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| 4/30/2011 12:00:00 AM

Juan Pablo II: los avatares de un beato

Karol Józef Wojtyla llegó a ser el sucesor de Pedro, tras una historia que forjó una de las más indiscutibles personalidades en la historia del siglo XX.

Tras un proceso ‘exprés’ de beatificación que duró seis años y un mes después de su deceso y que no estuvo exento de polémica, finalmente el Papa Juan Pablo II alcanzará la beatificación el domingo primero de mayo, en un hecho histórico dado que es la primera vez en 10 años que un Papa -en este caso Benedicto XVI- proclama beato a su antecesor.
 
El hecho que hará que el papa Wojtyla suba a los altares es la curación inexplicable para la ciencia de la monja francesa Marie Simon Pierre, de 51 años, que padecía desde 2001 Parkinson, la mismo mal que tuvo Juan Pablo II.
 
El papel del llamado ‘Papa viajero’ –tras visitar 129 naciones- entra también dentro de lo debatible. Fue ampliamente reconocido por su rol en la caída del régimen comunista en su natal Polonia –que sería una de las causales de la caída del imperio soviético- y su postura radical en contra de la guerra.
 
De la misma forma, el desfile de imágenes del pasado que acompañó hasta los últimos momentos al Papa debió ser una sucesión de muchedumbres de todas las razas, lugares y naciones. Quizá nadie ha convocado a tantos ni dejado una huella tan profunda en tantas vidas y en la historia.
 
También fue el símbolo de la indulgencia. Tras el atentado que casi le cuesta la vida el 13 de mayo de 1981 a manos de Ali Agca, Juan Pablo II visitó al agresor pocos meses después en la cárcel de Rebibbia otorgándole el perdón. No obstante, tras el episodio, empezó un serio declive en su salud que sería cada vez más perceptible por los fieles con el paso de los años.
 
Sin embargo para otros, el pontífice tuvo un papel contradictorio. “Es un Papa dotado de grandes potencialidades, ¡pero que tomó muchas decisiones muy equivocadas!", dijo en su momento el teólogo Hans Küng.
 
"Se puede resumir su reinado y traducirlo a un denominador común: Su 'política exterior' exige de parte de todo el resto del mundo conversión, reforma y diálogo. Sin embargo, esas exigencias se ven contradichas por su 'política interior', orientada a la restauración de la situación preconciliar, la obstrucción de las reformas, la negación del diálogo en el interior de la Iglesia y el dominio absoluto de Roma”, argumentó el estudioso.
 
Karol Józef Wojtyla nació en Wadowice, una pequeña ciudad a 56 kilómetros al suroeste de Cracovia (Polonia), en el seno de una fervorosa familia católica que se regía bajo unas estrictas normas morales. Era el menor de los hijos del matrimonio entre Karol Wojtila, un oficial retirado del ejército y sastre de profesión, y Emilia Kaczorowska.
 
Su padre había logrado reproducir en el hogar la austeridad y disciplina del cuartel y su madre se había encargado de inculcar en sus dos hijos la templanza ante el sufrimiento y el temor a Dios. Pero el 13 de abril de 1929, antes de que Karol cumpliera 8 años, Emilia moría sin que su sueño de ver al pequeño crecer y hacerse sacerdote se haya hecho realidad.
 
Tras afligirse por la pérdida y convertirse en devoto de la Virgen María, el futuro Papa encontró en su padre al mejor maestro para entender el significado de la entrega espiritual. El teniente dedicó su viudez al cuidado físico y emocional de Karol, que en su tiempo libre se dedicaba a jugar fútbol, nadar, esquiar y escalar montañas. Pero la calma duraría poco. En 1932 la muerte golpeó nuevamente a la familia Wojtyla cuando Edmund, el primogénito que se había graduado de médico en Cracovia, cayó enfermo de fiebre escarlatina y falleció.
 
Tras un periodo en que la poesía se convirtió en su consuelo, el teatro sería el lugar en el que el joven encontraría la mejor manera de expresar sus sentimientos. A comienzos de la década de los 30 el director Mieczyslaw Kotlarcyzk lo instruyó en los principios de 'la palabra viviente', un método de interpretación con énfasis en el lenguaje, los monólogos y la puesta en escena. Wojtyla desarrolló así habilidades para hablar en público y emplear metáforas y simbolismos en su discurso.
 
Estas habilidades serían de gran ayuda a partir de 1938, cuando terminó el bachillerato y se mudó con su padre a Cracovia para estudiar literatura y filosofía en la Universidad Jagellónica.
 
