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| 11/21/2004 12:00:00 AM

Juicio de película

Con un veredicto de culpabilidad terminó en Estados Unidos el juicio contra Scott Peterson, acusado de asesinar a su esposa embarazada de ocho meses.

La semana pasada los ojos de millones de norteamericanos se posaron sobre la corte de Redwood City, California, para ver el último capítulo de la novela que los tiene cautivados desde el día de Navidad de 2002: el juicio contra Scott Peterson, un apuesto californiano con cara de 'yo no fui' acusado de matar a su esposa Laci, una adorable maestra de escuela que esperaba el primer hijo de la pareja. En un veredicto que hizo saltar de alegría a miles de curiosos que se agolparon a las puertas de la corte, el jurado encontró a Scott culpable del asesinato en primer grado de Laci y en segundo grado del hijo en gestación de la pareja, Conner, lo que lo puso a las puertas de la pena de muerte.

El juicio congregó no sólo a medios escritos de todo Estados Unidos sino también a las principales cadenas de televisión, que pusieron un corresponsal permanente en el lugar y prácticamente no dejaron de comentar un solo día los pormenores del proceso y los detalles que tanto la defensa como la Fiscalía iban revelando, hasta armar una historia digna del lado más retorcido de Hollywood. Por cuenta del cubrimiento Scott Peterson, de 32 años, se convirtió en el hombre más odiado de su país, hasta el punto que el juez tuvo que trasladar el juicio a un pueblo situado a 45 kilómetros de la ciudad natal de Laci en un intento por garantizar la imparcialidad de éste.

La historia comenzó el 24 de diciembre de 2002, cuando la policía de Modesto, California, recibió una llamada de Scott

Peterson, que denunciaba la desaparición de su mujer. Inmediatamente comenzó una búsqueda que movilizó a buena parte de los habitantes de la costa de California. Afiches con el rostro de Laci Peterson se repartieron por toda la zona y se ofreció una recompensa de 500.000 dólares por información. La revista

People le dedicó su portada al caso de Laci, mientras Scott lloraba por televisión nacional agobiado por la pena.

Pero en enero de 2003 la historia tomó un giro inesperado. La familia de Laci, que hasta entonces había defendido a Scott, reveló que éste tenía una amante. Casi inmediatamente una masajista de 29 años llamada Amber Frey reconoció ser 'la otra' y se defendió diciendo que Scott le había dicho que era soltero. Cuatro días después el arrepentido esposo confesó su infidelidad en televisión nacional y prometió no descansar hasta encontrar a Laci. Hasta ahí llegó su credibilidad, pues desde entonces no dejaron de surgir detalles que lo ataban a la muerte de su esposa. En febrero, por ejemplo, se supo que Scott había vendido el carro de Laci y estaba considerando hacer lo mismo con la casa de la pareja, un comportamiento bastante extraño para alguien que declaraba no haber perdido la esperanza. También se reveló que a las dos semanas de la desaparición de su esposa embarazada, Scott había transformado el cuarto del bebé en una bodega.

Pero lo que acabó de convencer a los norteamericanos de la culpabilidad de Scott fue la aparición, el 14 de abril de ese año, de los cuerpos de una mujer y un pequeño bebé en la bahía de San Francisco, a poco más de tres kilómetros de donde Scott declaró haber ido a pescar el día de la desaparición de su esposa. Mientras el público esperaba que las pruebas de ADN confirmaran lo que todos temían -que se trataba de los cuerpos de Laci y Conner-, Scott desapareció del mapa.

Pero las autoridades no tardaron en dar con él y cuatro días después lo arrestaron a más de 600 kilómetros de su casa, con el pelo y la barba teñidos de rubio y casi 15.000 dólares en el bolsillo. Conducía un auto usado que recientemente había comprado a nombre de su madre y llevaba maletas llenas de equipo para acampar y ropa para varios días. También tenía cuatro teléfonos celulares, dos licencias de conducir y seis tarjetas de crédito.

Consciente de que todo lo incriminaba, Scott contrató al prestigioso abogado penalista Mark Geragos para que se encargara de su defensa. Geragos construyó varias teorías que exoneraban a su cliente: que todo había sido obra de una secta satánica que quería apoderarse del bebé, que se trataba de simples ladrones que habían ido demasiado lejos, que había sido un pervertido sexual o, sencillamente, vagos que merodeaban por el sector. Pero todo fue inútil.

Durante los cinco meses que duró el juicio, la Fiscalía presentó a 174 testigos que se encargaron de poner en duda la credibilidad de Scott. Sin duda, el testimonio que más lo afectó fue el de Amber Frey, su ex amante, quien contó que conoció a Scott cinco semanas antes de la desaparición de

Laci y que éste le aseguró que había "perdido a su esposa". El jurado pudo escuchar más de 240 llamadas telefónicas entre Scott y Amber en las que, aunque él nunca reconoció su culpabilidad, sí se dedicó a coquetear abiertamente con la mujer. Para acabar de completar se descubrió que a los pocos días de la desaparición de su esposa Scott se suscribió a varios canales de televisión por cable de contenido sólo para adultos.

Los investigadores de la policía demostraron además que Scott compró un bote de pesca sólo dos semanas antes de Navidad y sin contarle a nadie. Además, los registros de su computador personal indicaron que a principios de diciembre investigó en Internet el comportamiento de las corrientes de la bahía de San Francisco, donde finalmente apareció Laci.

Aunque toda la evidencia era circunstancial, el jurado quedó convencido de la relación de Scott con los crímenes más allá de toda "duda razonable". A finales de este mes se sabrá si su castigo será la inyección letal o pasar el resto de su vida en prisión. Por ahora el pueblo de Redwood City se lamenta de que el final haya llegado tan rápido, pues el juicio había reactivado su economía. Sin duda será cuestión de tiempo que un nuevo caso estremecedor venga a ocupar las horas libres de millones de norteamericanos.
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