hijo y en sus logros en Apple. 

Pero en su juventud Jony se consideraba inepto en temas tecnológicos y no se sentía atraído por los aparatos de la época, hasta que descubrió Mac. Le sorprendió lo fácil de usar que era. “Fue un momento dramático: podía sentir a la gente que lo había creado”, dijo años después. Esa sería su obsesión de ahí en adelante: humanizar la tecnología. Y por eso, justamente, cuando le hicieron una oferta de trabajo en Apple aceptó inmediatamente y se mudó a Estados Unidos. Tenía 25 años. 

Era 1992 y Steve Jobs había salido de la junta directiva, pero cinco años después volvió a tomar las riendas decidido a hacer grandes cambios. “Los productos son malos. Ya no hay sexo en ellos”, le dijo a sus empleados, y agregó que Apple volvería a sus raíces. “Steve anunció que nuestra meta no era solo hacer dinero, sino crear grandes productos. Con esa filosofía comenzaríamos a tomar decisiones distintas”, recuerda Ive.    

Y los cambios realmente fueron bruscos. Jobs canceló líneas de producto y se deshizo de mucha gente. Ive entendió que si no actuaba iba a quedarse sin trabajo, así que preparó panfletos con los mejores diseños de su equipo y se los mostró a Jobs, quien quedó deslumbrado. 

Pronto el diseñador y el fundador se volvieron buenos amigos. De hecho, en 2004, cuando operaron a Jobs por primera vez del cáncer de páncreas que lo mató, este solo quiso ver a dos personas: a su esposa y a Ive.  

Y ese aprecio no era infundado. Después del icónico iMac, que disparó la fama de Apple, Ive diseñó el iPod y lanzó a la compañía y a Jobs al estrellato. En realidad, la idea del iPod fue del departamento de Ingeniería, que creó el aparato y le pidió a Ive que “le pusiera piel”. Su genialidad estuvo en hacerlo blanco, lo que cambió para siempre la cara de la mayor parte de los productos tecnológicos, desde los audífonos hasta los teclados y el mouse.  Según aumentaba su éxito, Jony escalaba también dentro de la compañía, hasta convertirse en el sucesor creativo de Jobs y uno de los hombres más poderosos de Apple. 

Jony Ive pasó casi desapercibido bajo la sombra del hombre de los cuellos de tortuga. Pero lo cierto es que, en un mundo en que lo digital se ha vuelto indispensable, este diseñador minimalista definió la manera como las personas trabajan, se entretienen y se comunican. No en vano Clive Grinyer, el primer socio de Ive, dice: “Jony es irremplazable. Si se fuera de Apple, la compañía se convertiría en algo muy diferente”.  Algo que los millones de seguidores de Apple alrededor del mundo esperan que no suceda nunca.
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