A su país no le esperaba un futuro tan prometedor. El primero de septiembre de 1939 los alemanes invadieron el país, dando inició a la Segunda Guerra Mundial. Los hombres de Hitler organizaron el territorio ocupado en un gobierno general. Los nazis respondieron a las acciones de la Resistencia con represalias, deportaciones, ejecuciones e instalando campos de concentración como Auschwitz y Maidanek.
 
Pero lo que la guerra no fue capaz de quitarle el destino se lo arrebató. El 18 de febrero de 1941 el teniente Wojtyla murió a los 61 años, dejando al joven de 20 años solo en el mundo. El futuro Pontífice pasó la noche en vela, rezando por la memoria de su padre, quien falleció sin ver a su hijo convertido en sacerdote. Este anhelo no se haría realidad sino hasta 18 meses más tarde, cuando Wojtyla comenzó sus estudios en el seminario clandestino de Cracovia, actividad que desempeñó a la par con su trabajo como obrero en la planta química de Solvay hasta agosto de 1944.
 
La persecución de los nazis se hizo cada vez más brutal y la Iglesia no escapó de los atropellos. Varias iglesias fueron clausuradas y, aunque los sacerdotes tenían autorización para celebrar misa, los feligreses no tenían permiso para asistir al servicio. Wojtyla, preocupado por su seguridad, buscó refugio en la residencia del arzobispo de Cracovia, Adam Stefan Sapieha, y permaneció allí hasta finalizar la guerra.
 
En enero de 1945 las fuerzas armadas rusas liberaron Cracovia de la ocupación alemana y la pesadilla nazi se desvaneció para dar inicio a una nueva etapa en la historia de Polonia. Durante la posguerra, la influencia soviética en Polonia fue determinante y el gobierno pasó a manos del Partido Obrero Unificado, un grupo favorable a Rusia que promulgó una Constitución de orientación comunista, pero que aceptó la presencia de la Iglesia Católica.
 
Así como Polonia intentaba reconstruirse, Wojtyla siguió labrando su camino. El primero de noviembre de 1946 fue ordenado sacerdote en la capilla privada del arzobispo Sapieha y al día siguiente ofició su primera misa en la cripta de San Leonardo, en Wavel. Por recomendación de su mentor viajó a Roma, en donde se doctoró en teología en 1948 y aprovechó su período de vacaciones para ejercer el ministerio pastoral entre los inmigrantes polacos de Francia, Bélgica y Holanda.
 
Al retornar a su patria fue vicario en varias parroquias y capellán de los universitarios en la iglesia de San Florián hasta 1951, cuando reanudó sus estudios de teología y filosofía. Su ascenso en la escala jerárquica de la Iglesia Católica repuntó en julio de 1958, cuando fue designado obispo auxiliar de Cracovia, y dos meses después fue nombrado obispo. Su nuevo cargo le permitió viajar en 1962 a Roma para asistir al Concilio Vaticano II, en donde desempeñó un papel importante en la elaboración de la constitución Gaudium et Spes.
 
En enero de 1964 fue designado arzobispo de Cracovia y tres años más tarde Pío XII lo consagró cardenal en la Capilla Sixtina. De ahí en adelante se dedicó a ejercer sus funciones pastorales e hizo evidente su interés por los viajes de carácter evangélico y académico, ya que durante este tiempo realizó visitas a Estados Unidos, Italia, Francia, Australia, Filipinas, Nueva Guinea, Bélgica, Italia, Alemania, Canadá, entre otros países.
 
Su nombramiento fue aceptado por las autoridades polacas, pues no en vano Wojtyla había aprendido a manejar bien su desagrado por el comunismo de manera que no afectara el ejercicio de sus actividades. Como cardenal presionó para obtener permisos para construir iglesias, defendió la organización de grupos juveniles y ordenó sacerdotes para que trabajaran clandestinamente en Checoslovaquia.
 
A partir de agosto de 1978 una avalancha de acontecimientos cambiaría el rumbo de su vida. Tras la muerte de Pablo VI, Wojtyla, junto y los demás cardenales fueron llamados a Roma para elegir en el cónclave al nuevo sucesor de Pedro. Tras un día de deliberación el cardenal Albino Luciani fue elegido Papa con el nombre de Juan Pablo I.
 
Sin embargo la fatalidad se apoderó del Vaticano y el nuevo pontificado duró apenas un mes. La Iglesia, en aprietos, convocó a un nuevo cónclave para el 14 de octubre. Los cardenales regresaron a Roma y dos días más tarde la fumata blanca anunció que el elegido sería el cardenal Karol Jozef Wojtyla, el primer Papa polaco de la historia, quien se convertiría en una de las figuras más importantes del siglo XX.
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